Opinión

La cúpula de cúpulas, los dueños del dinero


Aunque, ciertamente, Enrique Bolaños nunca describió el modelo de país que pensaba aplicar, sí mencionó, al inicio de su periodo presidencial, que su gobierno sería de los empresarios, y lo cumplió como ninguna otra de sus promesas. Su gobierno es realmente un gobierno de empresarios, tanto así que algunos miembros de su gabinete, además de su actividad como funcionarios, continúan manejando sus empresas o trabajando para otras.
En los últimos meses, sectores de la “cúpula de cúpulas”, los dueños del dinero, se preocupan por el desarrollo de la campaña electoral y dicen que no dan ni un paso atrás, porque es necesario mantener las políticas que se han ejercido en los últimos 16 años; apostarle a algo distinto implicaría retroceso. Ortega volcaría la preocupación gubernamental hacia los pobres y no profundizaría la política neoconservadora y privatizante en favor de las grandes corporaciones transnacionales levantada por Bolaños.
Se declaran contrarios al cambio, a los “experimentos económicos”; proponen que las cosas sigan igual, que el gobierno no meta la mano en prácticamente nada y que los inversionistas privados hagan todo; que la brecha de desigualdad social sólo se reducirá si se apoya incondicionalmente a las empresas en manos privadas; que éstas reciban todo tipo de apoyo para afrontar “los cambios mundiales”; que se abra todo a la inversión privada y que continúe la apertura comercial.
La cabeza visible del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) asegura que sus declaraciones sólo expresan las tesis del sector privado y buscan incentivar el voto, aunque éste sea claramente en favor de un candidato neoliberal. Pero el país necesita un gobierno austero, del que estén desterrados la corrupción, el nepotismo, el tráfico de influencias y el amiguismo.
Suponer que el capital no tiene la intención de inducir o coaccionar el voto a favor de sus candidatos y que promueve la participación ciudadana en las urnas electorales “sólo por conciencia cívica”, es asumir que ese grupo de presión lo único que desinteresadamente busca es el bienestar nacional. Lo que buscan es no perder el poder, no toleran el cambio, no quieren perder sus privilegios, quieren seguir enriqueciéndose.
Acomodaticios (pragmáticos, dicen los empresarios), todas las organizaciones empresariales estuvieron más que unidas al PLC y al presidente Alemán hasta que los norteamericanos lo descarcharon, años después. Por arte de magia, misteriosamente, en enero de 2002 amanecieron democráticas, antiautoritarias, a favor de la lucha anticorrupción, defensoras del Estado de Derecho y favorables al encarcelamiento de Alemán.
Los principales voceros del Cosep expresan que lo que se busca es que el próximo presidente promueva un proyecto de “nación viable y con visión de futuro”. Por “nación viable y con visión de futuro” entiéndase en la que explotan y obtienen prebendas; es decir, nada distinto al que se aferran los “grandes hombres de negocios”, quienes indistintamente han gozado, gozan, de los favores de los gobiernos Chamorro, Alemán y Bolaños.
En las condiciones actuales de estancamiento económico que enfrenta el país resulta francamente increíble que empresarios y/o funcionarios estatales puedan triplicar o quintuplicar su patrimonio en un año. Esto no sería posible sin una red de relaciones de poder absoluto, inaccesibles a otros empresarios: pequeños y medianos. El mundo de los negocios vinculados al ejercicio del poder explica por qué funcionarios públicos y/o empresarios ven un país próspero y floreciente, lleno de oportunidades. Desafortunadamente, para la mayoría de los nicaragüenses la realidad es distinta, llena de carencias, de pobreza, de caminos cerrados, de angustia, de frustración.
Muchos de los actuales empresarios exitosos se deben a una amistad o un hecho fortuito que los colocó en puestos de ingresos muy altos, al mismo tiempo que podían ejercer su capacidad de acumulación originaria de capital al amparo de algún reglamento o de cierto mecanismo discrecional. En ésa la “nación viable y con visión de futuro” que los traficantes de influencias no quieren perder sus beneficios, los contratos desde todas las dependencias públicas.
Tener un puesto gubernamental incluye derechos para acumular dinero o vender servicios que formalmente son gratuitos, pero que tienen un valor agregado cuando se otorgan en un tiempo menor. La venta de permisos para realizar actividades no permitidas, o inclusive ilícitas, es otra variante de estos componentes que dañan al país. Y no se requiere ningún conocimiento extraordinario para entender que su efecto en el desarrollo general del país es tan nocivo y perverso como el tráfico de influencias.
En resumidas cuentas, ellos (altos funcionarios de los gobiernos neoliberales y sectores empresariales) quieren la misma “nación viable y con visión de futuro” que socialmente mantiene a Nicaragua en la lona, pero que ellos han usufructuado a lo largo de los pasados 16 años y que les ha mantenido intocados sus privilegios e impunidad.
Ejemplos de proyecto de “nación viable y con visión de futuro”: el caso de los Cenis, que enriquecieron a los banqueros señalados por medios de comunicación, y que en la agenda del presidente Bolaños no es un problema que se tiene que investigar; el sobreprecio de la carretera Chinandega – El Guasaule, y que los “barones del dinero” no dicen nada al respecto; las grandes empresas que no pagan los impuestos correspondientes y tantos otros.
Durante el gobierno de la “nueva era” los banqueros reportaron utilidades netas del 23 por ciento más que un año antes, sus ganancias acumuladas superaron, en porcentaje en la tasa de beneficio, a sus pares centroamericanos. ¡Cómo cambiar esa “nación viable y con visión de futuro”!
La existencia perversa pero real de este modelo de enriquecimiento inexplicable debiera ser abolida y sustituida por otra en la que los intereses de las comunidades predominen sobre los individuales; en el que los hombres y las mujeres puedan integrarse a las actividades productivas con base a sus capacidades y no en sus relaciones personales. En suma, que nadie resulte electo en un puesto en el gobierno para obtener prerrogativas, para realizar negocios con ventajas ilícitas, como ha sucedido en el pasado reciente.
Suele afirmarse que debemos votar en favor de las mejores propuestas. Es una verdad a medias, porque muchas de ellas se elaboran con el único fin de atraer el voto, pero más tarde se olvidan. Convendría voltear hacia atrás y revisar quién ha cumplido sus promesas. Preguntémonos quiénes han defendido los intereses de campesinos, obreros, clase media, emigrantes, pequeños y medianos productores.
Buena parte de la inequidad social actual deviene de redes de influencia y corrupción que operan en la estructura de los poderes político, financiero y comercial. La acumulación excesiva de riqueza y la desigualdad impiden el crecimiento económico sostenido y afectan nuestro papel competitivo en el mundo. Estas reglas pueden modificarse votando en favor de un cambio verdadero que implique el rechazo al modelo neoliberal vigente.

El último libro publicado por Oscar-René Vargas se titula “Elecciones 2006: La Otra Nicaragua Posible” (mayo de 2006).