Opinión

Antología centroamericana de Darío

El número 130 (enero-marzo, 2006) del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación que edita Jorge Eduardo Arellano desde julio de 1974, en la Biblioteca del Banco Central, se ha consagrado a una selección de las páginas centroamericanas de Rubén Darío


Precedidas de un acucioso y comprensivo estudio de Ernesto Mejía Sánchez (1923-1985), contiene cuatro trabajos en prosa --dos de temática literaria y las otras de índole política-- sobre Centroamérica en su conjunto. Además, presenta textos particulares acerca de cada uno de los países del área, incluyendo Panamá, a saber: cartas, crónicas, poemas y semblanzas.
En el caso de Costa Rica se difunde la investigación de Günther Schmigalle (“La pluma es arma hermosa”), editada hace varios años por la Academia Nicaragüense de la Lengua; y en el de todos los países restantes donde se reproducen los ensayos histórico-geográfico-culturales que Darío les dedicó en su revista Mundial (1911-1914). También de mucho valor e interés resulta el ensayo “Literatura Centroamericana” (Santiago de Chile, 1988), la primera aproximación general al tema, elaborada por Darío.
Durante dos períodos de su vida, éste actuó como representante de la herencia unionista, adscrito al proyecto liberal de los países del área durante la segunda mitad del siglo XIX. El primero (de 1888 a mediados de 1886) tuvo por escenario Nicaragua y El Salvador, sin olvidar su breve estadía en San Marcos de Colón, Honduras, logrando adquirir una mejor formación, debido a su precocidad genial e insaciable afán de lectura. Y el segundo (de 1889 a 1892), una vez definida en Chile su personalidad, lo desarrolló en Costa Rica, Guatemala y también en El Salvador. Allí contrajo matrimonio con la costarricense Rafaela Contreras --hija del tribuno hondureño Álvaro Contreras y de la salvadoreña Manuela Cañas-- y dirigió el diario político La Unión, que era --sostuvo en el prólogo a un folleto de la época-- “consecuente siempre con sus ideas de propaganda en pro de la antigua Nacionalidad Centroamericana”.
Darío añadió en ese folleto que trabajaba para la soberbia empresa de los países que habían integrado la Federación, pronto disuelta. Ambas experiencias inspiraron al consumado periodista que fue nuestro gran poeta.
Numerosas páginas difundidas por investigadores de sus obras se rescatan en este número monográfico como muestra antológica. En ellas se revela su convicción centroamericanista y el conocimiento que tenía de cada uno de nuestros países y de sus hombres representativos. En realidad, demuestran que Darío fue uno de los más sostenidos y entusiastas promotores de la unidad e integración de nuestros pueblos y naciones.