Opinión

Las trompetas de la Sonora Matancera


La trompeta es el instrumento musical metálico y de viento más longevo que existe. Es originaria del antiguo Egipto. Está reseñada en la bíblica batalla de Jericó. También griegos y romanos disfrutaron sus sonares. Con el paso de los siglos experimentó fuertes transformaciones hasta las presentes, dejando poco a la imaginería constructiva actual. En su forma primaria, empujar aire por una boquilla a través de un embudo alargado de cobre amarillento aleado y rematado en una bocina, requiere de alta pericia labial más gran capacidad pulmonar y del diafragma. Es también el aparato musical de mayor registro.
Alcanzó su mayor desarrollo en los siglos XVII y XVIII, al aparecer la doble vuelta que las caracteriza. Completó su madurez hacia 1830 con la suma de los pistones, necesarios para la correcta lectura de partituras. Asimismo adopta otros nombres, según el estilo: corneta, cornetín, piccolo, china, clarín, etc. Recuerdo que de niño pertenecí a la banda del Pedagógico de Diriamba soplando un infame clarín que de inmediato terminó mis aspiraciones de trompetista. No puedo tampoco olvidar al teniente Ruiz de la GN en Masaya tocando con maestría única el Himno Nacional al izar o bajar el pendón bicolor, el bendito clarín sin válvulas… Y yo embelesado… Qué vaina, ¡nunca pude!
Musicalmente existe un variado rango, según el “pitch” o paso del aire en su diseño anatómico, que conlleva a una nota musical calificativa. Entre las más conocidas están: en do, fa, re y si bemol. Otras con cuatro válvulas, en vez de tres, se emplean para alcanzar registros altísimos como aquellas de Dizzy Gillespie, Maynard Ferguson o Arturo Sandoval. Debo asentar que el diseño de la boquilla es básico en el timbre o calidad del sonido, así como la variante apertura y vibración de los labios aplicados a la misma.
El empuje de aire por el binomio diafragma lengua y obtención de una tonalidad pareja, constante, afinada, es determinante para el intérprete que inclusive lo distingue e identifica. En ello fueron maestros nuestros Gastón “Oreja de burro” Pérez; Charlie Robb, trompetista fundador de los Satélites del Ritmo, e Isaac Calderón, que se dio el lujo de tocar para Dámaso Pérez Prado “El Rey del Mambo” y la orquesta del mexicano Juan García Esquivel. Famosos e históricos son: Louis Armstrong, Harry James, Miles Davis, el mexicano Chilo Morán, Oliver King y Wynton Marsalis, que anda por allí.
Analizando las viejas películas de La Sonora Matancera, oyendo con atención sus sonares y comparando formas físicas, puedo asentar que el par de trompetas matanceras ofrecidas en sus presentaciones y discos están afinadas en si bemol, conformando aquello que podemos definir como primera y segunda trompeta, no por los instrumentos mismos pero sí por los sellos o habilidades propias de sus ejecutores, los virtuosos Calixto Leicea y Pedro Knight. Creo que las trompetas son, si existen, o eran de la marca Con Constelletion, las mejores en calidad de entonces.
Ojalá este tributo llegue a manos del señor Knight o alguno de sus sucesores trompetistas como Alfredo “Chocolate” Armentero y tengamos la bendición de conocer sus doctrinas. Pero sepa usted, amigo lector, que el sonido distintivo y acople perfecto del dúo son únicos del gran grupo cubano.
Existen muchos trompetistas, pero pocos buenos. Esto afirma mi musa Lupita, y ella no falla.

Autor de “Ven a mi vida con amor”