Opinión

Comentario a la relación dinero-política


Expone Daniel Zovatto, doctor en Derecho Internacional, Director Regional para América Latina del Instituto Internacional para la democracia y la Asistencia Social, que “la democracia no tiene precio, pero sí un costo de funcionamiento que hay que solventar…”, al referirse al funcionamiento de la democracia y de los partidos políticos.
La historia y la experiencia han demostrado que el dinero y la política van de la mano, “más que ningún otro factor, la competencia entre partidos con recursos equilibrados (políticos, humanos, económicos) es precisamente lo que genera democracia…” Por tanto, para lograr un buen funcionamiento se necesita que haya movimiento de plata entre los partidos políticos.
Con esto también debemos aprender sobre la importancia que debe tener el sistema democrático al controlar el dinero y no éste al sistema. Por supuesto que no estoy descubriendo nada nuevo al respecto. Pero aunque date desde finales del siglo XIX en Inglaterra el asunto de los gastos en las campañas y las respectivas rendiciones de cuenta, como todos los problemas que a la fecha generan las relaciones complejas y problemáticas entre el dinero, la política, las elecciones y la democracia; esto es lo que tiene a Nicaragua actualmente viviendo una crisis política.
Este tema nos lleva a lo que ha sido el estribillo del gobierno de “la nueva era”; durante todo su periodo: la corrupción política. Y no es el asunto de que vamos a interpretar esto como apología o defensa para alguien: ¡No! Pero es ridículo, contradictorio y sin sentido (falacia al decir de los filósofos) atacar un mal (la corrupción) que fue exactamente el que llevó a la Presidencia al actual gobernante, sin hacer algo permanente para evitar repetirlo.
Analizando los mecanismos que permiten a los partidos políticos hacer tanto derroche en las campañas el señalar a un partido, cuando hace tanta gala el otro, de sus gastos en campaña; no parece equitativo. Realmente todo el sistema está viciado desde sus cimientos y hay que corregir esto.
El financiamiento de partidos y campañas ha adquirido una importancia enorme y está asociado lamentablemente con la corrupción política y el tráfico de influencias (al que poco nos referimos). ¿De dónde creen, amables lectores, que viene todo el relajo de las huacas, FDN y otros rubros aún no explorados con el Dr. Arnoldo Alemán?
Y no es un problema latino solamente, sino que forma un “pernicioso fenómeno de carácter global que ha llegado incluso a afectar a democracias (dirigentes) consolidadas como Estados Unidos, algunos países de Europa Occidental y otros asiáticos”, tal como señala K. D. Ewing.
Hay una estrecha, compleja y problemática relación entre dinero, política, elecciones y democracia.
De todas formas que lo analicemos es malo. Por tanto, no podemos condenar a unos y exonerar a otros en cuanto a la forma de financiarse o mantener los partidos políticos, sus campañas electorales y funcionamiento racional. Hay que llegar hasta las causas, para poder corregir los efectos que ellas producen. Tanto el partido FSLN, el PLC y los otros deben de justificar de dónde procede el financiamiento a sus campañas electorales.
Identificado nuestro problema, estamos obligados a participar todos en la democratización de los partidos, para evitar --como diría un autor nicaragüense de un pequeño pero interesante libro-- caer en la tentación de los líderes carismáticos que nos llevan irremediablemente a una relación de caudillos y acaudillados.
Debemos reformar la Ley Electoral y propugnar por la creación de un Instituto Nacional Electoral.
De acuerdo con Transparencia Internacional, existen recomendaciones que podemos resumir así:
Los gobiernos deben mejorar la legislación sobre el financiamiento político y su divulgación.
Implementar una adecuada legislación sobre conflicto de intereses (como el reciente caso de los Cenis).
Los candidatos y partidos deben de tener acceso equitativo a los medios.
Los partidos, los candidatos y los políticos deben divulgar los fondos, ingresos y gastos a un organismo independiente.
Las instituciones internacionales de financiamiento y donantes deben tener en cuenta la corrupción cuando decidan entregar o prestar dinero a los gobiernos.
Ratificar e impulsar la convención de la ONU contra la corrupción.
Fomentar que los empresarios conozcan la ley y las penas por quebrantarlas.

Condensado de la revista Foreign Affairs, Vol.5 (2005).
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