Opinión

El Código Da Vinci, ¡qué miedo!


El Código Da Vinci levanta apasionados comentarios que absolutamente nada tienen que ver con la fe en un Dios misericordioso, y sí mucho con algo conocido como poder temporal o quizás la ausencia de Dios.
“Deus Non Daretur”, como si Dios no existiera parece ser el testimonio sórdido de quienes son sus mejores prebendarios, los que hablan en su nombre y median en su nombre, los que cada día se ven confrontados con su propia blasfemia.
El círculo se cierra, dicen los maestros indígenas que en los últimos tiempos han contribuido a la luz haciendo extensivo el uso adecuado del conocimiento de Dios, del que hemos sido despojados en el pasado, pero ¿qué es en sí el Código Da Vinci para que tenga tanto éxito?, una novela con episodios que los seres humanos realizan, asesinatos, sociedades secretas que se disputan poderes desconocidos al ser humano común y corriente, dedicadas exclusivamente al desarrollo de esas habilidades mentales tan poderosas y desconocidas...ya lo dijo el diablo: “Serán como dioses” del libro de Génesis capítulo 3, versículo 5, reafirmado en el versículo 22: Entonces Yahvé Dios dijo: “Ahora el hombre es como uno de nosotros, pues se ha hecho juez de lo bueno y de lo malo. Que no vaya también a extender su mano y tomar del Árbol de la Vida, pues viviría para siempre”.
¿Qué tan importante es el Opus Dei? pregúntele a los feligreses dominicales de cualquier parroquia y tendrá respuesta de ignorancia, la inversión de 47 millones de dólares en una de sus sedes, precisamente en Nueva York, no les autoriza o deniega. Rituales secretos en el mundo siempre han existido, muchos mafiosos llevan a cabo los ritos de adscripción católicos, en la realidad hay familias enteras pululando por el ámbito de poder eclesiástico, artístico, político, económico de forma nada cristiana y no hay brinco de ofensa.
Un poco más de 500 páginas de novela contienen datos que no dañan ni benefician más que el sincretismo religioso en nuestra propia estructura eclesial, contradiciendo el catecismo y las Sagradas Escrituras.
La novela habla del poder de los símbolos y esto no es mentira, la mujer integrada por Cristo a la divinidad, las máximas del Opus Dei, redactadas por su fundador, el sacerdote Josemaría Escribá, que curiosamente se llama Camino, y digo ‘curiosamente’ porque no es el único camino con poder, hay otros caminos en la Iglesia con un equivalente muy agresivo a lo interno y externo, con su respectiva clientela, su secreticidad , algo de lo que se cuidó muy bien aquel que dijo: “Yo soy el camino la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí”.
Dan Brown habla de tiempos de cinismo religioso en el pensamiento del obispo-personaje de la novela y, ¿quién puede contradecir esto?, en lo personal, creo que es arrogancia no reconocer todo el contenido de la novela que deja despintada la realidad, por ejemplo, en la pág. 60 dice: “Desgraciadamente, mientras la mayor parte de la Iglesia Católica iba avanzando lentamente en la dirección correcta en relación con los derechos de la mujer, el Opus Dei amenazaba con subvertir el proceso”. La novela dedica amplios párrafos para describir la persecución eclesial durante trescientos años contra las librepensadoras, a las cuales consideraba brujas, quemando en la hoguera a cinco millones de ellas.
Estudiadas, sacerdotisas, gitanas, curanderas, etc., el autor da una amplia explicación de la necesidad sociológica de la mujer en los diferentes espacios de poder para la obtención de la iluminación espiritual, y detalla cómo el ego masculino ha creado una situación inestable marcada por las guerras, además de estar llena de sociedades misóginas con lo que parece aludir a todos los que se creen superiores y a las que se lo permiten.
Para los ayudadores del padre de la mentira que no van a reconocer cuánto mal se hace desde dentro a la obra de Dios, les recuerdo que toda la historia eclesial hasta la actualidad está llena de conspiración, actos bochornosos de toda índole, descaros de distinta vestimenta y condición física, a algunos, incluso, poco les importa aparecer como bufones crónicos jugando a críticos políticos, sin llamarse a la conversión. El Código Da Vinci no le da miedo a nadie ante los hechos reales, Dios ha tomado la situación humana en su misericordia infinita a pesar de los que se empeñen en demostrar su inexistencia con sus actos, desde el ámbito reservado a su adoración exclusiva, y otras tantas que deben ser perdonadas porque no saben lo que hacen.