Opinión

Modelo neoliberal igual a modelo de los TLC


El modelo económico de los Tratados de Libre Comercio (TLC) es un apéndice del modelo de crecimiento hacia fuera, del modelo neoliberal iniciado hace dos décadas. El modelo neoliberal es un modelo de competencia externa donde el país que dé mejores condiciones económicas es más atractivo y más ganancias deja al inversionista, principalmente extranjero. Este modelo entra en contradicción con la lucha contra la pobreza, las desigualdades económicas, el desarrollo social y económico, el empleo, el crecimiento de la economía informal, la migración interna e internacional, etc. El angustioso desempleo hace que los trabajadores busquen medios de subsistir en la economía informal o emigren a lo interno o a Estados Unidos.
Entre 1995 y 2003 el sector informal subió de 8.6 a 10.7 millones de personas, representando el 26 % de la Población Económicamente Activa (PEA). El objetivo principal del inversionista es amasar grandes ganancias. De ahí, que los inversionistas contengan el salario que necesitan para mantener los salarios bajos que reducen el consumo y el bienestar de los trabajadores, establecen condiciones injustas e ilegales, como son las condiciones de salud y seguridad en el trabajo, incluyendo el trabajo de menores, y llevan a cabo un ajuste estructural que evidencia una deficiencia estructural para un crecimiento sostenido con generación de empleos y salarios que cubran al menos la canasta básica. Una política fiscal y monetaria que restringe la producción, el consumo y la inversión local productiva y una liberalización sin medida del comercio exterior.
Estas reformas estructurales son las recomendadas por el Consenso de Washington (CW) y se refieren a equilibrios macroeconómicos tales como el control de la inflación y el presupuesto. Apertura irrestricta del comercio exterior, del sistema financiero, la inversión extranjera, la privatización del sector público y la desregulación de las actividades económicas. Una reforma fiscal y un marco institucional para proteger los derechos de propiedad.
En Nicaragua podemos ubicar el inicio del modelo neoliberal en la década de los 90 cuando la Unión Nacional Opositora (UNO) tomó el poder. En esa década se estimuló las exportaciones y se adoptó dócilmente el CW: estabilizar la inflación, reducir el déficit fiscal despidiendo y cerrando dependencias del Estado, reduciendo los gastos sociales y estimulando la inversión extranjera a través de ventajas como exoneraciones y abusos sobre la fuerza laboral. Hemos de recordar que con el “gobierno de la línea férrea” (la UNO) en el poder fue que se realizó “la venta” de la línea férrea que actualmente tanto necesita el país.
Este modelo hacia fuera está diseñado para estimular las exportaciones de productos alimentarios producidos por las grandes compañías extranjeras, las cuales poseen las más grandes y mejores tierras, grandes fábricas pecuarias y de procesamiento de comida poniendo en desventajas a los pequeños y medianos productores. Estas inversiones extranjeras están supeditadas a la economía estadounidense y a los precios internacionales, por tanto, el empleo, el salario y los abusos laborales están a dispensa de estas variables.
Así, la mayoría de la población terminaría siendo obreros del campo o la ciudad y las mejores unidades productivas estarían en manos de inversionistas extranjeros: el pueblo ya no sería el dueño de sus tierras. El país ya no tendría independencia alimentaria. Las grandes distribuidoras de alimentos como la cadena de supermercado MS Grant, Wal-Mart, Croger y otras amasarán jugosas ganancias, y dejarán en el país alimento de inferior calidad como alitas y pescuezos de pollos exportando la pechuga. Los salarios cubrirán sólo una porción de la canasta básica.
Analizaremos brevemente las transacciones externas y el empleo de México con arreglo al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCNA).
Entre lo beneficioso del Tratado que sus proponentes repiten está la generación de empleos, mayor inversión extranjera, diferente clase de insumos y producción, mayor oferta de productos, como resultado, más fácil obtener bienes de consumo de mejor calidad y precios.
Una buena cantidad de empleos depende de la inversión extranjera directa (IED), principalmente en la industria manufacturera y la maquila, que en sus exportaciones cubren hasta el 90% del total exportado. La IED se concentra en el procesamiento de comida, el que se ha duplicado desde 1993 a 2000. Las principales inversiones son en la industria de la pasta, confitería y carne enlatada. Al mismo tiempo, los inversionistas extranjeros poseen más del 90% del sector financiero y poco a poco se adueñan de los principales medios productivos. Las exportaciones crecen, pero las importaciones crecen más rápido, generando un déficit perpetuo y creciente de la cuenta corriente en virtud de un mercado interno totalmente descuidado y falta de un programa de sustitución de importaciones de bienes de consumo y de bienes intermedios. Entre las principales importaciones están los químicos, productos plásticos, textiles, calzado, etc.
No vemos por ningún lado productos alimenticios que produce América Latina, éstos son distribuidos por las grandes corporaciones transnacionales (CTN) que poseen los mejores activos, que sacan anualmente billones de dólares en concepto de remuneraciones, ingresos sobre la inversión directa y de portafolio, intereses, dividendos, renta, etc., que drenan las divisas junto con las amortizaciones. La deuda externa crece en forma continua.
Cuando la recesión en 2001 en Estadios Unidos, la corriente de IED disminuyó en forma drástica y las CTN salieron apresuradas para otros países en busca de más bajos salarios. La IED en 2002 se contrajo en 37%, y en 2003 en 25% con relación al año anterior. Entre 1993 y 2003 el número de empleos creció en ocho millones de personas. No obstante, ese crecimiento fue puro espejismo, ya que la PEA crece más rápido que los empleos generados en virtud de un pobre crecimiento económico por la insuficiencia del mercado interno. A causa de un mercado interno deficiente, por tanto, una producción local escasa, los insumos adquiridos para el mercado interno son mínimos: la industria maquiladora adquiere insumos locales menos del 4% de su valor agregado.
Entre 2001 y 2005 el promedio anual de crecimiento de la PEA fue de un millón 200 mil personas. En ese periodo creció en cinco millones 200 mil personas que no fueron empleadas por la economía mexicana, ya que sólo crearon 327,647 empleos.
Éste es el proyecto que nos lega el modelo neoliberal que es igual al modelo de los TLC: un débil mercado interno, una política monetaria y fiscal que no permite el desarrollo productivo, una contención del salario y una escasez de empleo que no es cubierto por el plan planteado, y un desbloqueo de las transacciones externas.