Opinión

Desencanto con la globalización


Cuando de modo inesperado, casi de la nada, surgió la crisis asiática en 1997, la empresa Soros Fund Management fue la primera en advertir la inevitable devaluación del bath tailandés, detonante de la reacción en cadena global, nunca imaginaron su envergadura ni su poder destructivo. Sus efectos sobre las relaciones entre naciones industrializadas y países en vías de desarrollo parecen permanentes y profundos.
Lo que hace a esta crisis algo tan inquietante en términos de política, y tan peligrosa para el sistema capitalista global, es que el sistema en sí es su causa principal. Es decir, el origen de esta crisis se encuentra en el mecanismo que define la esencia del sistema capitalista globalizado: libres y competitivos mercados de capital que mantienen capital privado en movimiento constante a lo largo y ancho del planeta, al acecho de mayores beneficios, distribución de las inversiones y ahorros a escala mundial.
Con apenas una década de existencia, este proceso contiene ya desequilibrios peligrosos, a menos que sea reformado radicalmente; la economía mundial corre el riesgo de caerse en pedazos en medio de una repetición, con tintes y tragedia, de las guerras de mercados: devaluaciones competitivas, colapsos económicos y agitaciones políticas de los años treinta.
Las graves fallas de este proyecto ya han causado mucho sufrimiento innecesario, no obstante, una economía global modelada en los libres mercados angloamericanos es el objetivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y organizaciones similares. El libre mercado fue construido en Inglaterra a mediados de la época victoriana, en circunstancias excepcionalmente propicias, cuando contaba con una larga tradición individualista
La conclusión ineludible es que la crisis es un síntoma de las patologías inherentes al sistema global. Los mercados financieros internacionales han servido algo más que sólo un mecanismo de transfusión pasivo del contagio global: han sido en sí mismos, causa principal de la epidemia económica.
Resulta cierto que la operación de mercados financieros libres fue causa fundamental de la crisis actual, de ahí que sea inevitable una reconsideración radical del papel dominante que los mercados financieros, sin regulación, desempeñan en el mundo. A falta de reformas urgentes, esta recomendación podría producir serios contragolpes en contra del sistema capitalista global, sobre todo en países en desarrollo o en su periferia.
El punto esencial es que el sistema capitalista global se caracteriza no sólo por el libre comercio global, sino, más específicamente, por el libre flujo de capital. El sistema puede percibirse como un gigantesco aparato circulatorio que succiona capital hacia los mercados financieros y hacia las instituciones del centro, mundo industrializado, y luego, éstos los bombean hacia la periferia, ya sea de forma directa, en forma de créditos e inversiones de cartera, o indirecta, a través de corporaciones multinacionales. En 1994, del flujo de fondos mutuos en Estados Unidos, más de la mitad pasó a mercados emergentes.
Los mercados financieros desempeñan una función muy distinta a la que se les había asignado en la teoría económica y en la doctrina predominante del capitalismo de libre mercado. De acuerdo con la ideología del fundamentalismo de libre mercado que ha invadido al mundo desde R. Reagan y M. Thatcher, los mercados competitivos no se equivocan.
El economista Schumpeter entendió al capitalismo mejor que ningún otro economista del siglo XX, quien percibió que éste no trabaja para preservar la cohesión social; también percibió que dejado a sus propias reglas, el capitalismo podría destruir la civilización liberal, de allí que deba ser domado.
La intervención gubernamental es necesaria para reconciliar el dinamismo del sistema capitalista con la estabilidad social. La crisis asiática fue un aviso de que los libres mercados globales son ingobernables. La mayoría de gobiernos asiáticos cometieron graves errores políticos, en algunos casos fomentados por simples inversionistas internacionales y por el Fondo Monetario Internacional; ambos promovieron el incontrolado apogeo de la inversión y de la propiedad.
En el primer mundo, George Soros ha promovido reuniones anuales en Davos, Suiza, de los principales hombres de empresa del gran capital mundial, funcionarios públicos de primera línea y otros, para concienciar sobre la necesidad de que casos como los de la crisis asiática no deben volver a repetirse, sus impactos fueron de sobra conocidos.
En 1998, J. Gray publicó el libro “Falso amanecer”, desilusiones del capitalismo, que define al capitalismo globalizado como profundamente inestable; no sólo previó la crisis asiática, sino algo que aún está por llegar: un colapso en el sistema económico internacional. Argumenta que un libre mercado global no es una ley de hierro de desarrollo histórico, sino un proyecto político que surge espontáneamente en la vida de cada sociedad. El proyecto histórico de reconciliar la economía con el gobierno democrático, ha entrado en lo que pareciera su retirada final; la democracia y el libre mercado son más competidores que socios.
El libre mercado global es un proyecto estadounidense en que las compañías norteamericanas han sido sus beneficiarias, incluyendo empresas hasta entonces protegidas. El deseo de Estados Unidos de erigirse en modelo para el mundo no es aceptado por ningún otro país que no fuere satélite. Los principales países de Europa Occidental, no lo aceptan.
Nicaragua tiene muchos payasos, charlatanes que se las dan de sabios en base a superficialidades. Se apoyó la globalización porque así lo ordenaron los Estados Unidos de América, empresarios sacaron su publicidad, subamos ahora al tren o nos quedamos atrasados, les pareció que venían ríos de dólares y de inversionistas. ¿Qué podía comprender gente ignorante sobre las complejidades que hoy se conocen sobre el funcionamiento de los sistemas financieros del primer mundo, y sobre todo, ponerse al servicio de una docena de países ricos e industrializados en un montón de cientos de países atrasados? La globalización ha servido para acelerar la concentración de la economía y finanzas mundiales en un menor número de monstruos o corporaciones empresariales, que llevarán a una posible crisis mundial.
Igual ha ocurrido con tratados de libre comercio que se han negociado para beneficio mutuo, lo cual es imposible en el caso de Nicaragua, con una economía que marcha sin rumbo, sostenida, básicamente, por factores externos y una nueva derecha de ambiciosos jóvenes criollos, que marcha muy de prisa por lograr una máxima concentración de la riqueza nacional.
En Nicaragua, en tiempos del somocismo se mencionaban o destacaban, algo así como una docena de grupos del capital; ahora si acaso, se aproximan a los dedos de una mano, y eso es lo que ha producido la globalización y las desviaciones del sistema financiero, súper concentración.
Después de siglos de explotación, atraso y pobreza, los grandes empresarios regionales, incluyendo los nicaragüenses, montaron la carpa del engaño para mostrar lo que han nombrado “Responsabilidad Social Empresarial” (RSE), que aparentemente lleva el trasfondo de apoyo a pequeñas y medianas empresas. Lo más seguro es que a estos empresarios preocupen las dimensiones que siguen tomando las grandes corporaciones, se los puedan tragar, en una guerra de dinosaurios.
Citan que las 100 economías más grandes del mundo las controlan 55 empresas, las cuales podrían en el proceso de fusiones y compras durante la globalización y los tratados de libre comercio, irse reduciendo a 50, a 45, a 40, no se puede especular hasta dónde se llegará. Eso de la RSE es una música que nadie conoce en sus puntos concretos en el marco de la economía nicaragüense, sus puntos y comas, y por lo que se puede adivinar se trata de inversiones y créditos, ¿para pescar o controlar a Pymes o negocios con futuro?