Opinión

¿Qué queremos decir?



Miembros del Centro Nicaragüense de Escritores
I
Las palabras maquiavélico, democracia y mediocre, entre otras, siguen en la picota.
Han perdido su significado original primario y han pasado a ser peyorativas, especialmente en nuestro suelo patrio.

II
De Maquiavelo dijo Francis Bacon: “Hay que agradecer a Maquiavelo y a los escritores de su género el que digan sin disimulo lo que los hombres acostumbran hacer, no lo que deben hacer”.
Don Nicolás retrató las pasiones humanas con una maestría que, al decir de Shakespeare, logró plasmar un espejo del alma de la humanidad.

III
Pero la palabra maquiavélico suele percibirse como la justificación de la inmoralidad, no es extraño escuchar que su obra se resume en decir que el fin justifica los medios. Pero don Nicolás no analizó cuál era el mejor gobierno, sino las técnicas políticas adecuadas para asegurar y conservar el poder.
Visualizó el arte de combinar calculadamente las voluntades individuales para alcanzar las metas, así manifestó que es obligación de un político superar el acaso con sagacidad y resolución, evitando que la adversa fortuna rija su derrotero.
Es por eso que sus detractores, principalmente los fundamentalistas, centran los ataques en la tesis resultante de que el fin justifica los medios, ignorando el contexto en que fue escrito El Príncipe y de espaldas al resto de su obra.
IV
Don Nicolás sostiene que para conservar el poder y el orden es necesaria la autoridad de un príncipe fuerte. No creyó que esa democracia funcionara a menos que al verla en peligro se esté dispuesto a enviar 15,000 militares adicionales (a Irak) para matar en nombre de la democracia que hoy es sinónimo del príncipe fuerte.
Alude Gonzalo Martínez Corbalá, en su artículo ¿Maquiavelo en Irak? Que cuando Maquiavelo habla de “Los principados mixtos”, esto es, cuando se trata de aquellos que no son enteramente nuevos, sino que son añadidos a otro que ya se poseen, existe la necesidad natural y común de que el nuevo príncipe ofenda a sus nuevos súbditos, ya con tropas, ya con una infinidad de otros procedimientos molestos que en el acto de su nueva adquisición llevaba consigo”.

V
Si escuchamos o leemos la palabra democracia, seguramente entendemos que es la voluntad de la mayoría. Pero el pueblo estadounidense ha dicho, lo ha gritado, puesto en mantas y marchas y solicitado a su Congreso, que la guerra contra Irak finalice.
Extraña democracia. Muchos oficiales del Ejército de Estados Unidos rehúsan ir a Irak. Hay oficiales que consideran ser cómplices de crímenes el servir en esa guerra.
Reportes del primer teniente Ehren Watada, de 28 años, narran que expresó públicamente su rechazo a ir a Irak, mientras el Pentágono disimula la existencia de rechazos no tan públicos, pero basados en objeciones de conciencia de sus soldados.

VI
Creemos que no sólo los Estados Unidos y sus cada vez menos y poco firmes aliados se van a empantanar en Irak, sino que con la palabra democracia va a pasar algo similar a lo que ha pasado en Nicaragua con la palabra pacto.
Ya no va a ser un honor pelear por la democracia, sino una afrenta que implica aceptar el cometer crímenes de guerra e ir en contra de los dictados de las conciencias.

VII
Hoy cuando decimos mediocre, expresamos un concepto despreciativo, completamente despectivo, sin tomar en cuenta que lo mediocre es todo lo que está en medio, entre lo sublime y lo abyecto, entre lo extraordinariamente bueno y lo execrablemente malo.
Mediocre es un término medio, no mediatizado ni inferior. Somos los del montón, los que no destacamos por encima de todos. Despreciar lo mediocre es como un desprecio a una inmensa mayoría de la humanidad. Aun la Real Academia ya ha incluido como una segunda acepción que lo mediocre es algo tirando a malo.

VIII
Creemos que subiendo el nivel de mediocridad mejoraríamos nuestra especie en igual proporción, conscientes de que debemos aspirar a lo excelso en cuanto al arte, la educación superior, deportes y a la dirigencia.
Aun cuando hay algunos más mediocres que otros en los campos que requieren lo excelso, no es raro encontrar que quienes se creen mejores son los que están más cerca de la media, es decir de la mediocridad.

IX
Para los grados 33 en el augusto escalafón ante el G.A.D.U., nuestras inquietudes no pasarán de ser solamente difusos planteamientos frente a su tesis de tener como único dogma su oposición a los dogmas.
Todo es nada dirá un gran maestro al aceptar con humildad que si se busca un “siempre”, éste “nunca” se encontrará.

Managua 28 de junio de 2006
elsavogl@ibw.com.ni