Opinión

A Joel, un joven ejemplar


Hace algunos años la imagen del niño de cuerpo esquelético con el vientre impresionantemente inflamado, al punto de que sus venas parecían estallar de un momento a otro, era una constante en las oficinas de EL NUEVO DIARIO. Quien lo hubiera visto en esa época diría que el pequeño no viviría más allá del final de mes.
Era Joelito, cuyo nombre completo era Joel Reyes Bello. Pocas veces recuerdo haber hablado con él, pues por lo general venía tan cansado y adolorido, producto de los estragos de la enfermedad que sufría, que su interlocutora era su madre, doña Vilma Bello, una viuda muy pobre, que había venido a Managua procedente de la comarca Güiscoyol, departamento de Boaco, para buscar ayuda médica y sanar a su vástago, el menor de los cuatro que procreó con su esposo, un señor que falleció en la guerra de los 80.
Para aquel entonces --mediados de los 90-- los médicos no tenían duda del origen de los síntomas de Joelito. Se trataba de una hepatitis B que progresó a tal punto que el niño desarrolló cirrosis, un mal que se asocia siempre con el alcoholismo, pero que bien puede aparecer por causa de esta devastadora enfermedad.
Mejoría
Doña Vilma logró que su “cumiche” recibiera atención y mucha ayuda de nuestros lectores. De pronto, como por obra de la mano divina, llegó de nuevo a EL NUEVO DIARIO con su Joelito saludable y una gallina bajo el brazo, una forma típicamente campesina de agradecer por un favor hecho, ya que ella sentía que gracias a las publicaciones que hicimos sobre el caso de su hijo es que éste había mejorado, aunque, claro está, sólo habíamos servido de puente para que nuestros lectores de buen corazón le apoyaran en su tratamiento.
En los años siguientes tuvimos noticia de Joelito por las llamadas o visitas que nos hacía doña Vilma cuando venía a Managua para hacer cualquier diligencia. A los 15 ó 16 años este muchacho ejemplar, que no pudo estudiar por su pobreza, marchó a Costa Rica, siguiendo los pasos de sus hermanos mayores, y trabajó en las plantaciones, donde, como todo joven acostumbrado al trabajo duro del campo, se ganó sus buenos centavos.
“Joel sólo come verduritas. Él no puede probar la carne, ni los frijoles, o cosas con condimentos o con sal, pero su vida en lo demás es normal”, nos confió doña Vilma, para continuar en comunicación con la gente de END que se interesaba por su historia.
Finalizaba el año pasado cuando de nuevo una llamada de la señora Bello nos puso al tanto de Joel. Había recaído en Costa Rica y volvió a Nicaragua a buscar la salud, aunque ya no tan inflamado ni demacrado como casi una década atrás. Entonces caímos a la cuenta de que ya los médicos habían pronosticado esa última gravedad.
El doctor Wilfredo Álvarez, un ilustre galeno que imparte clases en la Facultad de Medicina de la UNAN y que atiende en el consultorio privado de EL NUEVO DIARIO, había opinado sobre la salud de Joel cuando era un niño demacrado, y auguró que no llegaría a los 20 años. “Él va a llevar una vida bastante normal, siempre cuidándose, pero el hígado de pronto va a colapsar”, fueron las proféticas palabras de Álvarez, las que pese a las esperanzas de quienes conocimos esta historia, fueron reales.
A comienzos de junio doña Vilma nos llamó para pedirnos que publicáramos una solicitud de ayuda, pues Joel, a sus 19 años, había vuelto a vomitar la sangre y se encontraba en el hospital de Boaco, que estaba consciente y sufría mucho por los dolores y no tenían para comprar medicinas.
El aviso se publicó y de nuevo hubo manos generosas que, aunque sea con un poco de dinero, apoyaron al joven, ya en trance de agonía. Joel fue visitado por personas religiosas y pasó sus últimos días con la fe de que Dios lo salvaría, aunque ya había sido informado de su irremediable fin por los médicos que lo atendían.
Joel recordó, al lado de su mamá, que permaneció llorosa haciéndole compañía en el hospital, sus días en que visitó varias veces EL NUEVO DIARIO y dijo sentirse feliz porque había podido vivir más tiempo con su familia. Murió en paz consigo mismo, el domingo 11 de junio.
Fue hasta este 27 de junio que doña Vilma pudo llamar a este medio de comunicación para informarnos del deceso de su hijo, y una vez más agradeció por toda la ayuda. Más sosegada y apegada a sus creencias religiosas, la sufrida mujer dijo no tener con qué pagar todo lo que le dieron, tanto para la salud como para el funeral de su hijo menor.
Su vida fue corta, pero intensa, nos quedamos pensando los periodistas y personal de este medio que seguimos paso a paso la historia de Joel. No fue vicioso, no tuvo tiempo para casarse, ayudó a su mamá cuanto pudo y falleció cuando su cuerpo no resistió más.
No faltó quien hiciera la comparación con los muchos jóvenes que en la actualidad se desperdician en vicios y francachelas, o desdeñan de estudiar o trabajar, teniendo todas las oportunidades a su favor y, sin embargo, un muchacho cuya vida tenía los días contados supo aprovecharla al máximo.
Que Dios tenga en su reino a Joel.