Opinión

Mejoremos la protección universal de los Derechos Humanos


El 9 de mayo pasado, la Argentina fue elegida para integrar el Consejo de Derechos Humanos, nuevo órgano de las Naciones Unidas que reemplazará a la Comisión de Derechos Humanos que funcionó desde 1947. Nuestro país fue electo por la Asamblea General de las Naciones Unidas como uno de los cuarenta y siete Estados que integrará el flamante Consejo de Derechos Humanos. Agradecemos a todos aquellos Estados que, al tener en cuenta nuestra trágica historia de violaciones masivas y sistemáticas de derechos humanos, valoraron la trayectoria y los compromisos que hoy tenemos en esta materia. Esta elección implica una profunda responsabilidad con todas aquellas personas, organizaciones y gobiernos que esperan que este organismo sea importante para garantizar una mayor vigencia de los derechos humanos en todo el mundo.
Esta nueva institución será permanente y dependerá directamente de la Asamblea General, lo que le permitirá abordar con la profundidad necesaria las violaciones de los derechos humanos en todos los países. Su labor deberá guiarse por los principios de universalidad, imparcialidad, objetividad, no selectividad y diálogo constructivo internacional, y deberá informar a tiempo a los organismos que, como el Consejo de Seguridad, puedan prevenir o detener violaciones masivas y sistemáticas.
El nuevo Consejo debe trascender los debates políticos circunstanciales y transformarse en un elemento estable, central y permanente de las relaciones internacionales. La sociedad argentina sufrió en el pasado la politización y selectividad de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que privilegió entonces un equilibrio bipolar antes que la defensa de valores humanos fundamentales y atemporales, como el de la vida. Pese a las miles de denuncias que se recibieron en la comisión durante la última dictadura militar (1976-1983), el gobierno de mi país nunca fue condenado, y esta indiferencia de los Estados en la ONU forzó la creación de un grupo de trabajo especial para presentar públicamente las violaciones masivas y sistemáticas que ocurrían en la Argentina.
Aprendimos de nuestra propia historia, y desde el retorno de la democracia asumimos una posición de principios en la defensa y la promoción de los derechos humanos. Ratificamos la gran mayoría de los tratados regionales y universales de derechos humanos y, como muy pocos países en el mundo, le otorgamos a estos instrumentos rango constitucional. Cooperamos permanentemente con los órganos internacionales de control, y participamos en todos los foros con el objeto de elevar los estándares existentes a nivel mundial en esta materia.
Desde el inicio del debate sobre la reforma del sistema de las Naciones Unidas, el gobierno del presidente Kirchner apoyó la jerarquización de los derechos humanos dentro de la organización, con el objeto de colocarlos al nivel que ya tienen los temas de desarrollo y de mantenimiento de la paz y seguridad internacionales. Esta actitud no es una opción, es una obligación de todos los Estados a la luz de la importancia que los derechos humanos tienen hoy para la paz, el desarrollo y la estabilidad democrática.
Debemos rescatar y reforzar la real dimensión de los avances que hizo la Comisión al derecho internacional de los derechos humanos durante varias décadas, desarrollando estándares y tratados. En esta primera etapa, debemos asegurar que las cuestiones procedimentales no desplacen a las sustantivas y aprobar rápidamente la Convención internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, y la Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas.
El Consejo de Derechos Humanos le brinda a la comunidad internacional una oportunidad para garantizar un sistema internacional de protección eficiente y eficaz. El logro de ese objetivo es una obligación de todos los Estados que asumimos protagonizar esta nueva etapa, siempre conscientes de que respetar el principio de negociación no debe implicar la negociación de los principios. A treinta años del golpe militar que sacudió la institucionalidad y los derechos fundamentales de los habitantes de mi país, la Argentina se compromete a colaborar para que el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas esté a la altura de las circunstancias que exige el siglo veintiuno en este tema esencial para la supervivencia de las naciones.
*CANCILLER DE LA REPÚBLICA ARGENTINA