Opinión

Autoritarismo y miedo a la libertad

En la novela Con sangre de hermanos, de Erick Aguirre, se aborda oportunamente una realidad histórica grisácea, sin simplificaciones maniqueas que solamente insultarían la inteligencia

La novela Con Sangre de Hermanos (2002), de Erick Aguirre, narra aspectos importantes de la historia reciente de Nicaragua (1970’s – 1997). Pero, más que darnos a conocer una serie de hechos verificables o no, una lectura medianamente profunda de este texto nos posibilita una reflexión mucho más interesante que la de un inventario de culpas. Más que hacer una crítica de orden ideológico, el autor proporciona interrogantes sobre el espíritu humano, el autoritarismo, el fanatismo, la represión, las aspiraciones de un pueblo cuyo cronotopo es la Nicaragua revolucionaria.
Quiero destacar aquí algunos pormenores técnicos en la forma de este relato, y hacer una reflexión sobre la personalidad autoritaria. Se trata de una prosa construida con lenguaje llano y un tanto coloquial, que intenta aparentar candidez, pero a nivel connotativo y en frecuentes reflexiones se muestra penetrante y capaz de tratar en forma oportuna una realidad histórica grisácea, sin simplificaciones maniqueas que solamente insultarían la inteligencia.
El discurso narrativo es polifónico, aunque se acusa a sí mismo de fragmentario. No lo considero así. Existe demasiada cohesión textual, y siempre es bastante fácil determinar los tiempos en que se está narrando. Las transiciones cronológicas son bastante claras, y no se prestan a la confusión que prevalece dentro de lo que se podría considerar como fragmentario. La polifonía consiste en la existencia de tres narradores: un narrador-protagonista (Gerardo), un documentalista anónimo que se desempeña como narrador semi-omnisciente y un narrador implícito que aparece de documentos oficiales, cuya función intertextual dota de voz a una antropomorfización del Estado, cuya faz muta a través del tiempo sin nunca renunciar a su naturaleza autoritaria.
En ambos textos oficiales está implicado el personaje Gregorio o Goyo; el primero lo redacta, y el otro es su declaración indagatoria. La forma de los textos se transforma como lo hace el Estado: el primero es de índole militar, y el segundo es civilista. Asimismo, ilustran el cambio en la situación de Goyo, en el primero él es un poderoso espía, y en el segundo, un delincuente, poco más que común. El primer texto es bastante grave; el segundo, gracioso. La analepsis más remota llega hasta la infancia de Gerardo, en donde él mismo recuerda su vocación militar en la temprana infancia, debido a la influencia de un tío guerrillero y las series norteamericanas de TV en donde aparecían héroes de las Fuerzas Aliadas.
Las prolepsis más avanzadas llegaron hasta lo que en la novela se considera contemporáneo (la segunda mitad de los 90). La elipsis más notable inicia al principio de la obra y concluye en su final con el encarcelamiento de Gregorio Suárez, luego que éste intentase infructuosamente asesinar a Arnoldo Alemán durante su toma de posesión. En este incidente cabe destacar un pasaje metonímico:
“…se recuerda a él mismo aconsejando a sus superiores, hablándoles del presentimiento funesto que le provocó desde el comienzo el vertiginoso ascenso político de aquel abogaducho gordo de típica estirpe somocista. Al reflexionar sobre eso no puede evitar pensar en el chino Fujimori, presidente autoritario de Perú, y en la idea que alguna vez escuchó mencionar en la radio, algo así como un nuevo concepto social latinoamericano eventualmente denominado “autoritarismo civil”. (265)
El valor metonímico de la cita anterior reside en sus operadores semánticos. Notemos el uso del término “autoritarismo civil” o su forma más usual en nuestro sociolecto nacional contemporáneo: “dictadura civil”. En un párrafo previo, en donde se aborda la salida de Gerardo Soto del FSLN, la frase “él seguía considerándose sandinista” es un fraseologismo común en la disidencia del FSLN de la actualidad. Esta frase es especialmente usual en el propio líder de esta importante tendencia nueva de la izquierda nica.
