Opinión

Replicando a los ausentes

“Si las generaciones que nos precedieron fueron incapaces de sacrificarse para construir una patria en donde se eliminara la miseria, nosotros debemos ser capaces, si no de eliminar ésta, por lo menos de sacrificarnos por ese camino.” Editorial “Dilema de los Jóvenes” Pedro Joaquín Chamorro.

Tres han sido los procesos electorales nacionales que me acuerde y les haya dado seguimiento. Aunque entraba en mi pubertad para 1990, en mi memoria alcanzo a recordar toda la campaña política masiva a finales de los 80 y el desvelo ante el televisor por los resultados en la madrugada del 26 de febrero. En los subsiguientes procesos electorales no hubo mucha variación entre dos fuerzas dizque antagónicas en ideologías, aunque con un despliegue mediático mayor. Casualmente este uso de los medios de comunicación ha sido un factor primordial para la transmisión de mensajes, aunque no así de un debate de ideas entre contrincantes.
Arrancando en un nuevo siglo y con los efectos de la globalización a nuestras espaldas, resulta un poco irónico, sino absurdo que todavía no se haya realizado un debate entre los candidatos presidenciales que permita al elector tener una visión clara de sus argumentos y propuestas confrontadas entre ellos. Hago esta aclaración asumiendo que en mi incipiente existencia y leyendo un poco la historia de este país no he encontrado algún indicio que me demuestre lo contrario. Casualmente, hace poco, con mucho entusiasmo, asistí a un primer debate de candidatos a la vicepresidencia de las elecciones de este año que forma parte de una serie de debates que diversas instituciones mediáticas, académicas y sectoriales están preparando. En ese evento se presentaron dos candidatos de las agrupaciones, otro participó con un formato pregrabado y misteriosamente los otros dos decidieron no asistir argumentando excusas de falta de tiempo para prepararse adecuadamente y no contar con el beneplácito del partido para asistir.
En el primero de los casos, aunque la convocatoria hubiese sido un día antes, entiendo que el candidato es una persona de principios, preparada, con una idea clara de lo que sería su propuesta para fortalecer el Estado de Derecho en el país (tema de debate en cuestión) que no amerita mucho análisis para responder, ya que de ser así, ¿quién se aventuraría al cargo ante la preguntas cotidianas e insistentes de los medios de comunicación? Supongo que si desea aventurarse a ser el segundo para tomar las riendas del país en el próximo quinquenio es porque hay un anhelo por verlo prosperar con planes que rompan las inequidades existentes, o es que acaso nos “rifamos” para ver qué sale?
El segundo de los casos si no es más dramático, es lamentable. No voy a negar la importancia de los partidos en los procesos democráticos y su función en la gobernabilidad, aunque al igual que los seres humanos todo tiene un límite que lo brinda el discernimiento. El candidato y el partido trabajan en una relación de dos vías que va reflejada por un interés común, sin embargo, el individuo va encausando sus ideas para que el partido le vaya apoyando. De esta manera, no esperamos los electores que del sufragio salga un tipo robot que responda a control remoto o apriete los botones como en repetidas ocasiones se ha visto en la desprestigiada Asamblea Nacional. No señores, si su partido le dijo que no era adecuado ir, usted tiene una responsabilidad de informar a la población a la cual se va deber, además, ya está grandecito para representarse y romper con esquemas arcaicos que se escudan tras el aparato partidario.
Sin embargo, lo más asombroso es el comportamiento de nosotros mismos como ciudadanos, que en vez de aprovechar estos espacios para exigir propuestas congruentes y preparaciones adecuadas, callamos o sencillamente ni nos inmutamos lo que da pie para que los candidatos ausentes sigan reproduciendo estos esquemas. Así, no es de extrañarse que entre los mismos organizadores minimicen la participación de los presentes y justifiquen los ausentes. El debate de ideas y la negociación no debe ser un anhelo, sino un deber patriótico que se tiene que enaltecer en estos momentos para que descartemos de una vez por todas procesos violentos que sólo lágrimas y sangre han sido derramadas a lo largo de nuestra historia, y encausemos propuestas ciudadanas que representen una esperanza a la población.
Estas elecciones de 2006 representan no sólo un reto por destrabar el antagonismo bipartidario que hemos sufrido, sino como un proceso óptimo para generar un verdadero debate de ideas, programas y exigir mayores compromisos por parte de los candidatos. Éstos, por su parte, tienen el ulterior compromiso de demostrar el lado amable y eficaz de la política con la exposición de ideas y programas que brinden aliento y confianza en los sectores marginados para que no sigan emigrando del país y consolidemos una verdadera identidad nacional. Las condiciones humanas, tecnológicas y anímicas están disponibles para que aprendamos a generar propuestas y debatir en todos los espacios, aunque es imprescindible que los candidatos presidenciales den el ejemplo sentándose para que expongan cómo es que pretenden responderle a la población en los próximos cinco años.
Un ciudadano más,
pauniobregon@gmail.com