Opinión

La crisis del transporte público


Si tres gobiernos neoliberales de la derecha liberoconservadora durante 16 años no han podido diseñar una política estratégica del transporte público nacional, no merecen el voto popular otra vez.
Violeta Chamorro desintegró el ferrocarril de Nicaragua para venderlo como chatarra. Destruyó así el medio de transporte más barato de la producción nacional de consumo interno y de exportación. El gran objetivo: favorecer a las transnacionales del petróleo y de los combustibles, a las productoras de camiones y furgones, a las compañías que producen llantas, aceites, lubricantes y repuestos, etc. Si en Estados Unidos se desintegrara el sistema de ferrocarriles, seguramente la economía más grande del mundo quebraría en pocos días. No podemos pensar en puertos de aguas profundas en la Costa Caribe ni en canal interoceánico.
El gobierno liberal de Arnoldo Alemán traspasó a la Alcaldía de Managua (gobernada por el sandinista Herty Lewites), la responsabilidad del transporte público de la capital. Fue otra deserción más del gobierno neoliberal ante un problema prioritario para la economía nacional, porque casi un millón de nicaragüenses necesitan transportarse en buses diariamente para poder trabajar y estudiar. Sin embargo, el gobierno no trasladó a la municipalidad la facultad de cobrar todos los impuestos relacionados con el petróleo y sus derivados. Más trabajo, pero sin reales.
La política de importación de chatarras, mal llamadas buses, comenzó durante el gobierno de Violeta Chamorro. Empezaron a llegar a nuestro país muchos buses amarillos, que en Estados Unidos ya no los usan en los colegios por haberse vencido su vida útil. Ningún gobierno neoliberal ha intentado detener dicha importación irresponsable que puede considerarse una de las causas de muerte en los frecuentes accidentes de tránsito en que se involucran los buses”.
El más impresionante lote de buses nuevos que vino a Nicaragua en las últimas décadas, es sin duda, el conformado por casi 500 buses, que el gobierno sandinista, encabezado por Daniel Ortega en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, compró e importó desde España, Bulgaria, México, Brasil y Argentina. Así, los nicas pudimos disfrutar de buses nuevos, durante la revolución y en medio de la guerra, de diferentes marcas (Pegaso, Chavdar, Dina, Mercedes Benz). Violeta Chamorro recibió unos pocos buses nuevos de Japón. Todavía se observan circulando esos buses que vinieron nuevos hace casi 25 ó 12 años. Ya son buses viejos y están siendo repintados. Durante la década llamada revolucionaria, existieron dos empresas estatales de transporte: Enabus y Enabin. La primera era la empresa nacional de buses, y atendía el transporte urbano de Managua principalmente. Y la segunda, era la empresa de buses interurbanos, es decir, entre ciudades. Hubo mucho esfuerzo por ordenar el transporte público.
Una parte importante de los actuales cooperativistas del transporte público (buseros o empresarios transportistas), surgieron de la privatización y desquebrajamiento de las empresas estatales de transporte público, iniciados en 1990. Esos trabajadores pertenecían a sindicatos fuertes y formaron cooperativas, que al igual que la inmensa mayoría de cooperados y pequeños propietarios, no poseen financiamiento de la banca privada ni del Estado. En una economía con reglas de capitalismo salvaje, estas cooperativas han logrado fortalecerse y crecer, pero no son consideradas parte del gran capital criollo. Sin embargo, manejan literalmente el control de un aspecto fundamental de la economía estatal y de las empresas privadas nacionales y extranjeras: el transporte de la mano de obra. Al gran capital le gustaría apoderarse del transporte público, así como lo ha hecho con la energía, el agua, la televisión por cable, las tarjetas de crédito, el internet, etc.
El actual alcalde de Managua, el sandinista Dionisio Marenco, ha dicho que se está diseñando el famoso bus-way. Los empresarios privados ya están haciendo planes similares. Si en algún momento se hace realidad la vía especial para el transporte público de Managua, por lo menos que no se olviden que todas las terminales de buses existentes en Managua y en las principales ciudades, son hasta el día de hoy, verdaderos basureros, lugares incómodos e inseguros. Las terminales de buses deben ser lugares seguros, decentes y agradables. Algún día romperemos en Nicaragua con esa equivocada y fatal asociación: mercado y terminal de buses. La gestión de Marenco se ha fortalecido al firmar un convenio de compra de petróleo a Venezuela, para abastecer a las alcaldías de Nicaragua y favorecer al transporte público, a través de la creación de Alba Petróleos de Nicaragua.
