Opinión

Herty Lewites


“La muerte de cualquier hombre me disminuye,
porque soy parte de la humanidad, por lo tanto,
no preguntes por quién doblan las campanas;
las campanas doblan por ti”

Esta cita del poeta inglés John Donne generaliza esa sensación de disminuidos cuando alguien muere. Sin embargo, en el caso de Herty Lewites, para mucha gente la sorpresiva noticia del domingo 2 de julio fue percibida como una amputación, no una disminución menor. Personalmente, poco lo conocí, por eso esta breve semblanza tiene la cualidad o el defecto de lo que se percibe desde largo. Pero me llamaban la atención ciertas actitudes, cierto comportamiento en privado y en público. Tenía, me parece, un estilo o trato personal cálido y afectuoso. Evitaba el conflicto y buscaba tratar de quedar bien con todos. Esto último podría parecer arte de maromero o de equilibrista de circo, sin embargo, hay otros hechos que, como veremos, desmienten esa banal apreciación.
¿Cuándo comenzaron los problemas de Herty con el partido que promovió su candidatura? No sabemos de ese interior de conjuras o conjuros que apenas se percibe por las “indirectas” o mensajes cifrados de un artículo o de una carta abierta. Sí sabemos que aquel slogan “El Alcalde de todos” lastimó a mucha gente de su partido. Era una insolencia decir, ahora cuando ya era alcalde, que era el alcalde de todos. Se lo reclamaron muchas veces y muchas veces le recordaron que debía su Alcaldía al partido. Porque aquí las deudas se pagan con la implacable mentalidad del carnicero. Los electos no son del pueblo, son del partido. Y lo que es bueno para el partido es bueno para el país. Ya un magistrado del más alto Tribunal de Justicia lo dijo cuando fue electo: vengo a defender a mi partido. La lección más severa de este dogma es que: cuando tú votas no votas por Nicaragua, sino por el partido. Puedes traicionar a la patria, pero, ¡ay de aquel que traiciona al partido!
De lo que poco se habla y que se le debe reconocer a Herty es que intentó ese paso, de la corta y miope mentalidad de parroquia partidaria a la ancha visión de la patria y del nicaragüense total. Esto es todo un concepto de filosofía política. Es la mentalidad del conjunto nacional frente al anacronismo obstinado del grupo reducido. Son dos conceptos de la vida y de la polis. Ése es el punto donde se dividen los caminos; el del pretérito perfecto que no quiere terminar y un futuro inevitable que hay que comenzar a andar.
Tal vez el ejemplo de Herty nos recuerde que hay que ponernos al día, antes de que tengamos que rendir cuentas en el tribunal de la historia.