Opinión

Enseñanza e investigación científicas, pilares sólidos del desarrollo del país


IDEUCA
Desde las distintas caras que presenta la pobreza de nuestro país, quizás una de las más importantes sea el analfabetismo científico y tecnológico con el que ingresamos al siglo XXI y a la globalización. La ciudadanía, sin quererlo, cada día más, entra en contacto directo con avances tecnológicos y científicos, cuyos códigos difícilmente logra entender. Las políticas públicas del país poseen un carácter disperso, parcial, fragmentario, desarticulado y no conforman un todo coherente y sistémico, en el que los ejes de la educación, la preparación científica, la investigación, el desarrollo de conocimientos y la democratización de la cultura científica básica formen un todo coherente. Es precisamente esta perspectiva la que puede augurar un modelo de desarrollo humano sostenible y no dependiente, endógeno y no exógeno, creador de riqueza y desarrollo económico para todos, sobre la base del desarrollo de una masa crítica de profesionales de calidad.
Cuando examinamos de cerca el discurso de la clase política en esta campaña electoral, la inexistencia de esta temática es total. Cabría preguntarse como país, ¿qué educación pretendemos?, ¿a qué tipo de formación científica de base aspiramos?, ¿qué papel jugará la investigación y creación científica?, y ¿en función de qué modelo de desarrollo debemos formar a los profesionales?
Por desgracia, uno de los rostros de la pobreza que están más patéticamente presentes en la vida pública del país, es la ausencia de interés por la ciencia de parte de los candidatos y medios de comunicación; ausencia de debate sobre el papel de la educación y la ciencia en el porvenir de la nación, y la total ausencia de políticas científicas y tecnológicas por parte de las instituciones competentes. La Declaración Mundial sobre la Educación Superior (París, 1998) nítidamente define la educación superior como un bien público, y el conocimiento generado en ella como un bien social al servicio de la humanidad. Por su parte, los analistas afirman que la acumulación de conocimiento se ha convertido en uno de los más importantes factores del desarrollo económico y de la competitividad de los países, lo que depende de la capacidad de innovar constantemente. En otras palabras, las ventajas comparativas entre los países dependen, cada vez más, del uso competitivo del conocimiento y de las innovaciones tecnológicas. Cuatro campos de acción sistémica nos parecen estratégicos cuando queremos avizorar un futuro sostenible y con capacidad endógena para el país: i) La política científica, ii) La enseñanza de las ciencias, iii) La investigación científica, iv) La popularización y desarrollo de una cultura científica. Esto exige que las instituciones competentes y los partidos aspirantes a gobernar, fijen estrategias claras al respecto, en el entendido que al no hacerlo estarán condenando al país a un desarrollo virtual, “de papel”, con una mirada corta de vista. Echemos una vista rápida:
La política científica: El país, a pesar de los esfuerzos que vienen realizando las instituciones involucradas, aún no cuenta con una política científica y tecnológica debidamente concertada con la comunidad científica del país, que parta de la realidad de pobreza y proporcione objetivos y estrategias efectivas para superarla y alcanzar el desarrollo económico y humano; tales políticas, para ser efectivas, han de contar con el apoyo presupuestario necesario. Posiblemente, en la región, somos uno de los pocos países que no cuenta con esta política, y que su apoyo presupuestario es pírrico o prácticamente inexistente. Mientras Estados Unidos destina un 2.84% del PIB a Investigación y Desarrollo, América Latina y el Caribe sólo invierten un 0.59%; la Unión Europea aporta el 27.2% de los científicos mundiales, América Latina y el Caribe sólo contribuye con un promedio de 1.78%; el aporte de Nicaragua a este indicador latinoamericano es imperceptible. Urge, por tanto, que los gobernantes actuales y futuros tomen conciencia de esto, y se comprometan a fortalecer o crear instancias de concertación y decisión sobre políticas científicas sostenibles, debiendo contar para ello con el presupuesto requerido.
La enseñanza de las ciencias: Enseñar ciencias en el sistema educativo es una tarea pendiente. Los programas de estudio desde la educación primaria hasta la educación media y la universidad poseen un carácter fragmentario, desactualizado y débil, y permanecen desconectados de los avances científicos internacionales y de las urgencias que tiene el país en esta materia. A los currículos CTS (Ciencia-Tecnología-Sociedad) que desarrollan muchos países integrando la enseñanza de la ciencia con la tecnología y la sociedad, nuestro país contrapone programas atomizados, encapsulados, teóricos y al margen de la sociedad en la que vivimos; la metodología de enseñanza continúa siendo tradicional, memorística y descontextualizada. Es preciso, al respecto, concertar una nueva perspectiva metodológica para enseñar ciencias en todos los niveles y modalidades educativas, de la mano con la realidad que vive el país, de manera que niños, niñas, adolescentes y profesionales se interesen y acerquen a la ciencia como arma poderosa para comprender el entorno, los fenómenos naturales y la realidad del país que es necesario transformar. Es de esta forma que el país estará propiciando la cultura científica y el “espíritu científico” como sólidos pilares de su desarrollo.
La investigación científica: Es notable el esfuerzo que la educación superior viene haciendo para promover la investigación científica con muy pocos recursos. Es paradójico, sin embargo, que se hayan debilitado las exigencias académicas en cuanto al nivel de preparación de los estudiantes en métodos y técnicas de investigación, desde el momento que tales cursos, cuando figuran en los programas de las carreras, tienen un carácter teórico nada aplicativo, y las formas de culminación de estudios están desplazándose hacia actividades de diversa índole que no desarrollan capacidad investigativa en los graduados. Con tal perspectiva se potencia un modelo de universidad en la que la investigación es elitista, patrimonio de institutos y centros especializados, y no parte esencial de las Facultades y Departamentos a cargo de la formación de los futuros profesionales. Es preciso un cambio de rumbo, fortaleciendo el apoyo presupuestario para la investigación y reorientando las transformaciones curriculares en todo el sistema educativo, orientando la enseñanza desde estrategias propias de la actividad investigativa.
La popularización y desarrollo de una cultura científica: Miles de personas no tienen acceso a la educación en ciencias y requieren de bases científicas para comprender el mundo y el país en el que les toca vivir. Hasta ahora no se desarrollan iniciativas para divulgar la ciencia con lenguaje fácil y atractivo, ni existen en los medios de prensa programas orientados con este enfoque. Urge acercar a la gente a la ciencia, no sólo para que logre comprender la tecnología con la que convive, sino para comprender mejor el país, mejorar su calidad de vida y contribuir a resolver los problemas que tiene la nación.