Opinión

Ese acordeón es más peligroso que un Sam 7


Después que la artillería de tanques y aviones destruyera gran parte del Palacio de La Moneda, inmensas llamas recorrieron sus amplios salones devorando muebles, pinturas y gente, mientras por Radio Magallanes el presidente Salvador Allende pronunciaba su última alocución a la nación, la que comenzó diciendo: “Pagaré con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria”. Luego cayó combatiendo el golpe de la feroz jauría encabezada por un oscuro sargento llamado Augusto Pinochet. Ese 11 de septiembre de 1973 la guillotina de los milicos decapitó los sueños de millones de latinoamericanos.
Los días que siguieron al golpe y durante muchos años el heroico pueblo chileno padeció las más atroces persecuciones y crímenes que conmovieron a la humanidad del siglo XX. Las cárceles se llenaron más allá de su capacidad, por lo que debieron buscarse espacios más grandes y miles de prisioneros comenzaron a atiborrarse en los estadios de fútbol, mientras los esbirros hacían crudos procesos de selección de personas que nunca más volverían a sus hogares, que nunca más verían a sus mujeres, hijos, madres, amigos o familiares. El mundo entero los conocería con el sombrío nombre de los desaparecidos.
Esa trágica mañana Víctor Jara, el cantautor de “Te recuerdo Amanda”, “A desalambrar”, “Plegaria de un labrador”, “La zamba del Che” y mil canciones más, se dirigió a su lugar de trabajo, la Universidad Técnica del Estado, a cantar en la inauguración de una exposición desde donde Allende se dirigiría al país. Centenares de militares armados para la guerra contra gente desarmada rodearon el recinto universitario, asaltándolo al amanecer del día siguiente. Apresaron a todos los profesores y alumnos que estaban en su interior, incluido Víctor Jara, quien fue llevado al Estadio Chile, donde fue torturado con tanta saña que le amputaron las manos, las mismas que le sacaron tanta música combativa a la guitarra con la que acompañó al pueblo en la gesta hacia su emancipación. El cantor fue acribillado a balazos el 16 de septiembre, días antes de cumplir 41 años de intensa vida.
Paradójicamente recordé estas páginas, tan tristes y desalmadas de nuestra América, al oír a alguien decir que con Carlos Mejía Godoy la Alianza MRS sólo ganaba un acordeón. Y me quedé pensativo para después concluir que quien afirmó semejante idiotez no sabe --o ya olvidó-- que un acordeón es mucho más peligroso que un Sam 7, sobre todo si quien le saca la melodía es precisamente Carlos Mejía Godoy. ¿Será que ese señor olvidó los estragos provocados por la onda expansiva de “La tumba del guerrillero”, del “Cristo de Palacagüina”, de “No se me raje mi compa” o de “Las mujeres del Cua”? ¿Será que ese señor padece de Alzheimer; o que se puso chusmón; o que el temor le enfría los huesos?
Y como las idioteces no llegan solas, después otro dijo que Herty era gracioso, que hacía reír al pueblo; que Carlos también era gracioso; que era bueno que el pueblo riera. A ése parece que también se le olvidaron las ricas carcajadas del pueblo cuando al fin derrota a sus opresores, a los que se creen invencibles, a los que piensan que serán para siempre, a los que desde sus oficinas acondicionadas se acuerdan de los pobres sólo en tiempos de elecciones para luego burlarse de sus miserias. Da tristeza tanto pensamiento torpe, tanta saña, tanto irrespeto a los muertos --de ayer y hoy--, sin embargo, es más triste ver tanto zombie, tantos muertos en vida. No se debe olvidar que en este país --como dijo Allende-- hay miles dispuestos a pagar con su vida la defensa de principios que son caros a esta patria. Herty es uno de ellos. ¡Adelante pues… y que la caravana pase!