Opinión

Ramcés y el buen rock: mensajeros de paz y amor


La noche del 29 de julio de 2005, en el Teatro Nacional Rubén Darío, tuvimos la dicha de ser espectadores del concierto homenaje de celebración de los 13 años de vida artística del dúo Ramcés.
Fue una noche mágica y placentera, tanto por los temas escogidos como por la calidad interpretativa del dúo, el que, acompañado de un grupo de selectos músicos y cantantes y amparado en un excelente equipo de apoyo, hizo posible que evocáramos, con mucha nostalgia, hermosos tiempos pasados.
Tiempos de buena música, de música joven, rebelde y romántica, retadora --por su letra y armonía-- del status quo; poesía hecha música; música hecha protesta contra la guerra de Estados Unidos contra el pueblo de Vietnam; reclamo de una sociedad justa, equitativa, solidaria, en la cual privara la paz y el amor como divisas naturales a alcanzar por la especie humana.
¡Qué noche más hermosa la que nos ofreció Ramcés! Un menú selecto digno del más exigente gourmet; delicia para nuestros oídos y bálsamo para nuestras almas; buen rock, buenas baladas, buenas voces, preciosos violín y violoncelo, sentidas guitarras, profundo requinto, delicados y agitados teclados, vívidos tambores.
Recién iniciado el concierto, César Torres nos comunicó la triste noticia del fallecimiento --apenas dos horas antes-- de la madrecita de Ramón, su compañero de avatares e historias, de penas y alegrías por la música. Después de la expresión de asombro condoliente, salida de cientos de gargantas del público ahí convocado, vinieron los aplausos; nutridos, fervientes, solidarios. Era como si con ellos cada uno de los presentes quisiera abrazar a quien apenas minutos antes, y sobreponiéndose a dolor tan profundo, acababa de hacernos volar en el tiempo con la sentida interpretación de una de las piezas de Santana.
Llevé a mis hijos, con excepción de la mayor, todos menores de 21 años, con la esperanza de que supieran apreciar el buen rock de todas las épocas. Acostumbrados como están los jóvenes de hoy a escuchar --en un importante porcentaje-- música de muy mala calidad (y no me refiero a los géneros musicales, sino a la calidad de muchos temas) servida por las distintas radioemisoras y canales de televisión dedicados a este quehacer, y tomando en cuenta que el concierto estaba dedicado a música de los años 60, 70 y 80, principalmente, era de esperar que a lo sumo una que otra pieza musical resultase de su agrado o, cuando menos, fuere merecedora de su compasión.
Cuál fue mi sorpresa cuando, en la medida en que transcurría el concierto, todos ellos, sin excepción, se fueron contagiando de mi entusiasmo y del de los más de mil espectadores que abarrotaron esa noche la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío.
Atronadores aplausos, expresiones de júbilo y algunos silbidos de aprobación salieron de sus manos y gargantas; comentarios posteriores sobre la excelencia de los cantantes y músicos y la belleza de las piezas interpretadas me dieron la mejor medida de la calidad del rock disfrutado esa placentera noche. Realmente fue una experiencia de rebeldía por el amor y la paz, como la de aquellos apasionantes años.
Como se aproxima el aniversario de ese concierto, quiero recomendar a Ramcés su reedición, en ese mismo escenario y con los mismos músicos, si fuere esto posible. Vale la pena repetir esta historia. Los mensajes de amor y paz y de rebeldía contra lo malo del sistema siempre serán bienvenidos, y los integrantes del dúo Ramcés con su buen rock sabrán ser de nuevo buenos mensajeros.

Managua, 15 de junio de 2006.