Opinión

Los muertos que vos matáis gozan de buena salud


Caresol estaba que echaba sapos y culebras: “Hace ya como tres meses, que en una de las curvas que se tiene que tomar viajando de Managua a La Concha, se está partiendo la carretera, y lo que es el Ministerio de Transporte e Infraestructura, sigue como si lo continuara dirigiendo Pedro Solórzano, y ni siquiera se digna poner una advertencia a los conductores. Una de las laderas se está derrumbando y se está carcomiendo la carretera, en lo que ya es un enorme hueco en el que se puede ir cualquier vehículo. Oigan lo que les estoy diciendo; hasta que se produzca la tragedia se van a dar por enterados. Desgraciadamente en este país hasta que corre la sangre se trata de dar solución a los problemas. El domingo pasado, algún conductor preocupado, se tomó la molestia de colocar una rama sobre el hueco, a manera de aviso del peligro. ¿Pero se imaginan ustedes lo que puede ocurrir viajando de noche, quizás con lluvia y siendo un conductor que desconoce la existencia de esa trampa mortal?”
Todos estuvieron de acuerdo con la indignación de Caresol, quien para asombro sobre todo de Sherlock y Watson, pues lo tenían como hombre muy sobrio en el hablar, continuó despotricando: “Somos un país sumido en la oscuridad, no únicamente gracias a UNIÓN FENOSA, sino de nuestra desidia ante la arbitra­riedad e insana tolerancia de tanta infamia. Claro que UNIÓN FENOSA es la culpable más visible, y creo que la poca energía que le dan al pueblo debiera de ocuparse para colocarla con directores y funcionarios en una silla eléctrica, hasta achicharrarlos, pero nosotros también somos culpables por no hacer eso y sólo pensarlo. Como diría Sergio Ramírez, tropeles y tropelías son las que comete UNIÓN FENOSA una tras otra. ¿No vemos cómo metódicamente van destrozando la naturaleza con el pretexto de desramar? Cortan ramas de árboles centenarios, cuyas alturas ni por casualidad alcanzan los cables conductores de energía. Y talan árboles enteros, con total impunidad. Cobran servicio de alumbrado público donde no lo hay. Son ineficaces, cínicos y arboricidas, por no decirles otra cosa”.
Sherlock, Watson, el de Managua, el de Masatepe y Sanjinés, tuvieron que contenerse las ganas de aplaudirlo, y éste último intervino: “Si hasta parecen analistas políticos, de ésos que surgen en algunos medios, obedeciendo orientaciones, y aspirando a ganarse en el futuro alguna embajadita o cosa así. Se disfrazan de cirujanos y cuando uno termina de leerlos dejan evidente su condición de carniceros o matarifes. Y por la misma razón el quirófano donde operan lo dejan convertido en un matadero. A propósito -plumíferos de la superchería como son- se creen los James Bond de las páginas de opinión, con licencia para matar. Provienen de uno de los peores círculos del infierno: el de la egolatría, y no ven que si su caudillo faltara, se hundirían como partido, pues su eje es la corrupción y no la esperanza. En sus escritos tienen que cumplir el asesinato por encargo y deducir forzosamente que el adversario ha muerto. A ésos hay que decirles: Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”.
El de Managua tomó la palabra: “Es como la buena salud de que goza Herty en quienes continúan su lucha, y esto me recuerda que me llamó el Profesor Guillermo Rothschuh Tablada, para a este respecto decirme una frase que él atribuye a Gerónimo Rodríguez Brown: Le faltó el corazón a quien tanto corazón tenía. Sinceramente me parece cabal para Herty”.
Los demás asintieron, y el de Masatepe comentó: “Deplorable, verdaderamente deplorable la intervención en un canal local, de Tomás Borge el mismo día del entierro de Herty y de haberse dado a conocer la candidatura de Carlos Mejía Godoy para vicepresidente. Había un rencor solapado en sus palabras para descalificar a Carlos, que hubiera estado justificado si lo hubiera tenido para protestar cuando, siendo Vicesecretario General de su entorno político, fue descalificado en una carta pública por la vocera de ese entorno. Entonces no hubo indignación, vehemencia ni orgullo herido. Tan solo sumisión vestida de silencio. Amaneceres suyos que quedaron en tan solo tentaciones”.
“Lástima –decía reflexivo Sherlock-, pues intervenciones así lo hacen lucir senil y deshumanizado, pues en el fondo de sus aprecios prohibidos, él sabe que es inútil descalificar a quien en gran medida perdiera su voz por enardecer incansablemente al pueblo de Nicaragua en todo acto político-cultural al que lo llamaban antes, en y después de la revolución. Ese era y es el mismo hombre con tan solo un acordeón. El mismo que colmaba y colma plazas y levantaba y levanta en vilo multitudes: Otro de los muertos que gozan de buena salud”.