Opinión

Bitácora


¿Quién quiere acabar con los partidos políticos? ¿Y por qué?

¿Quién inventa la calumnia contra los políticos? ¿De dónde viene la contra propaganda a los políticos de vocación y bien intencionados? ¿De dónde salen los señalamientos a los políticos desastrosos, a los no calificados, a los improvisados, a los oportunistas? No surgen del viento, nacen en el sector social, del seno de los gobernados; y también de los adversarios organizados o no.
El tema que quiero abordar no es el tópico referido, sino otro parecido que conspira o que ha estado conspirando contra las masas empobrecidas en los países latinoamericanos. Desde hace años comenzó en el mundo una campaña indiscriminada contra los políticos, principalmente los del tercer mundo. En Latinoamérica la difunden, unas veces envuelta en lenguaje sibilino, y en otras los cañonazos van directos, sin eufemismos contra los políticos en general.
La campaña contra los políticos se enmascara aparentando defender a los ciudadanos de los partidos políticos. Es cierto que es necesaria la limpieza de partidos de falsos profetas, de falsos políticos, de incapaces, porque la misión del político es tratar de dominar la psicología humana, el arte y la ciencia social para organizar mejor la sociedad en beneficio de la misma, pero tratar de desquebrajar a los partidos es temerario. Los partidos políticos son instituciones, pilares de una auténtica democracia. Si la familia es la célula primaria de la sociedad, los partidos políticos son parte laborante del tejido social.
¿Quiénes son los que no quieren que existan los partidos políticos? ¿Los que quieren reponerlos con grupos aparentemente sociales, aparentemente neutros? En la sociedad no existe neutralidad. ¿Qué hay detrás de todo esto?
Desde mucho antes de la era cristiana se discutía de política, y en el año 343 a.C, salió a luz en Atenas el Tratado de la Política, escrito por el filósofo Aristóteles. Es la primera obra científica sobre este asunto, donde el filósofo aborda con profundidad las tres principales clases de gobierno que existían: el despótico, el aristocrático y el democrático.
La política es el arte de gobernar un Estado, se ha dicho desde los tiempos de los sabios. Es conocer los asuntos que le interesan al Estado, y cómo dirigir los mismos. Hay que agregar que el don de ser político es estar al tanto de la dinamia de los tiempos. Es trabajar a tiempo completo, es conocer los hechos y asuntos que afectan a los pueblos, saber cómo negociar con los grandes centros de poder económico de mundo, es tener sensibilidad para desarrollar con mayor trascendencia la conciencia social.
Un político sin el don y sin los conocimientos para mejorar el nivel de vida del pueblo está demás en la dirigencia, en los cuadros principales de un partido. Lógico, todos los sectores de la sociedad tienen derecho a tener su partido.
El partido es el canal por donde un sector puede expresar sus inquietudes y la defensa de sus intereses. ¿Y el pueblo empobrecido, qué futuro tiene sin partido? Ninguno. Esas fuerzas oscuras que desde hace años vienen bombardeando contra los partidos han logrado algo. Pues hay pobres que dicen: “Yo no me meto en política porque todos son ladrones”. También miramos a gente pobre militando en los partidos de los patrones.
Con el desarrollo de la globalización económica se ha podido ver en forma más clara que el ataque a los partidos políticos no viene del centro de la tierra, sino del mundo económico financiero, para quienes el concepto MERCADO está por encima de todo: de la política-política, de los estados y hasta de Dios mismo, a tal punto que llevó al Papa Juan Pablo II a llamarle “el capitalismo salvaje”. Ahora no es un secreto que la poderosa cúpula financiera de la globalización es la que quiere terminar con los partidos políticos y hasta con los estados.
Ignacio Ramonet, Director de Le monde Diplomatique --quien es miembro de Foro Social Mundial que lucha por democratizar la globalización económica y que estuvo en días recientes en Nicaragua, donde dictó unas conferencias de periodismo-- subrayó que la mayoría de los medios en el mundo se vanaglorian porque ya no tienen miedo de enfrentar a los políticos cotidianamente, como si éstos fueran aún el gran poder por desafiar. En estos tiempos el verdadero poder, recalcó, es el financiero, el poder económico financiero es el poder del mundo, y lo peor es que se mantiene oculto; contra ese poder no luchan los grandes medios mundiales.
Y el Premio Nobel de Economía y ex vicepresidente de Banco Mundial, Joseph E. Stiglitz, apunta en su libro “Los males en la globalización” que la reacción en contra de la globalización está en el prejuicio de la ideología, y por las desigualdades del sistema comercial mundial.
¿Será el sistema financiero mundial el que quiere acabar con los partidos políticos, especialmente con los que abrigan a los pobres? ¿Será por eso que quieren terminar con el FSLN?
Decano de la Facultad de Periodismo de la Uhispam
trejosmaldonado@yahoo.es