Los espacios topográficos en la novela abarcan en su mayoría espacios abiertos, algunos más abiertos que otros; por ejemplo, la montaña en comparación con la ciudad. Los períodos cronológicos tienen una división bastante nítida en la obra y son tres: el periodo pre-insurreccional e insurreccional, la década de los ochenta y finalmente el periodo de doña Violeta Chamorro hasta la toma de posesión de Alemán. La primera época es una de inocencia y de autorreconocimiento, tanto de los personajes como del consciente colectivo, que se muestra como personaje a lo largo de la obra. La segunda, una de traiciones, homicidios, la pérdida de la inocencia y la de la corrupción de quienes antes habían sido liberadores desinteresados. La última época es triste y coincide con la vejez relativa de Gerardo y Gregorio.
Veamos un pasaje de la primera época:
“Hasta que de pronto, una voz valiente de mujer gritó: ‘¡Abajo la dictadura!’ Todos quedamos en suspenso unos instantes. Yo me volví hacia donde había surgido el grito. Era mi madre”. (50)
El pasaje anterior va de lo político a lo simbólico, y hace una distinción entre el temor y la cobardía. Los ciudadanos no se expresaban por temor a la represión de la temida GN, y Somoza censuraba, no sólo a los periódicos, por cobardía. El acto cobarde de la censura de repente se enfrenta a una madre, la patria, que se acompaña de su(s) hijo(s). En esta primera época de inocencia es notable la inexperiencia y la primera percepción de este vicio histórico que en la siguiente década mostrará su cualidad cíclica; aparecerá en un mundo nuevo, en donde lo único que cambió fue la bandera política y el Producto Interno Bruto.
Si la ideología ha mudado y, sin embargo, los viejos vicios persisten, es de considerar que el problema nunca fue ideológico. Según Erich Fromm, el autoritarismo nace de una tendencia sádica por controlar a otros (masoquistas y conformistas), cuya necesidad de ser controlados reside en la incertidumbre de la vida independiente. Tanto el sádico como el masoquista son co-dependientes, y sus conductas emanan de una profunda desesperación y aversión hacia sí mismos.
El tiempo actual es narrado como una época de desempleo y pobreza generalizada, los personajes carecen de los roles preponderantes que ocuparon durante los ochenta en la sociedad, y las descripciones lamentan lo que pasó al país con la ironía de que se protesta por una sociedad con libre expresión que, sin embargo, no es libre. Las masas se conforman con los designios de unos pocos egoístas que alimentan ansias proporcionales a su propia inseguridad y falta de amor propio. Pero esto no es ideológico, es un problema de orden emocional. Una ideología puede ser la más altruista jamás ideada, pero si sus embajadores no han podido superar un sentimiento infantil de profunda inadecuación, los valores ideológicos jamás podrán ser desarrollados.
Asimismo, en el enajenamiento, sea este ideológico, nacionalista o de consumo, el individuo corre apresuradamente para hacerse a sí mismo, en la medida de lo que dice la autoridad o la idea dominante. En las sociedades de consumo vemos cómo los adolescentes derivan su identidad a partir de un género musical, esta preferencia determina sus valores, su habla, su vestimenta, y a veces el lugar que éstos ocuparán en las relaciones de trabajo. En el caso de los ochenta, habían distintas organizaciones en donde el nicaragüense podía encontrar un lugar para sí mismo: CDS, Juventud Sandinista, los niños sandinistas, los talleres del Ministerio de Cultura, etc. Todos ellos orientados a encontrar el lugar del individuo dentro del colectivo.
Con Sangre de Hermanos es una novela que muestra una Nicaragua que se intentó borrar de la faz de la tierra y que sus debilidades fueron primordiales para la consolidación casi total de esos propósitos. Sin embargo, esa sociedad es vista desde los ojos de dos hombres comunes y corrientes que, siendo en gran medida inocentes, sufrieron a manos de la autoridad, que primero les robó la juventud y la inocencia, y luego los descartó. La obra tiene una forma poco convencional e interesante, y en el plano del contenido, además de la reflexión hecha en este artículo, se detalla una época histórica que careció del escrutinio del sector público y, por ello, es misteriosa. Más aún para mi generación y las que vendrán.