Opinión

Las dotes del camaleón


¿Alguien mencionó sin querer queriendo la palabra “camaleón”?
Fue un desliz terrible y temerario. Anatema en un país donde muchos evitan “darse color”, aunque son amantes del fragante figureo.
Otra cosa… ¿Por qué ligar esa palabra a “líderes” políticos cuando todos sabemos que --así como en la Revolución Francesa se bailaba La Carmañola-- aquí lo que se baila, unos con pasos de minuet y otros al estilo Daddy Yankee (Me gusta la gasolina) es la Burundanga, donde Songo le da a Borondongo, Borondongo le da a Bernabé, Bernabé se pasea en Muchilanga porque Burundanga le jinca al revés.
Recordar… En este paisito es muy difícil correr en política sin tener facultades miméticas. Sancho dice que ha visto a respetables reverendos que exhiben con orgullo sus propiedades caleidoscópicas y que, además, escriben sus palíndromos “en el nombre de Dios”. Son políticos de alta cachucha y de rituales diversificados.
Insisto. Para hablar de camaleones es preciso caminar en puntillas como balletista, porque es peligroso pisar cualquier cola en este charco de saurios, donde todo se arregla a tapazos y mordiscos.
¿Por qué decirle a un prójimo camaleón? Veamos… ¿Cuáles son las cualidades del “camaleón”? ¿Encaja ese término en nuestra fauna política?
El camaleón tiene una gran cabezota que mueve de arriba hacia abajo como diciendo “chi cheñol”. Los lagartijos nuestros son de cuello flexible, plegable, ondulante y dúctil ante el “dedazo del líder”, pero se vuelven más aceitosos cuando ven la cara de dólar del tío Trivelli.
El camaleón tiene una lengua larga y mortífera, lengua que sale del hocico del saurio como dardo para atrapar y matar con su saliva al insecto más pintado. Muchos políticos nuestros se refocilan escupiendo detritus venenoso de sus protáctiles lenguas, pero después ponen semblantes de dundos, de “yo no fui”. Varios escupitajos arteros le han caído al padrino Arnoldo, pero “como eso era antes del borrón y cuenta nueva”, los escupidores siguen tan campantes.
Como el mono, el camaleón tiene una cola prensil. Con ella agarra frutas y objetos que nunca afloja. Pero en eso tienen razón nuestros políticos, dice Sancho, no hay peor cosa que andar cacheteando el pavimento en busca de “pegue”. No hay cosa peor que ganarse el boje con el sudor de la frente. ¡Que lo diga el Churri! Cada lagartijo ya tiene su huaca y… ¡Ay del baboso que la suelte!
El camaleón tiene ojos omnidireccionales e independientes. Puede ver el futuro hacia adelante y el pasado hacia atrás al mismo tiempo. En eso no es comparable a esas terepotas políticas que hoy nos ocupan, tienen mirada porcina, sólo miran hacia abajo y con la trompa hociqueando el machigüe.
¿Y del mimetismo qué? Los camaleones dice la canción, “cambian de colores según la ocasión”, tienen un traje para cada fiesta y le ponen caradura a su propia conciencia.
Parece que en estas elecciones tendremos que votar en la casilla color camaleón. Es un voto muy difícil, porque me contaba Sancho que en el paisito estamos produciendo una nueva especie de camaleón, “el camaleón arco iris”, que va adquiriendo las propiedades del basilisco, el monstruo fabuloso nacido de un huevo puesto por un gallo y engendrado por un sapo. Dicen que quien lo mira ahí nomasito cae muerto.