Opinión

El censo reafirma los imperativos de la educación


Ph.D. / IDEUCA
El país cuenta ya con el censo oficial 2005. Pese a algunas interrogantes planteadas respecto de determinados datos, se trata ya del documento oficial de Nicaragua relativo a la población y sus diversas manifestaciones.
Uno de los aspectos que sobresalen en él es que la tasa de crecimiento de la población ha decrecido, lo cual tiene un impacto directo en la demanda educativa actual y proyectada que se expresará en datos referidos a la cobertura, particularmente de la matrícula escolar.
La cifra de 829,994 niños y jóvenes entre 3–18 años correspondientes a los niveles de preescolar, primaria y secundaria no atendidos por el sistema escolar, en torno a la cual se ha hablado y discutido tanto, en ocasiones como preocupación social importante y en otras como crítica severa al Estado, no tiene la fuerza con la que ha impactado en la opinión pública. Pareciera un respiro, es decir, no son tantos los niños y jóvenes no atendidos en el sistema escolar, porque en realidad es menor el número de ellos que demanda por derecho legítimo educación.
Qué bueno que haya disminuido la relación entre la población que exige educación y la que la recibe. Qué bueno que la tasa neta de escolaridad de la educación primaria se mueva en torno al 87% en vez de hacerlo en torno al 80.3% (2005). Esto introduce determinada cuota de optimismo para aproximarnos el año 2015 a la meta del milenio, o sea la universalización de la educación primaria.
No obstante, no conviene lanzar tan pronto las campanas al vuelo. Alcanzar la universalización de la educación primaria no significa que todos los niños y niñas en edad de educación primaria ingresen a ese nivel del sistema educativo, significa que lo completen y lo hagan logrando aprendizajes relevantes, útiles y aplicables, es decir con calidad.
Ésta es precisamente la aventura extraordinaria que propicia “la educación para todos” consistente en que la equidad (educación para todos) y la calidad (éxito de todos en la educación) formen un fuerte e inseparable abrazo.
Sabemos que esa aventura nacional, convertida en tarea de todos, se topa en su complejo recorrido con múltiples fugas que van disminuyendo el grosor de la cobertura escolar. La repetición y la deserción, debido a una serie de factores asociados, externos unos --cuya raíz principal es la pobreza ampliamente generalizada--, internos otros, debido a la organización y gestión deficientes del proceso educativo con sus múltiples elementos, siguen todavía insertos en el recorrido sistemático que hace el alumno grado por grado.
De hecho, sólo el 50% de quienes inician la educación primaria la completa. Se trata de un alerta seria en la decisión de lograr la universalización de la educación primaria.
En este drenaje se percibe lamentablemente cómo la pobreza o inaccesibilidad económica respecto de la escuela va eliminando sin piedad a muchos que iniciaron el camino y quedan a la vera del mismo sin opciones o alternativas para seguir adelante. Sobreviven generalmente los más fuertes económicamente.
Este hecho se evidencia en datos que arroja la EMNV 2001. Desde la realidad de la pobreza, la población de la educación primaria participa en ella de esta manera: el pobre extremo en un 17%, el pobre no extremo en 36.20% y el no pobre en 46.9%. En secundaria dentro de esas mismas categorías las proporciones son de 3.9%, 22.20%; 73.80.
El nivel terciario está prácticamente reservado para los así catalogados como no pobres, aunque de hecho muchos estén atrapados en limitaciones propias de la pobreza en sus diferentes manifestaciones. La pobreza es el factor determinante para no avanzar en los distintos niveles del sistema educativo.
Los datos arrojados por el censo de población 2005 no presentan variaciones importantes en aspectos inherentes a la situación socioeconómica, que es a la postre la que tiene la mayor incidencia en la accesibilidad sostenible de toda nuestra población en el sistema educativo. Más aún reafirman un dato importantísimo: el 37.3% de nuestra población es menor de 15 años, lo que acentúa el imperativo impostergable de invertir mucho más en la niñez y adolescencia, de hacerlo en capital humano, en salud y educación.
Una vez más será necesario hacer esfuerzos extraordinarios para armonizar la justicia educativa, es decir, igualdad de oportunidades de educación a lo largo de toda la vida para todos, y la justicia económica, es decir, satisfacción de las necesidades básicas de toda la población, entre ellas la propia educación.
El encuentro de estas dos justicias fundadas en el derecho que toda persona tiene a educarse constituye un imperativo permanente a favor de nuestra población, independientemente de que haya disminuido su crecimiento histórico, y, por ende, que la tasa neta de primaria haya mejorado en razón de la población escolar actualmente atendida.
El censo reafirma, pues, los imperativos básicos de nuestra educación.