Opinión

La pobreza en Alemania, la otra cara del Mundial que no conocemos


Lo puedo resumir en una sola palabra: impresionante, tanto que exactamente ese mismo sentimiento le causó a mi hijo Kevin de diez años al ver juntos un documental de la Deutsche Welle, la televisión alemana, acerca de un proyecto de ayuda a la pobreza en uno de los suburbios más pobres en las afueras de Berlín, específicamente en el barrio de Hallersdorf. Este organismo de ayuda se llama “Die Arche” (El Arca) y colabora con centenares de niños a quienes les provee a diario comida caliente, ya que sus padres no tienen trabajo y, por tanto, sus ingresos no alcanzan para las necesidades más mínimas para garantizarles un sustento diario.
Parecería que estuviésemos hablando de un país africano o de los pueblos del norte de Occidente, pero se trata de una de las principales potencias del mundo, el país donde se están derrochando millones de euros en artículos o cualquier otra cosa relacionada con el Mundial de Fútbol. Lo impresionante es que mi hijo me decía que esos niños no parecía pobres, sino ricos, claro por su corta edad y de acuerdo con nuestros prejuicios socioculturales tenemos un estereotipo racial para graficar la pobreza, él no entendía cómo niños chelitos, rubios y bien bonitos no tenían ni para una rebanada de pan, pero es la realidad en la Alemania del Mundial.
Tomando como fuente la televisión alemana, se señalaba que hay al menos 1.5 millones de niños en estado precario, aumenta la pobreza infantil aceleradamente y calculan que uno de cada tres niños tiene algún tipo de carencia económica. En el reportaje aparecían adolescentes que no tienen ni para comprarse una mudada en una tienda común y corriente, es decir, no en tiendas de lujo, por lo tanto, sólo salían a soñar con medirse un chaleco que cuesta unos 20 euros; la única alternativa es llegar a este organismo de ayuda a que les donen una mudada de segunda mano cada mes. Para estos menores pensar en comprarse ropa nueva es algo utópico.
El organismo de ayuda gasta el menos 500 mil euros anuales y obtiene el 95 por ciento a través de donaciones, en otras palabras que la virtud de la solidaridad es un sentimiento que se mantiene vivo en el pueblo alemán, tomando en cuenta todo lo que ha tenido que sufrir en la historia esta gente.
Uno de los colaboradores es un director de cocina de un hotel de lujo en Berlín. Este señor va una vez por mes al local del “Arca”, que está situado en una antigua escuela pública de la antigua RDA (República Democrática Alemana), y llega con todos sus enseres e ingredientes a impartir clases de cocina a los adolescentes que cuidan a sus hermanos menores y les toca buscar qué darles de comer. Este caballero argumentaba que esta pobreza se podría acabar si cada alemán se tocara el corazón y aportara un poco de lo que tiene para aquellos niños, como en este caso, que no tienen absolutamente nada, viven en apartamentos con familias numerosas, hacinados y sin condiciones de salubridad necesarios, es decir, que a pesar de que sean solidarios, hace falta mucho que dar por los demás. Entonces nos preguntaremos, ¿cómo en un país tan rico existe tanta pobreza? ¿Cómo los alemanes gastan tantos millones ayudando a los países subdesarrollados como nosotros y no son capaces de acabar con su propia pobreza?
Las respuestas pueden ser muchas, con esto se pueden dar gustos mis amigos economistas, sociólogos y hasta diplomáticos; sin embargo, el tema de fondo para mí en esta ocasión se puede ver desde diferentes ángulos, uno de ellos es que en una sociedad de consumo tan salvaje como la alemana la influencia de las campañas publicitarias en temas como la Copa Mundial lo que hace es alejar de los problemas reales a toda una nación. No hace mucho en este país la tasa de desempleo era mayor a cinco millones de personas, casi toda la población de Nicaragua. Por lo tanto, el negocio puede más que las necesidades de millones de seres humanos que pueden acabar con sus penurias, con destinar al menos un euro por cada entrada a ver uno de los partidos que se han jugado hasta la fecha, al menos acabaría con mucho desempleo en Hallersdorf.
Otro aspecto que se puede enfocar es el de las deficientes políticas públicas en los países desarrollados. A la falta de estos elementos no son capaces de generar proyectos de desarrollo que lleven equidad a todas las distintas clases sociales; a veces los orígenes políticos son un factor de desarrollo, a la hora de la repartición son unos los que se llevan la mayor tajada. En la reunificación de Alemania quienes perdieron fueron los alemanes del este, allí se ha mantenido el desempleo y sigue creciendo la formación de grupos neonazis, es decir, tienen los mismos argumentos de diferencias sociales que alimentaron al partido nacional-socialista en los años 30 del siglo pasado, en otras palabras, el descuido del gobierno es el principal caldo de cultivo de las revoluciones sociales.
Finalmente, no podemos perder de vista el elemento humano. La descomposición social nos está llevando a un cambio de valores dramáticos; estamos perdiendo aceleradamente la capacidad de sentir los problemas de otros, hemos tirado por la borda todas las doctrinas religiosas y hasta revolucionarias de los principales ideólogos de los cambios sociales, un salvaje individualismo se ha apoderado de nuestras conciencias y a través de un egoísmo salvaje nos hemos hechos indolentes ante las necesidades de nuestros propios hermanos.
El canal legítimo para obtener respuesta a nuestras demandas se encuentra en una profunda crisis, es decir, la clase política. ¿Acaso la clase política alemana desconoce esta realidad? ¿Serán tan ignorantes ante la grave crisis en que se encuentran sus ciudadanos hasta perder la conciencia y demandar justicia más allá de sus propias fronteras? ¿Todavía es capaz el pueblo alemán de cerrar sus ojos y sus corazones al igual que lo hicieron con el holocausto judío?
Parecería paradójico que sea la voz de un nicaragüense, de este país tan pobre, que clame por justicia y comida para millones de niños alemanes, sin embargo, creo que en estos casos es que no deben importar las fronteras ni las razas. En esta circunstancia quienes hemos vivido la pobreza y sus efectos en carne propia entendemos lo que sufren esos chelitos al otro lado del Atlántico. Esto debe ser una campanada de alerta para todos nosotros; al igual que muchos alemanes, nosotros también hemos cerrado nuestros corazones, somos tan duros que les cerramos hasta los vidrios de nuestros vehículos a todos aquellos que no por su gusto andan pidiendo en los semáforos, nos reconforta más quien clasificó para la semifinal que pensar que tras los gritos en los estadios hay millones en ese país de fantasía que esta noche no tienen nada en sus estómagos. A fin de cuentas, para muchos la Copa Mundial es una excusa para olvidarse de los problemas de este sufrido país como el nuestro, el problema es que el Mundial se acabará pronto y los males seguirán ahí, al igual que a los nicaragüense nos tocará seguir oyendo las promesas de los candidatos, que son tan verdaderas como que el equipo de Nicaragua ganará este bendito campeonato.
León, julio de 2006