Opinión

Si yo no trabajo no como


En nuestro país 16 años de gobiernos fondomonetaristas han impuesto el colonialismo interno que se heredó desde la época que yo llamara en otro trabajo razón colonial, y que sólo la revolución sandinista hizo añicos. Podríamos decir que los efectos de dominación actuales van más allá de los reductos donde habitualmente se le ha estudiado: cortes, aparatos de justicia, instituciones estatales, escuelas, iglesias, universidades, pues se ha extendido a través de una fina red de relaciones, tensas y cambiantes que permean cada aspecto de la vida social, incluyendo elementos tan íntimos como el cuerpo y la sexualidad.
Recuerdo muy bien que en un congreso en Puerto Rico se hablaba de la colonización de lo cotidiano, en el sentido que esa dominación se introduce radicalmente en todo el tejido social. Dicho de otra manera y siguiendo a Michel Foucault, esa dominación (poder dice el maestro) no pesa sólo como potencia, sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, crea discursos, hasta el punto de “orientar conductas”.
Esto lo definió el mismo Foucault por medio de lo que denominó “micropoder”, que específicamente se puede roturar como “poder pastoral”, el que no cabe como mesianismo, ni como estructura, ni institución, sino como una red productiva que pasa por todo el sistema social. En otras palabras, es un estatuto ontológico desde el cual se construye la sociedad y todos sus disciplinados, incluyendo a sus refractarios, si parafraseamos al neoliberal Popper.
Lo esencial de este poder es que ejerce una conducción espiritual de los individuos y forja las condiciones de enajenación más allá de las simples imposiciones de las posibilidades, pues fija y estructura los canales sociales de producción de la subjetividad humana. Habermas diría que el acto comunicacional envuelve las claves de ese poder que conduce a través de sus tres mundos: social, de verdad y subjetivo, sin embargo, Foucault va hasta las últimas consecuencias, pues para él ese poder construye y orienta el despliegue conductual de la sociedad.
Para emparentar un poco no sólo con la realidad nacional, sino con una más específica como es la oferta electoral, podemos decir que en esta época, de forma recurrente, se escuchan frases como “si yo no trabajo no como”, en un amplio rechazo de cualquier promesa electoral. Ahí se trasluce, al menos, una actitud de desencanto, un efecto de dominación, pues en su mayoría esa persona que en algún momento lanza esa afirmación termina depositando su voto y en estos 16 años lo ha hecho de forma equivocada, puesta sido de forma conductual y, por lo tanto, se ha convertido en una prolongación de los esquemas impuestos desde la red de sistema.
Es decir, esta persona, allende de su desencanto con la trapacería de los gobiernos fondomonetaristas, vota, pero lo hace con miedo, inducido, acarreado, pues, como hemos venido sosteniendo, se ha puesto en marcha una certera juntura entre individuación y totalización, es decir, es un entramado a través del cual se controla los procesos individuales para luego conducir los procesos totales.
¿Por qué es necesaria esa nueva dinámica de las formas del poder que luego tiene efectos en los resultados electorales? Porque el poder hoy debe funcionar de forma discreta y silenciosa, racionalizado y, cuyo resultado, al menos anteriormente, ha sido ajustado a los intereses del mismo. ¿No fueron acaso las elecciones anteriores conducidas por medio de la reproducción de un discurso falsificador de la realidad en detrimento de una opción favorable y emancipadora como ha sido la del FSLN?
Es decir, los discursos que por lo general han circulado cada vez que se acercan las elecciones son para expropiar la resistencia a ese mismo poder y hacer creer al elector que si no trabaja no come, en un afán de moldear su racionalidad y acomodarlo en un conformismo malsano. ¿Acaso esa mentalidad no envía un mensaje en el que se lee que las personas sólo deben trabajar para comer? Esto es un reduccionismo rapaz de las aspiraciones de la población, en detrimento de las posibilidades de desplazarse por la vida de una manera decorosa.
Entonces podemos decir que ese discurso que se ha articulado de forma silenciosa se ha vuelto una estructura o un “esencia fagocítica” que todo lo devora, que no deja espacio para la reflexión. Es por ello que en la actualidad el FSLN y la Unidad Nicaragua Triunfa se presentan como la única alternativa para desmontar esa mentalidad conformista del si yo no trabajo no como, pues está sumamente comprobado que esa frase y esa mentalidad se han impuesto durante estos 16 años de gobiernos fondomonetaristas, y el FSLN y la Unidad Nicaragua Triunfa a través de su Programa de Reconciliación y Unidad Nacional proponen una emancipación de la subjetividad para alcanzar una remodificación de las oportunidades y las opciones de aquellos a los que se les ha vendido la idea de que en la vida sólo se debe trabajar para comer y no para construir un futuro mejor.

cmidenceni@yahoo.com