Opinión

El 250 de Mozart


No podemos dejarlo pasar así como así. Este año se celebra el 250 aniversario del natalicio de un genio de la música. Se rinde homenaje a un artista testigo del cambio de pensamiento ocurrido en la sociedad europea como consecuencia de la filosofía basada en el razonamiento que provocó la Revolución Francesa en 1789. Mozart no escapó a ese sentimiento de búsqueda de la libertad, y rechazó el autoritarismo y, por ello, se rebeló ante quien quería coartar su capacidad creativa. En 1781 renunció al empleo como organista y maestro de concierto que realizaba bajo las órdenes del arzobispo de Salzburgo. Aquel que de niño maravilló a cortes de diferentes países por tocar con las teclas cubiertas por un trapo, que a los cinco años compuso un minueto y trío para piano, y que a los ocho produjo su primera sinfonía, fue despedido con un puntapié en el trasero.
El hecho le costó mala reputación, lo que se reflejó cuando buscó empleo en la corte de José II en Viena. De todos modos impresionó a los vieneses por su capacidad para improvisar y construir obras en la mente, que después vaciaba en el papel como si se las dictaran, por detectar cuándo un instrumento estaba afinado un octavo más bajo, así como por su gran inventiva. Sin embargo, después de varios años, sólo pudo conseguir un miserable sueldo para componer la música para las danzas de la corte. Hasta antes del año en que murió, eso causó poca mella en su ritmo de trabajo casi febril y no opacó su constante buen humor.
Su nombre completo fue Juan Crisóstomo Wolfgan Teofilo Mozart, pero en 1780, en una carta se autonombró Amadeus, y le gustaba que lo llamaran con ese nombre.
Sus primeras creaciones fueron influidas por el preciosismo de principios del siglo XVIII. Su espíritu poco común lo empapó de las ideas revolucionarias que se esparcían por Europa, planteamientos que los llevaron a buscar formas que conmocionaran los sentidos hasta llegar a la fuerza de un Don Giovanni o del Réquiem, que es la exhalación de un moribundo, espejo de un alma angustiada, semejante a un mar tormentoso que no se apaciguó aun cuando la partitura la haya finalizado uno de sus alumnos.
Mozart fue masón siete años y compuso con el significativo número tres. Lo usó en varias de sus obras. En una aparecen tres acordes mayores en la obertura, tres hadas, tres niños que conducen al protagonista por el bosque, tres instrumentos mágicos, tres pruebas, tres cualidades del protagonista, tres templos.
Beethoven conoció a Mozart en 1786 a los 16 años. Dicen que después de escucharlo exclamó: “Escuchen a ese joven. Alguna vez hará ruido en el mundo”.
Su prematura muerte ha sido motivo de ficciones literarias que llevan la envidia de Salieri al extremo de asesinar a Amadeus. Los especialistas han descartado tal hipótesis y señalan como posible causa el reumatismo y la fiebre reumática.
Honor a quien honor merece.