Opinión

Inseguridad ciudadana versus seguridad ciudadana


Carlos Fuentes, conocedor de su histórica y cruda realidad, afirmó: “En México no superar nuestra triste historia, no aniquilar nuestros fantasmas y no ver hacia el futuro provoca hoy que por lo menos dos generaciones vivan todavía en el país de las fantasías’’.
En Nicaragua los fantasmas históricos se relacionan entre política, economía, desigualdades y cultura, como un todo, como sociedad, pero esos fantasmas no se superarán mientras no desaparezca el fantasma de fantasmas, el colonialismo norteamericano apoyado por presidentes de la República, ministros de Relaciones y líderes políticos, títeres todos, hasta entonces los nicaragüenses no encontrarán la brújula de su futuro.
Esta claridad de pensamiento sólo pinta oscuridad en Nicaragua mientras se mantengan pleitos entre mafias y pandillas dentro de partidos y alianzas políticas por repartirse el poder, el botín de impuestos recaudados y deuda pública, más cargos públicos, como lo han estado haciendo desde el inicio de 1990. La corrupción apareció con el primer gobierno, dizque democrático, degenerándose en crecimiento sostenido a la fecha, sin excepción. Sólo bulla se ha hecho para parar semejante corrupción de toda naturaleza.
Qué sentido tiene que el Departamento de Estado se encapriche en seguir enviando funcionarios a decirles a los votantes nicaragüenses cuáles son los mejores candidatos presidenciales para las elecciones 2006, y que las personas nombradas saquen pecho con semejante atropello indignante.
¿Por qué son los mejores, porque les llaman democráticos? Primero, la democracia es un largo camino, muy largo, no es un hecho aislado, es un proceso a como hemos venido insistiendo. Segundo, los mensajeros que vienen del extranjero a intervenir en asuntos de política criolla evidentemente son hijos del imperialismo, no son demócratas; y segundo, los nicaragüenses que se complacen con esos mensajes y los acogen con amplias sonrisas, en lugar de rechazarlos enérgicamente, son unos pobres diablos desvergonzados.
Seguros estamos de que no serán las mejores opciones, pero sí los más indignos, porque no serán candidatos del pueblo nicaragüense, sino del imperialismo norteamericano. El negocio de las encuestas podría simplificarse con dos simples preguntas: ¿va a votar en noviembre 2006 por ungidos candidatos del imperialismo norteamericano?, ¿o votará por candidatos de la dignidad, auténticamente pinoleros, que quieren una Nicaragua diferente?
El juego de la democracia es pura babosada; ésta en Nicaragua no funciona, y eso lo vemos a cada instante y a diario; se engañan los idiotas. Una cosa es que los Estados Unidos de América sea una nación democrática, y otra muy diferente que mantenga una política imperialista. Bien podría en Nicaragua irse elaborando una lista negra de ciudadanos políticos al servicio del imperialismo, a fin de que el pueblo les vaya conociendo y repudie políticamente.
¿Cuáles son los pensamientos de los candidatos del imperialismo norteamericano, y cuáles los de otros candidatos?, si es que piensan derribar fantasmas, no han dicho cuáles ni cómo. Al momento nada se conoce, pura verborrea barata, que lo único es que han mostrado desconocimiento e incapacidad para el cargo de presidentes a que están aspirando.
Al candidato sandinista ya cansa escucharle el mismo estribillo por años, sobresaliendo su alegría y celebración con recientes triunfos electorales de izquierda en la región latinoamericana; es lamentable porque los problemas nuestros están en nuestro terruño en altísima prioridad, no los va a resolver el socialismo de viejo cuño, actitud o conducta que está sembrando mucha incertidumbre. Nicaragua no va a ser un país socialista, lejos están sus recursos humanos y capacidad material para semejante transformación y no debe engañarse e ilusionar al pueblo. Las dictaduras longevas sólo llevan a la miseria y esclavitud, los casos están a la vista. A quienes guste que les pongan el fierro, será su gusto.
Ninguno se ha referido a acabar con el colonialismo, vivir en independencia auténtica, autodeterminación, recuperar la soberanía y acabar con políticos nicaragüense serviles del imperialismo, como unos cuantos de sus voceros nicas descarados, de sobra conocidos en los medios de comunicación. Que nazca una verdadera República que no sea letra muerta en una Constitución Política, sin héroes y mártires de papel, que, además, ofrece todo, pero que no cumple con un mínimo fundamental en la vida nacional.
Las recomendaciones del neoliberalismo sostenían la necesidad de un Estado pequeño, con una nómina asimismo pequeña de empleados públicos y estricta austeridad. Un Estado capaz de cumplir eficaz y eficiente pocas funciones fundamentales, entre ellas y con especial énfasis, la seguridad ciudadana. Nada de eso se ha hecho efectivo en Nicaragua.
Seguridad ciudadana. Ha vuelto al tapete el tema de la Policía, a quien corresponde la responsabilidad inmediata de la seguridad ciudadana.
Se destapa la olla de una institución podrida, según afirmación de sus altos comisionados.
Este paquete de la Policía es una herencia del gobierno sandinista, y de ese núcleo no iba a resultar nunca un jefe que asumiera el cargo con nueva mentalidad, responsabilidad, capacidad y honestidad para reestructurar una administración institucional de garantía ciudadana. Los vicios denunciados en los últimos acontecimientos van a seguir, por la forma de mando vertical y porque zorro que come huevos aunque le quemen el pico.
La herencia sandinista nace con un ministro del Interior prepotente, ciego en su sed de venganzas, que no dio seguridad ciudadana, al contrario, creó un aparado de seguridad del Estado que fue terror de la ciudadanía, perseguir ciudadanos, torturarlos, inclusive matarlos.
De ese nido es imposible que surja un jefe de Policía que se encargue a carta cabal de la seguridad ciudadana; las pintas y repintas están anunciando tormentas en una nueva administración. No debe nombrarse a cualquier persona en un cargo tan delicado en que descansa la seguridad personal del pueblo nicaragüense, cansado de la delincuencia.
Meses atrás se hicieron sugerencias sobre la necesidad de reestructurar su institucionalidad, pero nada se avanzó, antes bien, los medios han estado informando sobre una saco de intrigas y revelando acusaciones y contraacusaciones entre comisionados. Las víctimas de ese relajo y jaleo para nombrar un nuevo jefe, indiscutiblemente, son los ciudadanos.
Nada se hizo respecto de las sugerencias de su reestructuración institucional propuestas hace unos meses, pero en un intento se propone una sólida institución dependiente de un ministro de Gobernación, una persona de carácter fuerte, capaz y responsable para que acabe con los vicios que allí existen, y que los mismos comisionados dicen existir.
La vida de cuartel es una vida de ocio y de malos pensamientos, un ambiente de pereza mental, de haraganería, antiservicio. El problema no es de dinero, sino de orden, creatividad, de planificación y estrategias, factores todos que se producen en las oficinas. No necesita vehículos, gasolina, etc., sino de personas con entrega de servicio al pueblo nicaragüense.
La Policía está convertida en un coto de caza intocable y de tipo feudal que debe desaparecer tan pronto como fuere posible, pero esta necesidad de seguridad para la vida, los precandidatos a la Presidencia la ignoran y no van a comprometerse, porque ellos ocupan a la Policía para su propia seguridad y la de su familia. Debe desaparecer el miedo de los ciudadanos a las venganzas usando delincuentes, para transitar las calles de día y noche con tranquilidad.