Opinión

Por qué aquí no siempre es 19 de julio


Todos sabemos que no. Como todas las pequeñas y grandes luchas de clases, que crecen incesantes --a veces lentas, a veces aceleradas-- dentro de un proceso acumulativo de fuerzas revolucionarias contra el orden social establecido, hasta que hacen crisis y encuentran una salida triunfal, violenta, arrebatándole el poder a las fuerzas de la reacción, las de Nicaragua culminaron el 19 de julio de 1979. Pero 11 años después se perdió la irreversibilidad de la revolución, con la pérdida de las elecciones ante las fuerzas combinadas del imperialismo y de la derecha interna (Iglesia Católica incluida).
Sin embargo, nada impidió que durante el período revolucionario se produjeran cambios indeseados por la reacción, aunque éstos tampoco llegaron a cambiar --ni mucho menos-- el orden estructural de la sociedad tradicional. Con el triunfo de la revolución tampoco se agotaron las contradicciones, sólo cambiaron de condiciones y pasaron a otro estadio, con otras prioridades. Ninguna de las revoluciones ha tenido las características de otra, no ha causado los cambios con igual profundidad, ni su dirigencia ha sido igual de ilustrada teóricamente.
Todos sabemos que no. Pero sabemos que hay cosas comunes en las revoluciones, entre éstas, dos fundamentales: 1) que en todas las revoluciones que han sido verdaderas --desde la francesa de 1789, hasta la nuestra de 1979-- el pueblo “bajo”, que lo forman los campesinos sin tierra, los trabajadores urbanos, las clases pobres en general, del campo y de la ciudad, se constituyó en su fuerza motriz; el que ha aportado los mayores sacrificios para hacerla y para defenderla. 2) Que una minoría de individuos avanzados --los líderes, algunos de excepcionales cualidades-- han percibido primero la naturaleza de las contradicciones sociales, las han estudiado, las han explicado, han comprendido la necesidad de los cambios, han organizado al pueblo para luchar para lograrlos y le han enseñado cómo hacerlo.
En Nicaragua fueron muchas las individualidades de la dirigencia revolucionaria que murieron en las diferentes etapas del proceso de lucha. Los líderes que sobrevivieron al triunfo y después a la derrota son quienes en ambos momentos se han beneficiado materialmente. No es necesario extenderse en las excepciones, porque siempre las hay, y todos sabemos quiénes son. La absoluta mayoría del pueblo puso los muertos, y los beneficios sociales aún no los conoce.
Mañana el triunfo de la revolución cumplirá 27 años, 190 años de historia median entre ella y la revolución francesa, primera y última de las revoluciones, hasta hoy. La actual cúpula del FSLN y el círculo de hierro de su entorno hacen la formalidad de invocar el triunfo del 19 de julio del 79 cada año en un acto público, pero también dan continuidad a la conversión de su herencia en empresa privada.
Después de que la revolución cumplió con el objetivo básico de destruir la dictadura militar, abrir las oportunidades de la democracia (libertades públicas, pluralismo político, periodicidad de las elecciones, libertad de expresión, etcétera), la pérdida del poder sirvió para darle retroceso a sus reformas sociales (de la reforma agraria y urbana se aprovecharon los de la dirigencia y otros cuadros, ahora terratenientes y propietarios).
Todos lo sabemos. A partir de entonces, con el abuso de los bienes públicos, la cúpula del FSLN dio un viraje hacia la práctica de la política tradicional; desde la dirección partidaria administran sus fuerzas políticas con el fin de garantizar el poder económico adquirido. El FSLN combina la gestión política con los fines empresariales en gran escala. Desactivaron o instrumentalizan --según la ocasión-- la actividad de las masas populares, pasaron a sus militantes de sujetos de transformación a objetos de apoyo a sus negociaciones políticas para asegurar cuotas de poder, pactar con el sector político más corrupto de la derecha para distribuirse los cargos públicos y la burocracia en tres de los cuatro poderes del Estado.
Esta conversión del FSLN, de vanguardia revolucionaria en empresa negociadora, significó también su conversión en un pilar más del sistema político tradicional; de partido revolucionario, en partido conservador del status quo. Pero sus líderes fueron aún más allá; de su conversión religiosa personal, pasaron a adornar su discurso con el lenguaje de conversos católicos para enajenar a las masas; convirtieron al Frente en un partido confesional en el peor sentido y tradición que cualquier partido de la derecha.
Hoy en la catedral, y mañana en la plaza, un jerarca o un cura delegado suyo oficiará misa y hará oraciones, como lo han venido haciendo durante toda la historia en que la Iglesia ha sido aliada del poder y lo ha compartido con las clases explotadoras. No pueden decir que es distinta la función enajenante de la jerarquía eclesiástica de cuando el coloniaje español a la de ahora. Tampoco son distintos los dogmas que ocuparon con la misma finalidad en tiempos coloniales.
¿Es que los dogmas de la Iglesia oficial han contribuido a la liberación y la felicidad de los oprimidos de ayer y los de hoy? Si no son los mismos dogmas, con igual finalidad enajenante, ¿por qué los jerarcas de la Iglesia oficial atacaron la teología de la liberación y reprimieron a sus exponentes? Al respecto, el orteguismo pasó del silencio cómplice a la alianza con sus represores, y está divorciado de los católicos progresistas.
Mañana se podría ver otra vez una tribuna cargada de mensajes de paz, amor y reconciliación junto a motivos religiosos católicos, y oír las mismas oraciones con que los jerarcas de la Iglesia oficial de ayer complacieron a los conquistadores españoles, se aliaron con el filibusterismo que trajo la oligarquía libero-conservadora, bendijeron las armas de los invasores gringos cuando iban a matar a los campesinos sandinistas a Las Segovias y convirtieron en “príncipe” de su Iglesia al fundador de la dinastía, Anastasio Somoza García. La Iglesia que presidía quien iba a oficiar la misa de hoy, el cardenal Obando, recibía dinero de la CIA durante la agresión. ¿Qué van a decir mañana en sus invocaciones?, ¿acaso, que Daniel gane las elecciones, o que los asistentes confíen más en la oración que en sus propias fuerzas?
Todos lo sabemos. En este 19 de de julio se repetirá el rito de “celebrar” el triunfo revolucionario haciendo de la tarima un púlpito. Son muchos y muy grandes los intereses creados que está defendiendo la cúpula del FSLN, y habiendo perdido el poder, ha buscado y encontrado en la jerarquía católica a su mejor aliada. Dicen que hay reconciliación cuando se pide perdón y se muestra arrepentimiento. Pero, ¿cuándo pidió perdón y dio muestra de estar arrepentido algún jerarca por su complicidad con la CIA y la derecha local? El perdón y el arrepentimiento han sido de parte del orteguismo.
Todos los sabemos. Tal vez no lo sepan los distinguidos invitados al acto oficial del 19 de julio, quienes harán ejercicios teóricos en un seminario para descubrir el agua tibia de que “los pueblos son insustituibles”… ¿o será para que Daniel les explique cómo ha logrado sustituir al pueblo nicaragüense con los arreglos y los pactos políticos de cúpulas? Tal vez Daniel pueda explicarles también qué ha hecho él y su gente para que aquí no siempre sea 19 de julio.