Opinión

Cuando la dignidad está a 19 días y 500 noches de camino


A un héroe nica adoptado por España, señor de dos mundos. Maestro Vílchez, a usted con mucha admiración. Usted me puede seguir escribiendo, el miedo NO.
Soy persona común y corriente, no creo en falsas filosofías que pretendan definirme como persona de paz y bien. La vida me ha enseñado en el día a día a construir mis propias teorías. He decidido ser buena en la práctica cotidiana, no hacer jamás daño a nadie, ni en palabras, ni en obras, ni en omisiones.
He aprendido cada día de mi vida a aceptar que estoy genéticamente constituida de varias razas diferentes que convergieron en mi piel haciéndome pluriculturalmente desigual, pero buena. Procuro y busco día a día la perfección que me proporciona de manera irreversible la paz de los candiles alumbrando mi horizonte.
Soy orgullosa de tener sangre hispana, india y negra, de ser hija del sol de la luna y las estrellas. Me acuesto cada día extrañando una mañana florida con cantos de cenzontles para mis hijos y los hijos de toda la gente de este país que me aceptó encantado aun siendo diferente, me arrulló, y me dio un nombre y apellido, y de plano sin dudarlo me prometió un sitio seguro en algún lugar del monte para regar mis cenizas cuando decida dejar este mundo que es mi casa.
Provengo de las montañas, de un lugar en tierra fértil donde no entraron los censos. Como tortuguita en la playa compitiendo por la vida, logré llegar a mar profunda y una vez dentro me impuse a mí misma llegar tan alto como mi capacidad lo permitiera hasta lograr graduarme de humana.
Nadie sabe ni imagina siquiera lo que esta mujer humilde ha luchado en la vida por ganarme este sagrado derecho de expresarme libremente con la mayor claridad posible para que me entienda la gente humilde y sencilla. Nunca me he propuesto ofender ni dañar a nadie en mis historias, o más bien en la expresión masiva de mis pensamientos fugitivos.
Cuando escribo no lo hago para hablar de mis vecinos o de mis compañeros de trabajo. Escribo para decir mis verdades, no las que algunos quisieran que escribiera. Respeto el derecho de la gente de salir en defensa de sus líderes, pero, por favor, respeten mi sagrado derecho, consignado también en las leyes nacionales y universales a expresarme libremente de alguien a quien en determinado momento o desde siempre ha sido persona y funcionario público.
Reconozcan, por Dios mismo, el verdadero valor de las palabras, de falsas hipocresías de alguien que simplemente aprovechó un momento, como hacen todos, para expresar lo que por mucho tiempo le fue censurado.
La más cobarde de las expresiones del poder es la censura y la imposición del miedo como arma de terror y sometimiento a la gente.
Llevo guardado en mi esencia y en mi sangre el más hermoso legado de amor y dignidad de madre de dos hijos maravillosos. Vivo por ellos, lucho por ellos y seguramente mataría por ellos, pero hoy no es el momento. He pasado mi vida entera procurando el bien común. Me he entregado desde siempre a las causas de los oprimidos, y desde hace mucho tiempo mi árbol ha dado sus frutos.
Por favor, no me quieran meter miedo, hace ya tiempo olvidé esa palabra. No soy nadie. Soy una mujer cualquiera que le ha costado la vida llegar donde está, que es un lugar cualquiera, y que no está dispuesta a ensombrecer su camino por la vil cobardía del poder, que desde siempre ha querido acallar el calor encendido de las balas en las palabras.
Hace tiempo perdí el miedo. Hoy sólo temo a la pobreza, a la miseria en que veo sumido día a día a este hermoso país que me dio asilo desde siempre hasta el fin del mundo. Sólo temo a la mentira. Temo a la cobardía de los que callan. Temo al hambre porque yo misma la viví. ¡Ya paso de ustedes chantajistas!
Mi dignidad vale mucho. Me costó mucho encontrarla después de buscar sin parar 19 días y 500 noches.

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