Opinión

Managua-Granada: una autopista de desmesurados augurios


En ocasiones no hay sueño, entonces voy despierta admirando durante el viaje en el bus interlocal lo que es casi la primera autopista terminada de Nicaragua que une a la ciudad A con B y C.
Sí, es bonito pensar que a los masayas y granadinos, entre otros, nos hayan construido una autopista para acelerarnos el desplazamiento desde nuestras provincias hasta la capital o viceversa, no obstante, considero que el hermoso gesto, que en principio no es ni para ustedes, ni para nosotros, sino para el turismo, muestra una desfachatez en su planificación, a la vez que representa un carácter de alto riesgo y de exclusión ciudadana.
Bien mencionaba Nietzsche, teórico en materia de planificación, sobre la acepción correspondiente a la planificación como conjunto de planes parciales, que en los países subdesarrollados suele usarse equivocadamente, porque no existe la infraestructura de información adecuada, especialmente en el ámbito de las ciencias sociales.
Por eso mismo, quisiera mencionar los talones de Aquiles de este proyecto, apartando por un momento su valor infraestuctural porque, está bien, se retiraron o se redujeron propiedades privadas en su construcción: era necesario; se retiraron las cruces de recordatorios a los difuntos de la carretera: no es un absurdo, sino admisible; finalizó “correctamente” la obra --con retrasos y polémicas-- y algunas personas que viven sobre la carretera objetaron en los diarios, meses atrás, que no se les había tomado en consideración por establecerles retornos muy distanciados: ni modo, es el sacrificio.
Pero no es precisamente eso lo que quiero referir aquí, sino que veo, entre otras consideraciones, que las medidas de seguridad que presenta la carretera, se prestan para que en poco tiempo veamos proliferar esas cruces que previamente mencionamos. Por eso, recalco, son inadmisibles los riesgos que la autopista presenta. Veamos:
Las rotondas: dos terceras partes de la carretera presentan rotondas con diseños riesgosos, y los vehículos se estrellan constantemente con las puntas de los bulevares al salir de éstas. Sólo hasta que el proyecto estaba por llegar a Granada fue que los arquitectos e ingenieros decidieron eliminar las puntas y limitarse a señalarlas con el color amarillo. Ha funcionado.
Postes con luminarias: los postes están ubicados en las zonas de rotondas; sin embargo, algunas veces, de noche, las luminarias no están encendidas. Es cierto que quienes manejan diario ya conocen el camino y saben ubicar las rotondas, pero estas suposiciones nunca serán válidas cuando están en riesgo vidas humanas. Con frecuencia, en las mañanas se ven postes eléctricos derribados por algún accidente, y aunque la compañía de electricidad asegura que se le debe, ¿qué tal si se le demandara por negligencia?
Los puentes: ¡qué disparate! Lo normativo es hacer uso de ellos, pero ¿quién hace uso de su infuncionalidad? Al construirlos, no se pensó en los ancianos/nas, ni en el ganado que nunca hará uso de esas construcciones vanguardistas. Si se quería hacer algo bueno y funcional, entonces hubiesen hecho túneles que no son excluyentes. Los managuas igualmente tienen esos puentes, y sólo son ornamentos que proporcionan alto grado de ridiculez a nuestra capital. La única función que hasta la fecha les he visto, es como espacios de publicidad. ¿Por qué no usar todos esos polines para hacer algo más útil, por ejemplo, parques?
Los bulevares: la gente no puede recorrer cinco kilómetros para cruzar un puente, por tanto, prefieren cruzar la autopista; sin embargo, los bulevares tienen una altura de al menos dos pies --más simulan ser vallas--, y constantemente se ve a gente tomar tiempo y prepararse para subir a ellos y, claro está, se deben tener buenas bisagras para bajar correctamente sin tropezarse, caer, y arriesgarse a ser embestido por vehículos que viajan a cien kilómetros por hora, como mínimo. Hay partes de la carretera por Nindirí en la que el bulevar presenta entradas diminutas, pero esta función, en principio, es para que el agua pase de un lado a otro de la autopista y no se empoce. ¿Por qué no se hizo así parcialmente la autopista?
Colegios: al menos dos colegios he visto sobre la autopista. El de El Raizón y otro que se ubica cerca de la entrada a Apoyo. Este segundo carece de las condiciones para que los estudiantes puedan transitar seguros de un lado a otro de la autopista. Se les ve caminado a la par de vehículos que, ya dijimos, viajan a velocidades exorbitantes. Ya todos saben cómo viajan los paranoicos conductores de buses interlocales. En esa zona, un reductor de velocidad no vendría mal para evitar inexorables desastres.
Teléfono y agua: hasta ahora, ya finalizada la carretera, empiezan a romper y a hacer zanjas para introducir tuberías de teléfonos o cruzar tubos de aguas. ¿No pudo haberse hecho antes esos trabajos? ¿No existe coordinación de planes entre las instituciones?
La parada de bus: en la última curva hacia Granada, la parada se hizo precisamente en la curva. ¡Ay, estos ingenieros!
Masaya: la autopista aún no termina, pero esperemos que todas las ineficiencias mencionadas precedentemente se materialicen en Masaya en propositiva experiencia.
Después que esta última parte de la autopista esté completada, alistémonos, motorizados y peatones, porque ahí sí, creo que se verán cosas, como dice el santo libro.
* Estudiante de Filología y Comunicación, UNAN-Mgua./ eduardopersola@gmail.com