Opinión

La izquierda y la derecha nicaragüense en Bobbio


A mis amigos nicaragüenses de izquierda en Salamanca

Cuando Bobbio escribió su libro “Derecha e izquierda” nunca creyó que llegase a ser un best seller, ni que tendría tanta repercusión entre la intelectualidad y aquellos interesados en buscar respuestas a las dudas devenidas de la consideración del ser humano como hombre social y político.
En la edición que incluye la respuesta del autor a sus detractores y críticos (Destra e sinistra. Ragioni e significati di una distinzione politica, Donzelli, Roma, 1995) el autor resume los principales juicios a su propuesta, que serían: 1) quienes continúan sosteniendo que izquierda y derecha quizás sean nombres sin sujetos; 2) quienes sostienen que la díada es válida, pero no aceptan el criterio que el “filósofo-best seller” acuña, 3) aquellos que aceptan la distinción, pero consideran el criterio de diferenciación insuficiente.
La diferencia entre izquierda y derecha en Bobbio se centra en el juicio sobre el ideal de igualdad y sobre la percepción de aquello igual o desigual en los hombres. Serán de izquierda aquellos que consideran la igualdad natural en el hombre y buscan la superación de las desigualdades sociales. Serán de derecha aquellos que creen en la desigualdad natural, por definición ineliminable, y tienden más a aceptar aquello que es natural, según lo consuetudinario, la costumbre, la tradición y la fuerza del pasado.
El ideal se hizo ostensible en el artículo 3 de la Constitución italiana (1948), que acoge los postulados de la igualdad formal y la igualdad sustancial. Mientras la primera asume la protección los derechos de libertad del hombre y proclama la aplicación igual de la ley y la posición de igualdad del ciudadano frente a la misma, la segunda asume necesario desarticular los obstáculos que impidan de hecho o de derecho la creación de oportunidades que lleven a la igualdad de los hombres. La primera es un producto del Estado liberal de Derecho, y la segunda, de las consideraciones sobre el Estado social, sobre las que nos hemos pronunciado anteriormente (END, 8/04/2005, 4/07/2005).
La diferenciación entre derecha e izquierda hecha por Bobbio cobra vida en las cláusulas políticas insertadas en el cuerpo de la Constitución italiana. 1948 viene a ser un año en el que a través de las disposiciones antes citadas se acuña en esa Carta Magna las disputas y tensiones del momento sobre el ideario de la igualdad sostenidas por uno y otro bando político. El gran resultado posterior no sólo en Italia, sino también en la Europa de postguerra, viene a ser la puesta en práctica de los postulados de la igualdad sustancial y el Estado social de Derecho a través de la materialización de derechos civiles, económicos y políticos de diversa naturaleza y alcance.
Así pues, la educación obligatoria y gratuita en todos sus niveles --incluso a nivel universitario--,el fomento de las viviendas de protección oficial, la sanidad pública y gratuita para todos, el respeto a las normas y reglamentos, la capacitación y creación de un cuerpo especializado de la administración pública, reglas tributarias claras y un largo etcétera forman parte de las medidas políticas tomadas para dar vida a tales postulados dentro de la idea de superación de las discriminaciones y obstáculos que impidan la igualdad.
En Nicaragua, sin embargo, la cláusula del Estado social de Derecho y de la igualdad sustancial entendida de la forma en que se acuñó en las constituciones europeas de postguerra no fue introducida sino hasta las reformas de 1995.
Por esta razón, creo que cabe señalar hasta tal fecha el reconocimiento expreso de las bases constitucionales y políticas de la igualdad (base de la diferenciación de Bobbio) y el Estado social de Derecho. Nicaragua entra con retardo en el conjunto de naciones que aspiran a concretar los ideales igualitarios y, consecuentemente, a intentar concretar mediante los respectivos instrumentos jurídicos y políticas públicas la creación de tales condiciones.
Lo interesante del caso es que, precisamente a inicios de los años noventa, se empieza un proceso de achicamiento del Estado intervencionista --a través del modelo económico neoliberal-- que tiene por objetivo, entre otros, reducir gastos en el aparato estatal y crear un Estado regulador de la actividad económica, evitando cualquier sesgo intervencionista al respecto, con la esperanza de que el aumento de la actividad económica conlleve el aumento de la calidad de vida de los ciudadanos.
En esta línea, resulta interesante observar que las recetas económicas que se nos han estado dando hasta el momento impiden un rol activo del Estado en la conformación de las condiciones propias del Estado social de Derecho, que por definición es un Estado que tiende a la creación de bienestar entre sus ciudadanos, interviniendo jurídica y fácticamente en la creación de instituciones que promuevan la igualdad ciudadana.
La reducción del Estado de la manera que se ha estado dando en Nicaragua se entendería si fuese el resultado de la aplicación de las políticas antes señaladas. Sin embargo, tal situación no se ha dado en Nicaragua, porque gran parte del presupuesto público servía para sufragar los gastos ocasionados durante los años ochenta y parte de los noventa, que nada o muy poco tenían que ver con la implementación de políticas públicas propias del Estado social de Derecho.
Se puede entender la lógica del sistema de implementación de las políticas neoliberales de reducción del Estado en el extranjero --al margen de si se está o no de acuerdo con ellas-- si se está claro del gran gasto fiscal que supone poner en marcha los derechos sociales y económicos del Estado social. Pero en el caso nicaragüense ello no es así, porque nunca se ha implementado una política estatal continua y seria que lleve a concretar los postulados de la igualdad sustancial y el Estado social de Derecho. Es decir, en pocas palabras, estamos de regreso sin nunca haber estado.
Así ello, las premisas sobre las que se yergue el análisis de Bobbio en el jovencísimo espectro político democrático nicaragüense --llevamos apenas 16 años de paz e intento de democracia-- parecen desvanecerse. ¿Quién o cuál es el partido político que en su programa de gobierno haya previsto o implementado políticas públicas coherentes con las premisas de análisis del turinés?
Creo que sobran las palabras para entender que la “izquierda” política nicaragüense carece absolutamente de las características de diferenciación establecidas por Bobbio con respecto de la derecha. Incluso, creo que en ocasiones esta última no es encasillable en las teorías del profesor italiano.
Lo anterior puede explicarse entendiendo, en primer lugar, que en Nicaragua apenas estamos empezando con la construcción de un Estado institucional, y en segundo, porque la tradición política local ha sido desde siempre cualquier cosa menos democrática. 16 años son poco tiempo para formar una clase política responsable de sus actos, que actúe conforme a un ideal claro, planes a largo plazo y permanentes, así como decisiones que expresen un actuar político en pro del bienestar del pueblo.
En definitiva, la izquierda y la derecha nicaragüense, al menos en lo que toca a las premisas de análisis de Bobbio, se encuentran en un estado inicial de gestación. Será interesante saber de cara a las elecciones de noviembre qué es lo que los respectivos candidatos piensan hacer según sus programas de gobierno y el necesarísimo debate de candidatos que tanto nos merecemos. Quizá entonces podamos definir la izquierda y la derecha nicaragüense según Bobbio.

balladares@usal.es
Salamanca, mayo de 2006