Opinión

Los gemelos


Renaldy y Reynerio Robleto Mendoza son hijos de Juan Milo, célebre personaje del fútbol diriambino, y de la Simonita, su mamá, quien decía que Renaldy nació cinco minutos antes que el otro, y por eso, la familia le decía el Gemelo Grande. Siempre fue trabajador, en cambio, Reynerio trabajó un tiempo, para luego declararse en huelga indefinida. Los gemelos se hicieron famosos en Diriamba y ciudades vecinas de Carazo por jugar buen fútbol, participar en todos los eventos importantes de la ciudad y del departamento, y por su innata sociabilidad, pues en sus recorridos por el pueblo, invariablemente iban saludando a todo él o la que encontraban en la calle.
Los Géminis eran chéveres y siempre andaban juntos. Cada uno era la sombra del otro. Eran idénticos físicamente, pero Renaldy era zurdo y tenía el temperamento más sosegado, de vestir más sobrio y menos hablantín que el otro. Siempre fueron opositores a la dictadura, razón por la que varias veces fueron encarcelados por la GN. Un día de tantos, el Gemelo Grande desapareció del pueblo, y más tarde supimos --con el asombro congelado-- que se había hecho guardia, que para nosotros era igual a que se hubiera hecho mierda, pero a pesar de esa terrible mácula no aminoró en lo más mínimo el profundo afecto que le teníamos.
Eso sí. La primera vez que llegó al pueblo lo coscorroneamos, le dijimos guardia, caballo, y por respeto a doña Simonita no le mentamos la madre ni le dijimos hijuelagranputa. Él sólo nos miraba. Sonreía. Cambiaba la plática o se quedaba sin decir nada. Pocos meses después supimos que la Oficina de Seguridad Nacional --la temible OSN-- lo tenía prisionero en Aviación, pues habían descubierto que estaba infiltrado en la Guardia con la misión de recuperar fusiles, ametralladoras e información para avituallar a aquel mítico Frente Sandinista de Liberación Nacional. Extrañamente, la triste y peligrosa situación en que estaba el Gemelo Grande nos alegró a todos, pues esa acción lo reivindicaba totalmente. Estábamos orgullosos de que uno de los nuestros estuviera preso por sandinista. Después lo trasladaron a La Modelo de Tipitapa, donde estuvo preso casi dos años, hasta que el pueblo en armas logró el triunfo de la Revolución.
Juan Emilio, el Cuascoto, se parece bastante a Los Gemelos, y aunque Renaldy estaba preso y Reynerio era exiliado político en Venezuela, varias veces lo capturaron los agentes de la OSN creyéndolo Reynerio. Para evitar el asedio se fue con la Norita Norori a vivir donde su suegra a San Benito. Y allí estaba el 17 de julio de 1979 cuando huyó Somoza y la Guardia se desbandó. Para escapar de Managua, la GN utilizó la estratagema de vestir a los presos con sus uniformes y armarlos con sus fusiles. En camiones militares salió la caravana hacia el norte, llevando en uno de ellos al Gemelo Grande, uniformado de guardia y con su garand, el pobrecito. En San Benito la caravana se detuvo un momento, lo que aprovechó el Gemelo y otro preso para escapar y buscar la casa de Juan Emilio, cuya dirección la sabía por la Norita cuando lo visitaba en la cárcel. El encuentro con Juan Emilio fue de película, pues todos creíamos que lo había asesinado la Guardia.
Allí se vistió de civil y con el amigo se regresó a Managua a buscar contacto con los sandinistas. Al día siguiente era comandante de un sector de Altamira. De allí lo sacó Juan Emilio y se lo llevó a Diriamba a ver a su mamá y al otro Gemelo, que se recuperaba en la casa de las quemaduras causadas por los gases de un cañón, cuyas secuelas le provocarían más tarde la amputación de una de sus piernas. Al llegar a Diriamba, dice Juan Emilio que en segundos se regó la noticia que el Gemelo Grande estaba en su casa y un gentío se congregó para verlos llorar, abrazarse y besarse a aquellos hermanos inseparables que tenían casi tres años sin verse. Ese día, la felicidad de doña Simonita fue gemela.
Sin embargo, la vida tiene tantos misterios insondables que sólo Dios los conoce. Menos de dos meses de haber recuperado su libertad física, Renaldy falleció en un accidente automovilístico. Hoy, a 27 años de distancia, Reynerio fue llamado ante la presencia del Señor, y con toda seguridad debe estar riéndose y abrazándose con todos los hermanos que nos han antecedido en esta larga caravana hacia la verdad y la vida. ¡Hasta la victoria siempre, hermanito!
Diriamba, mayo 24, 2006