Opinión

La incurable tristeza de José de la Cruz Mena

Este libro es una biografía novelada del maestro José de la Cruz Mena, escrita por el historiador Armando Zambrana Fonseca

Considero que esta obra es sumamente importante no sólo por ser la única biografía seria que existe sobre José de la Cruz Mena, uno de los genios del siglo XIX, sino por ofrecer una reconstrucción histórica, política y social de Nicaragua, desde comienzos de nuestra vida republicana hasta la época de Zelaya. Reconstrucción, mosaico social, fresco histórico y de costumbres, visto a través de la vida de un hombre acosado y abatido desde muy joven por la tragedia física y moral.
Además, se trata de una novela–biografía que no se limita a Nicaragua, sino que tiene perfil centroamericano (se desarrolla también en El Salvador, donde estudio música el gran maestro del vals, y en Honduras) con todo el trasfondo político de nuestro complejo y difícil siglo XIX, siglo de revueltas, guerras civiles y golpes de Estado.
Me parece que uno de los aspectos más logrados de este libro es la simbiosis que logra entre la descripción de la vida social y la interioridad desgarrada de Mena, abatido por la lepra a los 20 años, cuando esta enfermedad era incurable, su corta vida llena de sinsabores y sufrimientos, la gran frustración de un genio que pudo haber llegado largo por su auténtica vocación artística y sus estudios realizados a conciencia con los mejores maestros (generalmente europeos) que existían por aquella época en los países centroamericanos, trabajando en las bandas de los supremos poderes.
Otro aspecto es la singular descripción del paisaje de esa época, a mi juicio lo más logrado literariamente; aportando elementos nuevos a la narrativa nicaragüense. Un paisaje no contaminado por la civilización urbana y de carácter bucólico.
Además, la inserción de personajes representativos de finales del siglo XIX y comienzos del XX, como Rubén Darío, a quien el autor de “Ruinas” y “Amores de Abraham” conoció de niño, cuando el poeta era aclamado como genio precoz en la ciudad de León, en donde se desarrolló el liberalismo no sólo en la era de Zelaya, sino antes de éste.
Personajes como Zelaya, Alejandro Cousin, el poeta Antonio Medrano, el doctor Luis H. Debayle, los hermanos de Mena --que también eran músicos--, el general Francisco Menéndez, protector de Darío, el poeta Juan de Dios Vanegas y otros.
Así mismo, escenas fundamentales como la de su aclamación en el Teatro Municipal cuando ganó los juegos florales con su vals “Amores de Abraham”, o el día en que se da cuenta de su lepra, su relación con Arturo Ambrogi en El Salvador, la revolución de Zelaya y su muerte dolorosa en la hamaca de su rancho a orillas del río Chiquito.
Este libro es fundamental para una comprensión cabal de la historia cultural y política nicaragüense en la segunda mitad del siglo XIX. La acción se remonta hasta antes del nacimiento de Mena, haciendo un recuento biográfico de sus antepasados, que coincide con los primeros momentos de nuestra vida independiente, con la visión de una sociedad sumergida entre la tiranía y la anarquía, época de diligencias, las carretas, los fusilamientos, las asonadas y las guerras civiles.
José de la Cruz Mena, junto al masaya Alejandro Vega Matus, es la figura más alta de la música nacional.
Los que han escuchado los valses inmortales de Mena saben que no tienen rival en toda América Latina, superiores incluso a los valses del mexicano Juventino Rosas. Lamentablemente no han tenido la difusión que se merecen, dignos de figurar a la par de los Strauss.
No fue el caso de Darío, que vio realizado sus sueños, conociendo la gloria y fama internacional. Como dice Zambrana en su introducción a la novela biográfica: “Nuestro modesto Teatro Metropolitano de León fue el testigo mudo en todos los tiempos del misterio de la obra de un muchacho mulato y espigado que en los momentos más sublimes de sus sueños para llegar a las escuelas de música de México y Milán se enteró de una terrible enfermedad. Todo se derrumbó.
El edificio de sus sueños lo hemos visto en las estructuras de sus mejores composiciones y su espíritu estoico, que difícilmente hemos llegado a comprender, se convirtió en su máxima obra. Contradicción dialéctica donde la muerte se cernía sobre su cuerpo para que viviera en su obra eterna: “Ruinas”.
Considero muy acertada la decisión de inaugurar la Colección Presidencial (Serie Obras), “Enrique Bolaños Geyer”, con un libro de la importancia (histórica, social, literaria, artística) de esta novela biográfica que tiene como personaje central la figura de ese divino leproso llamado José de la Cruz Mena, nacido en la época del esplendor de León y el auge de la cultura literal que transformó la faz de la Nicaragua feudal y conservadora.
Un libro que tiene a la vez una dimensión individual e interior, y una dimensión social de largo alcance que nos ayudará a conocer nuestra historia, pues el conocimiento de la Historia, como decía Cicerón, es la maestra de la vida, y nos ayuda a no cometer los errores del pasado.
O sea que se puede decir que estamos no sólo frente a una novela biográfica, sino también frente a un tipo de novela histórica con elementos modernos (monólogo interior, intertexto) que se está cultivando últimamente con notable éxito en diversos países de América Latina.