Solamente los grandes empresarios privados nacionales y extranjeros pueden subir las tarifas de sus servicios, y ante eso la población no debe protestar. Pero las cooperativas de transportistas no pueden hacerlo, aunque el precio del barril de petróleo sobrepase los 70 dólares. El gobierno de Enrique Bolaños no ha sido capaz de cobrarle un impuesto de 3% a las ganancias de las compañías petroleras para subsidiar el transporte público, compañías que en Nicaragua han declarado 400 millones de córdobas de ganancias anuales. Esas grandes compañías que a nivel del mundo son de las que más ganan, aún en medio de la crisis energética agudizada por la invasión y ocupación de Irak y la amenaza de guerra contra Irán.
El Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y sus aliados no quieren dar sus votos en la Asamblea Nacional para aplicar el impuesto del 3% a las petroleras porque, obviamente, las petroleras pueden financiar su campaña electoral. El gobierno y el PLC defienden los intereses de las grandes compañías extranjeras. En las grandes ciudades del mundo el transporte público es subsidiado por el gobierno central o las alcaldías. Hace aproximadamente cuatro meses, en New York hubo una importante huelga de los trabajadores del transporte público de la Gran Manzana. La ciudad considerada la capital del mundo fue paralizada. Los trabajadores pedían entre otras cosas: no aumentar la edad de jubilación, aumento salarial y tiempo para descansar y poder orinar con tranquilidad durante la jornada laboral.
Nos han globalizado con la publicidad escandalosa de automóviles último modelo, los cuales no pueden ser comprados por la mayoría de los nicaragüenses. Hace dos décadas decían que los carros serían más baratos si eran ensamblados en México, Brasil o Argentina. Falso. Los carros siguen igual de caros o mucho más caros. Las televisoras nos aturden con las marcas, modelos, colores y diseños de autos cuasi-espaciales. Uno de cada cuatro anuncios de televisión es sobre autos. Muchos jóvenes ven en el automóvil un fin y no un medio. ¿Cuándo las grandes compañías productoras de carros en serie y las grandes petroleras harán el gran esfuerzo con los gobiernos del mundo, en producir suficientes buses o medios de transporte colectivos para toda la humanidad? ¿Cuándo nos presentarán los buses último modelo que transportarán dignamente a los seres humanos y que contaminarán muy poco al planeta Tierra? Todas las transnacionales de la industria automovilística deberían de producir como prioridad medios de transporte colectivo y no tantos carros individuales. A propósito, los grandes importadores de autos deberían importar suficientes buses nuevos y camiones recolectores de basura y hacer convenios con el Gobierno y las Alcaldías para beneficiar a la población, ya que tanto hablan ahora los capitalistas de una tal responsabilidad social empresarial. Ayudarían así, a resolver dos grandes problemas: transporte público y recolección de basura.
Si el transporte público en las ciudades latinoamericanas fuera bueno, entonces, la gente no necesitaría comprar tanto automóvil para congestionar las calles, aturdirnos de ruido y contaminar el aire y las aguas (ha escrito Eduardo Galeano en su artículo “El imperio de las cuatro ruedas”). El modelo neoliberal ha priorizado el transporte individual sobre el transporte colectivo, ha dicho el economista y columnista Francisco Laínez. Nadie puede negar que un agradable paseo en autobús es una manera de disminuir el estrés. Eso lo han experimentado los habitantes de grandes ciudades cuando las autoridades han decidido regular el tráfico de vehículos. En México D.F., es más fácil y rápido llegar por metro a muchos lugares que intentar llegar conduciendo un automóvil. En fin, parece que la solución del problema del transporte público es otro gran reto de la humanidad en la época de la globalización egoísta y excluyente (hasta del derecho a transportarse dignamente).