Opinión

Confiesan partidarización de instituciones en gobierno de doña Violeta


He leído detenidamente el libro de Antonio Lacayo titulado La Difícil Transición Nicaragüense, escrito por una de las personas más autorizadas para informarnos fielmente sobre las interioridades del gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.
En uno de los capítulos llamado Presidentes de Partidos de la UNO al Gabinete se encuentra una de las confesiones más honradas del libro, como es el nombramiento en los cargos públicos a los presidentes de los partidos que participaron y ganaron las elecciones en 1990, lo que hoy algunos llaman la partidarización de las instituciones.
El episodio no tendría mayor importancia, si no fuera porque últimamente los mismos funcionarios que fueron nombrados por la presidenta nos dicen que hoy en día ni el PLC ni el FSLN, que obtuvieron la mayoría abrumadora de los votos de los electores, tienen el derecho, o mejor dicho la legitimidad, para nombrar funcionarios que pertenezcan a dichos partidos.
La acusación misma del pacto tiene su principal asidero en que los partidos ganadores se reparten los cargos. Cosa común en todas las democracias burguesas en el mundo entero. La diferencia en Nicaragua es que para la oligarquía conservadora, representada por el diario La Prensa, “quien no tiene apellido, no tiene legitimidad”. Prueba de ello es que a nadie causó ni causa escándalo que doña Violeta haya repartido el pastel, como suele decirse, estrictamente entre funcionarios de los partidos políticos ganadores.
A continuación transcribo las bien escritas páginas de Antonio Lacayo, a quien de antemano felicito por decir la verdad sobre el partidismo de doña Violeta.
“El 28 tuvimos una reunión en la Guadalupana con el afán de lograr que la Junta Directiva de la Asamblea Nacional quedara integrada por diputados afines al proyecto de doña Violeta. Había gente muy sensata entre los diputados de la Uno, pero también había algunos sumamente radicales. En el Frente, según Humberto Ortega y Sergio Ramírez, también pasaba lo mismo. Nos reunimos ellos dos, por una parte; Alfredo César, Carlos Hurtado, Cristiana y yo, por la otra. Mostraron interés en comportarse como oposición constructiva.
“La tensión que había existido a lo largo de los casi seis meses de campaña con el Consejo Político, agravada por la idea de doña Violeta de incorporar gente de su confianza en el gabinete, y no necesariamente a los diputados electos de la UNO, presagiaba la posibilidad de que el nuevo gobierno se encontrara sin respaldo en la nueva Asamblea Nacional. Ya Elí Altamirano del Partido Comunista, de la UNO, le había dicho en la reunión del día 7 en su casa que “si continuamos así, su gobierno sube con oposición en la Asamblea”. Era una guerra anunciada.
“Doña Violeta me pidió la lista de los presidentes de partidos de la UNO que no habían salido electos diputados. Su posición era que los electos debían ir a la Asamblea a cumplirle al pueblo lo que le habían ofrecido en la campaña, pero quería integrar en el gabinete a todos los demás. Estaba consciente de la importancia de incorporar la mayor cantidad de gente de la UNO al gobierno.
“La lista incluyó al doctor Silviano Matamoros, del PNC, quien pasó a ser presidente del Seguro Social (INSS); el doctor Ernesto Somarriba, del PLC, nombrado representante de Nicaragua ante el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE); el doctor Eduardo Rivas Gasteazoro, del PAN, quien prefirió delegar en el doctor Duilio Baltodano Mayorga, de su mismo partido, para Procurador General de Justicia; el licenciado Guillermo Potoy, del PSD, designado como Contralor General, cargo que asumió tan pronto se pudo; Mauricio Díaz, del PPSC, nombrado embajador en Perú, y Virgilio Godoy, del PLI, vicepresidente electo. Posteriormente, Agustín Jarquín, del PDCN, quien estaba designado a ser el alcalde de Managua, al no serlo fue nombrado director ejecutivo de Inifom. De los 14 presidentes de partido, sólo quedó fuera Andrés Zúñiga, del PALI, quien no quiso ningún cargo. Todos los demás habían salido electos diputados. (…) El Ministerio de Agricultura y Ganadería se le asignó a don Jaime Cuadra, líder liberal y jefe de organización de la campaña en Matagalpa que, aunque había sido electo diputado, no tenía interés de ocupar el cargo y lo había depositado en su suplente. Los únicos otros diputados que ocuparon cargos inicialmente en el Gabinete de Gobierno fueron el doctor Duilio Baltodano Mayorga, por pedido del presidente de su partido, PAN, y el doctor Gustavo Tablada, del PSN, que pidió la dirección del INRA y se le concedió, reconocimiento que hizo doña Violeta por el apoyo consistente de su partido”. (págs. 134-137).
Lo más paradójico del caso es que muchos de estos funcionarios siguen actualmente en el gobierno, nombrados por don Enrique Bolaños como representantes de otro partido de la oligarquía conservadora, como es el APRE.
Dicho esto, sólo me queda agregar: o bien es lícito y legítimo que quien tiene mayoría política pueda nombrar a los funcionarios (lo que tendría que aceptarse independientemente de nuestra simpatía particular por dichos partidos o por tales funcionarios), o bien, seguimos como antes, y el criterio de legitimidad sólo puede provenir del apellido o beneplácito, sea de la oligarquía conservadora o sea de las viejas familias que hasta hace poco administraban la legitimidad de acuerdo con sus propios intereses tradicionales.
Ahora bien, alguien podría agregar: lo que pasa es que el criterio debe aplicarse solamente a los partidos democráticos, pero no a los partidos que no son democráticos. Si así fuera, sólo nos quedaría decretar: “Aquellos partidos políticos que aunque se sometan a las reglas del juego de la democracia burguesa y participen en las elecciones, si no gozan de la simpatía de la élite que lleva gobernando Nicaragua por más de 100 años o de la simpatía de la embajada americana, no serán considerados democráticos, salvo cuando pierdan las elecciones”.
Yo, por mi parte, prefiero inclinarme por programas políticos, más que por partidos o por candidatos, o por partidos políticos y candidatos que encarnen un programa económico, independientemente del apellido, estatus social, pasado, incluso simpatías personales. Pero bueno, estamos construyendo una democracia y en ella cabemos todos y todas, cada uno con su forma de pensar y de sentir.
Les recomiendo que lean el libro de Antonio Lacayo, es parte de una historia reciente, pero que puede ayudarnos mucho para tomar distancia en nuestros precipitados juicios políticos.