Opinión

Las elecciones en Nicaragua y el actual CSE


I Se podrían escribir colecciones de libros de historia respecto de lo antidemocrático que han sido las elecciones en Nicaragua y sus instrumentos, por no escribir palabras más fuertes. Y aunque se asombren los obsecados, la verdad sea dicha, es hasta después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista que se han dado las elecciones más democráticas en la historia electoral de Nicaragua.
II Antes de que se terminaran los escrutinios en las últimas horas de la madrugada tras analizar la tendencia de los resultados, Daniel Ortega Saavedra, candidato en las elecciones del 90, reconoció los resultados y pronunció un discurso antológico, el cual será siempre referencia que reforzará los pilares de la democracia en Nicaragua. Si no fuera por la sensatez de la dirigencia revolucionaria, Nicaragua, como en otros segmentos de nuestra historia, se hubiera ahogado en sangre.
III Por fin amaneció y un silencio espeso, fúnebre, envolvería a Nicaragua; dicho silencio tenía varias lecturas, una de ellas era la espera de un desenlace de guerra. A las siete de la mañana salgo del parqueo de El Nuevo Diario y me dirijo a iniciar la faena periodística. Voy serio, usando gafas oscuras, no vuelvo a ver a los lados, no quiero hablar con nadie, oigo la voz de un celador, el CPF del portón, finjo que no lo oigo, de repente siento que me agarran del hombro, era él; la sangre me sube a la cabeza, pero inmediatamente habla con los ojos llorosos, y me dice: “Por favor, profesor, quién me explica qué hace un pueblo que se pasa luchando más de 30 años para una revolución y en un solo día pierde todo por culpa de unos papeles”. Me le suelto, y seguí mi rumbo, entre comprendiéndole y molesto.
IV Tengo una imagen grotesca guardada en mi memoria, mejor dicho, tengo varias. Hoy recordaré brevemente dos, una es correspondiente a las elecciones de 1967. Los candidatos: Dr. Fernando Agüero Rocha y el general Anastasio Somoza Debayle. Tras la masacre del 22 de enero de 1967 yo me encuentro escondido en una casona abandonada en Granada, a cinco cuadras del Parque Central, en la Calle Corral, en una fábrica hecha chatarra, donde estuvo instalado en un tiempo la chibolería “Okey”. En la soledad del escondite había afinado una hendija para darle un vistazo a la actividad de la calle, para lo cual debía subirme a una especie de andamio. Como a las cinco de la tarde el día de las elecciones se oyó un bullicio en la calle; subí a mi mirador, y vi palpablemente cómo los guardias somocistas portando Garand y ametralladoras entraron al cantón de la esquina (hoy Junta Receptora de Votos) y sacaron y montaron las urnas al Becat; en presencia de un grupo de ciudadanos secuestraron las urnas con los votos. Tiempo después otro cuadro desolador, Agüero y Somoza, ambos de negro riguroso firmaban un pacto, el Kupia-Kumi, en el Teatro Rubén Darío, para bailar más noche en la casa presidencial la Guantanamera.
V Terminada la Federación Centroamericana, cada Estado debía elegir un jefe de Estado y un vice como las principales autoridades. Después de las elecciones, ambas autoridades, Cerda y Argüello, escenificaron una masacre espantosa, desde entonces se encontrarán burdas maniobras en las elecciones. Para entrar a ser República hubo trucos, nos dice la historia. Esa elección tenía importancia porque la autoridad principal sería presidente en vez de jefe de Estado. Allí estaba naciendo lo que se llamó la Guerra Nacional, con Walter de presidente y algo más.
VI En las elecciones de 1928, después que el Pacto del Espino Negro registraba que los liberales se rendirían por unos poquitos dólares, que siguiera en la Presidencia Adolfo Díaz, peón de los gringos, y que las elecciones serían supervigiladas, y así fue, 28 norteamericanos se hicieron cargo de los escrutinios para darle la victoria a José María Moncada. Cada elección que estaba envuelta con la palabra supervigilada significaba que era controlada por los yankis. De todas las elecciones efectuadas durante la dinastía de los Somoza, el Dr. Pedro Joaquín Chamorro burlonamente decía que estaban atendidas con una de las mejores tecnologías, pues en Nicaragua, más que en ningún país en el mundo, se sabía rápidamente quién era el candidato ganador, ¿quién? El designado por los Somoza. Y un siglo antes los candidatos eran escogidos en los clubes sociales conservadores. Ni las mujeres, ni los pobres, ni los medio pelos votaban. Los presidentes eran electos por un poco más de quinientos votos.
VII Nunca antes Nicaragua ha tenido un Consejo Supremo Electoral tan decente como el de ahora. Lo confirman los observadores que han llegado al país en elecciones pasadas. Y así lo remarca la madre de las ciencias: la Historia. ¿Por qué fuerzas oscuras extranjeras y nacionales se orquestan para desprestigiar al poder electoral del Estado? ¿Qué quieren? ¿Qué buscan?
Los jóvenes de Nicaragua que no están leyendo la historia deben de hacerlo y preguntarse: ¿qué quieren? ¿Qué hay detrás en el proyecto de desprestigiar al Consejo Supremo Electoral?
Decano de la Facultad de Periodismo de la Uhispam
Trejosmaldonado@yahoo.es