Opinión

El aprendizaje: núcleo esencial de la universidad contemporánea


La educación hoy día debe promover la formación de individuos, cuya interacción creativa con la información les lleve a construir conocimiento. Enseñar es esencialmente proporcionar una ayuda pedagógica ajustada a la actividad constructivista de los alumnos. En cada aula donde se desarrolla un proceso de enseñanza-aprendizaje en realidad se realiza una construcción conjunta, entre enseñante y aprendices del conocimiento. De esta suerte, la docencia es un proceso de creación, y no de simple repetición.
Estos nuevos paradigmas educativos y pedagógicos se fundamentan en los aportes de la psicología y de la ciencia cognitiva sobre cómo aprende el ser humano, y nos conducen a reconocer que el estudiante no sólo debe adquirir información, sino también debe aprender estrategias cognitivas, es decir, procedimientos para adquirir, juzgar y aplicar la información.
Estos desafíos del aprendizaje conducen a las respuestas académicas que forman el núcleo de los procesos actuales de transformación universitaria y que deben inspirar los modelos educativos y académicos. Esas respuestas promoverían lo que algunos analistas demandan: una verdadera revolución en el concepto y quehacer actual de nuestras universidades. Las respuestas incluyen:
• La adopción de los paradigmas del “aprender a aprender”, de “aprender a emprender” y del “aprender a desaprender”.
• El compromiso con la educación permanente.
• Énfasis en los procesos de aprendizaje más que en los procesos de transmisión del conocimiento.
• El nuevo rol de los docentes, ante el protagonismo de los discentes en la construcción de un conocimiento significativo.
• Adopción de la moderna teoría curricular, aplicable al rediseño de los planes y programas de estudio.
• Redefinición de las competencias genéricas y específicas para cada profesión o especialidad.
• La promoción de una mayor flexibilidad en las estructuras académicas, a fin de promover el trabajo en equipos inter y transdisciplinarios.
• Generalización del sistema de créditos, con una nueva concepción que otorgue créditos al trabajo individual y en equipo de los estudiantes, y no únicamente a su presencia en el aula y el laboratorio.
• La estrecha interrelación entre las funciones básicas de la universidad (docencia, investigación, extensión, vinculación y servicios).
• La reingeniería institucional y la gestión estratégica como componente normal de la administración universitaria y como soporte eficaz y eficiente del desempeño de las otras funciones básicas.
• La autonomía universitaria responsable, con una periódica rendición social de cuentas.
• Los procesos de vinculación con la sociedad y sus diferentes sectores (productivo, laboral, empresarial, etc.), en el contexto de una pertinencia social de calidad del conocimiento generado, transmitido y difundido por la educación superior. La universidad, más que relacionarse con la sociedad, debe integrarse plenamente en ella, para garantizar un conocimiento con las características antes dichas.
• Las universidades deben organizarse como instituciones de aprendizaje permanente, abiertas a todos.
• Fortalecimiento de la dimensión internacional del quehacer académico, mediante la incorporación de sus docentes e investigadores a las redes académicas mundiales.
El aprendizaje o los aprendizajes representan la esencia de la universidad contemporánea. La pregunta, entonces, es qué hacer en la práctica docente para generar condiciones para un efectivo aprendizaje de los alumnos. Afirma Ausubel que “existe una relación íntima entre saber cómo aprende un educando y saber qué hacer para ayudarlo a aprender mejor”. En definitiva, el aprendizaje es un proceso activo y de construcción de conocimientos que lleva a cabo en su interior (estructura cognitiva) el sujeto que aprende gracias a su relación con un profesor capaz de diseñar procesos que estimulen su aprendizaje.
Managua, mayo de 2006.