Opinión

El candidato-espectáculo


Es irrisorio que aún se trate de usar el viejo recurso genealógico (usado a la inversa de los nobles) para justificar, o más bien tendría que decir para mitificar o heroificar la figura de un candidato, en el afán de bajarlo al pueblo o para que éste se identifique con él, con sus poses, con su histrionismo (¡pobre sujeto subalterno!) y, peor aún, que a través de ello ofrezca a la gente apenas una cuota de diversión y entretenimiento como la que en su momento ofreció Yves Montand en Francia, el cual fue rechazado por ello. Es decir, entramos a la era (por lo de acuario) del clásico comediante-candidato, como lo define Eliseo Verón.
Ahora estos señores, partiendo del artículo titulado De bufones y farsantes, en el cual hay implícito una aceptación de la candidatura-comedia tratan de diluir el centro del debate, pues, además, si habla mal o bien este señor, el asunto es saber qué dice con ese hablar, qué propone, qué hay de viabilidad en su “actuar de corazón”: ¿circo otra vez? ¿O es que acaso cree que con obscenidades se puede reconstruir un país que ha sido devastado por 16 años de capitalismo salvaje? ¿O es que ese hablar espontáneo y campechano, como le llaman, es el registro amenizado por el cual se evaden asuntos tan trágicos para este país como es el hambre, el desempleo, la migración? ¿O es que en el afán de buscar la mejor estrategia de marketing político nada más entra a la territorialidad subjetiva del elector, dejando de lado su capacidad de razonar.
Pues estos señores le dicen al pueblo que ése es su lenguaje y que, por lo tanto, no tiene derecho a usar otro. Mero funcional-estructuralismo señores. Me recuerdan a un candidato que regalaba cajas de lustrar y otro que ofrecía educación hasta tercer grado, en fin, éstos y ustedes aplican lógica mecanicista.
Además, es interesante cómo los discursos se caen por su propio peso, pues al momento que se habla de la gestión edilicia del señor Lewites y de la gestión ministerial, se le recuerda por la diversión, es decir, por el circo, por el espectáculo que empieza y desemboca en Hertylandia, bonito nombre, ¿verdad? Pero no se trae a colación por ningún beneficio directo a la personas al pueblo. Es más, en una de sus comparecencias dijo que de ganar iba a suspender el 6 % a las universidades, ¡qué buena propuesta, ah!, y lo dijo muy campechanamente.
Muy bien, entonces entramos a la era de la propuesta-espectáculo, del cuerpo de las imágenes en el que todo se organiza alrededor del yo y sus prolongaciones territoriales, pues en el artículo se retrotrae la infancia del señor candidato en un acto desesperado de procedimiento icónico. Esto deja de lado elementos tan importantes como la verdadera construcción del diálogo. Pues para nadie es un secreto que este señor se parapeta en los ataques personales como los que protagonizó en EU. Es el reino fantasmagórico de las representaciones.
Así que estos señores se han dado a la tarea de querer convertir algo tan trascendental en nuestro país como son las elecciones en un “enjuego” (Verón) de “espontaneidades”, de recuerdos de balnearios y, por qué no decirlo, del síndrome del payasismo, como lo dijera el liberal Carlos Alberto Montaner, usando lenguaje campechano, como si el pueblo estuviera para juegos, para “acercamientos” tan chaplinescos y llenos de marketing. Se nota que el concepto de desarrollo que manejan está muy vinculado al asunto de la diversión, tal y como lo han hecho estos 16 años neoliberales: casinos, bares, night club, restaurantes, y otros establecimientos como Hertylandia.
En el artículo aludido la firmante habla de humildad, de volver a intentarlo, pero lo hace tomando distancia de una realidad de la cual participó y que el candidato a presidente de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, Daniel Ortega, no ha renegado de ella, más bien la ha asumido con tesón y ha dialogado con la gente que en su momento le adversó, si no ahí están los aliados para corroborarlo.
Es fácil tomar distancia desde las comisuras de un artículo de opinión, como lo dijera Silvio Rodríguez, de una realidad que es patente en nuestro país. Es decir, que se debe superar enfrentándola, aceptándola y dialogando sobre ella, como lo ha hecho el FSLN y específicamente el comandante Daniel Ortega, desde dentro de los hechos mismos. Es fácil salirse de los errores y hoy decir que se falló, cuando habría que valorar quién ha estado ahí, a la par del pueblo, de ese pueblo que ha sido engañado durante 16 años como bien lo expresara recientemente la comandante Chaparra, el comandante Chispero y el comandante Tiro al Blanco de la Resistencia que hoy se encuentran en la Alianza Nicaragua Triunfa encabezada por el FSLN. Quién mejor que ellos.

Licenciada en Relaciones Internacionales
milliurbina@yahoo.es