Opinión

Lanza en Ristre

(razones para vivir o morir)

El Fondo Editorial Amerrisque dio inicio a su colección editorial “Nicaragua mía”, con la publicación del segundo libro del nicaragüense Heberto Incer: “Lanza en ristre”, “un canto de amor para este pueblo sufrido pero aún cargado de futuro”. A continuación las justificaciones, expuestas por el propio Incer, para la publicación de este libro.

Reunidos en San Juan del Sur un grupo de jóvenes, en los días de la campaña electoral Bolaños‑Ortega, conversaban esa noche sobre las causas de las penurias y crisis por las que había atravesado Nicaragua en las últimas décadas. Sin el permiso de ellos, intervine para agregar elementos o corregir -‑a mi juicio‑- algunas aseveraciones sobre hechos que estos jóvenes no conocieron directamente. Intenté reforzar mis aclaraciones con algunos datos y vivencias personales. Luego uno de los muchachos sugirió: “¿Por qué no lo escribe?”. El sosiego que imponen las olas y los chapuzones en el mar hizo que la sugerencia bailara desde ese momento en mi imaginación. Éste es el origen de estas páginas y también su limitación.
Aquel grupo heterogéneo tenía como denominador común la edad y, quizás, el relativo desconocimiento de la historia reciente de Nicaragua, la de hace un par de décadas, la de ayer. Quise escribir para ellos; para los que estaban por nacer en 1979 o estaban en su primera infancia. Escribo para los que no conocieron el somocismo y el sandinismo si no de oídas, intentando poner de relieve algunos rasgos que caracterizaron a ambos regímenes, así como un esbozo de los orígenes de este último. Narro para esa generación. Pero estas páginas están lejos de ser un texto de historia; son razones para vivir o morir enmarcadas en el contexto histórico que trato de describir; tal vez se aproximen a unas Memorias que dirán muy poco a mis contemporáneos, porque se insertan en hechos que también ellos vivieron o de los que fueron testigos oculares y, en muchos casos, actores de vivencias muy similares a las mías, acaecidas en el mismo período que abarca esta narración.
Quizás mi perspectiva y mi percepción de algunos acontecimientos hagan la diferencia. Mis vivencias se producen en contextos que muestran la esencia del somocismo y del sandinismo. El somocismo enrumba al país por “el capita­lismo periférico dependiente” sin prestarle mayor atención a la equidad social en el usufructo de los beneficios derivados del crecimiento de la economía en determinada etapa políticamente establece, una dictadura derechista que pone el peso en el orden y no en la justicia. El sandinismo se declara de “orientación socialista”, implementa políticas populistas (más énfasis en la justicia en esta etapa) de efectos sociales contraproducentes; políticamente, se convierte en un Estado autoritario (más peso en el orden al final), basado en un “poder popular” derivado de las organizaciones de masa que reciben el apoyo y la línea del partido que, a su vez, interpreta las aspiraciones del pueblo a través de su Dirección Nacional que ordena lo que debe y no debe hacerse; en fin, remedo de dictadura del proletariado (porque éste no estaba en el poder, y como clase social apenas existía), o si se prefiere, democracia popular. El eventual lector podrá llegar a estas o similares conclusiones conociendo cómo vivimos las anteriores generaciones esos dos sistemas. En la introducción trato de contar ese pasado desde la perspectiva de hoy (en lo posible con léxico de hoy). Ellos fueron (y nosotros) los responsables de “las penurias y dramas” a que aludía aquel grupo de muchachos en San Juan del Sur. Hoy algunos actores de ayer continúan sin esforzarse por romper el círculo vicioso, atrapados en las marañas del pasado, y como las arañas creando más madejas que atan, que retrasan. Otros luchan o lucharán (y como veremos, el resultado sólo es posible cuando los que luchan se convierten en cientos de miles) por un presente que siente las condiciones de un futuro más esperanzador, pues como dijo el gran filósofo alemán Federico Engels: “La historia nada hace, ni posee una riqueza inmensa, ni libra batallas. Es el hombre, la persona real y viva, quien lo hace todo, quien posee y lucha”.
Managua, 14 de junio de 2005

hebertoincer@hotmail.com