Opinión

¿Quién sustituye a Herty?


El súbito fallecimiento de Herty Lewites inevitablemente cambia el mapa político nacional. La(o)s más radicales están diciendo con cierto aire triunfalista que ahora la rifa es a dos bandas: Daniel el sempiterno versus Montealegre el banquero cenihonesto. Lo(a)s más prudentes debemos conceder el beneficio de la duda y postular que la justa electoral a tres bandas dependerá del elegido por la Alianza Herty 2006 para ocupar la candidatura presidencial --no reemplazar-- de su carismático y fenecido líder. El carisma, como su nombre lo indica, es un don de Dios y no se puede comprar ni en pulperías, supermercados, partidos, medios de comunicación social o iglesias. Don Herty Lewites Rodríguez, quien nunca fue zorro de mi devoción, tenía ese don; indudablemente fue un político carismático y ahí radica la dificultad en poner un sustituto.
Las fuerzas políticas aglutinadas en la Alianza Herty 2006 tendrán que darnos una lección de sabiduría y sagacidad políticas en esta selección de su candidato presidencial. Existe en esta alianza todo un arsenal de nombres potables para esa candidatura a los cuales no es cierto que los zapatos de Don Herty les queden grandes como caricaturiza el dundo de Guillén en La Prensa del 04-07-06. Pensemos en Sergio Ramírez Mercado, Dora María Téllez, Carlos Mejía Godoy, Manuel Ignacio Lacayo, Víctor Hugo Tinoco, Henry Ruiz Hernández, Edmundo Jarquín Calderón, Fernando Cardenal, Hugo Torres... De estos nombres, poniendo sus voluntades de participación política y sus colas históricas apartes, no me cabe la menor duda de que serían buenos candidatos y mejores presidentes.
Sé que en la lista anterior hay personas que oficialmente están retiradas de las candidaturas a cargos públicos, aunque siempre hacen política. Si están en la grilla, como dicen los mejicanos, en aras de que la Alianza Herty fructifique, habría que animarlos a que acepten la candidatura sustituta. Pero en circunstancias conocidas sobre don Sergio Ramírez, don Henry Ruiz y el sacerdote don Fernando Cardenal, quienes quizás nunca aceptarán la candidatura, aún quedan algunos valiosos nombres por barajar, explorar, analizar. Por sanidad democrática nacional, no hay que permitirles a los caudillos que esto sea como la Polar... llegar y llevar. La democracia demanda oponerle los mejores candidatos al pacto y a la corrupción.
Para mí la candidata natural de esa Alianza Herty 2006 es la señora Dora María Téllez, heroína nacional, mujer brillante, políticamente inteligente y honesta, hasta donde sabemos. Sería una gran candidata y una excelente presidenta, pero me temo que resabios culturales de nuestra sociedad hipócrita le inhiban su participación. Es lamentable, para mí y para Nicaragua, que Dora María eventualmente tome esa decisión y no sea la candidata.
Un buen candidato sería don Manuel Ignacio Lacayo, un ser inteligente, hombre honesto, de pensar y hablar claro, uno de los pocos políticos que entiende el fenómeno de la cultura y el arte en Nicaragua. También, como empresario exitoso, nos garantizaría una buena marcha de la economía nacional con sensibilidad social. Quizás habría que dejarlo madurar un poco más para futuras elecciones, siempre que la Chanchera no lo eche a perder. Y tendría que atenuar lo que a mí me gusta de su personalidad, pero que a la mayoría guatusera no, que es su estilo demasiado franco, directo, sin pelos en la lengua. En política el único Franco que ha llegado y mantenido el poder es el generalísimo y más por su apellido que por su sinceridad.
El doctor Víctor Hugo Tinoco sería un excelente candidato por su inteligencia, su capacidad negociadora, su experiencia y conocimientos en política exterior, por su capacidad de trabajo y organización política, por su destacada oratoria. Para mí, que lo tengo en muy alta estima porque lo conozco, viendo los pros y los contras, su raíz y ascendencia en el sandinismo y su capacidad de negociación con otros sectores, lo hacen el más potable de los candidatos.
Por supuesto que no se me olvida el Dr. Edmundo Jarquín Calderón, inteligentísimo, brillante orador, con una sólida formación política y económica, un ser humano muy capaz de gobernar los destinos de nuestra nación. Todo un candidato de lujo a quien lo dejaría como candidato a vicepresidente para que, si alcanzan la victoria, desde esa posición ejecute las chorrocientas mil tareas económicas por cumplir en Nicaragua para su desarrollo.
Dora María, Víctor Hugo o Manuel Ignacio con Edmundo de vicepresidente, o viceversa, serían fórmulas interesantes en la contienda y de ganar serían buenos gobernantes, pero nuestra realidad política es muy compleja. A mí que no me pregunten del hilo, María es la que zurce. Y los hilos de los caudillos son más poderosos que cualquier tela de araña.