Opinión

Los candidatos, las ofertas, el programa

A mi amigo y maestro, Franz Galich

Cada vez que se acerca el período electoral, los candidatos a la Presidencia de la República de Nicaragua desempolvan sus mejores armas, y contratan, según ellos, a los gurús de moda en publicidad y mercadeo. Si es posible, piratean al mejor estratega en comunicaciones, que les permita posicionarse en las mentes y corazones de los electores.
No importa el color de la bandera... Ni tampoco su credo, raza o religión. Pero una cosa sí es muy segura, que ellos (porque no hay ninguna mujer candidata), tratarán de persuadirte apelando a los distintos móviles para que llegués el 5 de noviembre a la Junta Receptora de Votos, a depositar la boleta por el que más te impresionó los sentidos.
Por lo general, recorren las regiones, los campos rurales, y en ese momento es que se atreven a chinear a los bebés de las parejas campesinas, aunque estén hediondos a berrinche. Reparten besos aquí, allá estrechan manos, y por allá se toman fotos con el líder comunitario.
En el recorrido lanzan sonrisas forzadas y de pronto, se voltean para otro ángulo manipulando su bandera partidaria. Brincan, bailan y gesticulan al ritmo de la música pegajosa que les diseñaron para tal ocasión. En las barriadas urbanas, adoptan poses de artistas para ponerse a tono con los chavalos.
Estos candidatos no actúan solos. Son parte de la industria política. Es el marketing político. Y como tal, son parte de un engranaje descomunal. Poseen toda una estructura organizativa, que tiene la misión de hacer magia en la campaña electoral para que el candidato se proyecte como todo un príncipe, salvador de las miserias y amarguras del pueblo.
Visto de este modo, los consejos de expertos y personalidades de la campaña aparecen como fantasmas. Y así le van sucediendo los comités nacionales de campaña electoral, el comité departamental, el comité de campaña municipal y el comité de campaña de las Juntas Receptoras de Votos. Lógicamente, éstos irán coordinando y controlando el tendido electoral, el puesto de mando, la coordinación del Consejo Supremo Electoral, la coordinación interinstitucional, así como la coordinación de atención a las mujeres, la de atención a los jóvenes; la imagen, comunicación y propaganda; la capacitación, la logística y finanzas, y las relaciones internacionales.
Y luego uno se pregunta: ¿y el plan de gobierno? ¿Qué pasó con el programa económico? ¿Cómo piensan arreglar el problema eterno de la deuda externa? ¿Y la deuda interna, los Cenis, cómo van a solucionar el súper atraco? ¿Y el problema del transporte colectivo? ¿Y las discreciones en las recaudaciones de la DGI y DGA? ¿Y los mega salarios? ¿Y la implementación de la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa? ¿Cómo van a resolver el problema de los salarios de los maestros, médicos, trabajadores de Salud, trabajadores agrícolas, empleadas domésticas, buzos marinos, bomberos, policías, guardabosques y trabajadores de la construcción? ¿Cómo van a lograr hacer crecer el PIB y distribuir equitativamente las riquezas? ¿Cómo van a lograr reducir la pobreza extrema? ¿Y la implementación del Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria? ¿Cómo van a resolver el problema del desempleo? ¿Cómo van a lograr que los empresarios y el gran capital inviertan en el sistema nacional de educación y desarrollo tecnológico? ¿Cómo van a resolver el conflicto Nicaragua-Costa Rica? ¿Y los ataques contra los migrantes esparcidos en todo el mundo? ¿Y el ecocidio contra los bosques? ¿Y las revalorizaciones de las pensiones, justas y dignas para los jubilados? ¿Y los programas especiales para el desarrollo de la niñez y adolescencia? ¿Y los discapacitados? ¿Y los enfermos de SIDA?
La población nicaragüense demanda un modelo alternativo de desarrollo, justicia y equidad. Gobernantes incluyentes y probos, que generen confianza en todos los sectores sociales, políticos y económicos, para que juntos trabajemos en esta lucha contra la pobreza.
* Licenciado en Comunicación Social
luisbonill@yahoo.com