Opinión

Día de lluvias en Managua


Karla Castillo

Qué tristeza. En vez de avanzar, cada vez Managua es más vulnerable a los cambios climáticos que se nos vienen como manifestación de una naturaleza castigada por la mano del ser humano.
Culpa compartida, ciudadanía y autoridades se cruzaron de brazos frente a la temporada de lluvia y es más, hicimos justamente lo que NO se debe hacer para perjudicar el medio ambiente.
El martes llovió a cántaros, fue la primera lluvia “de verdad”, porque su magnitud dejó en ridículo a los chubascos anteriores.
Por lo menos en el sector noroccidental, donde resido, falló el fluido eléctrico, el agua se ausentó de las cañerías desde las siete de la mañana para volver ya entrada la noche y, milagrosamente, el teléfono no colapsó, pese a que numerosos árboles de laurel de la India y acacia se vinieron al suelo, producto del peso de sus ramas --porque nadie se preocupó por podarlos-- y de los fuertes vientos.
Ya no digamos cuántas personas lamentaron no haber reparado el techo o las estructuras de sus casas, porque fui testigo, mientras conducía de regreso a mi casa, de la cantidad de gente que barría agua desde el interior de su vivienda, algo no muy grato de realizar, sobre todo en temporada de lluvia.
¿Y la limpieza de cauces?
Este año fue más evidente que en años anteriores la poca preocupación de las autoridades edilicias de Managua para prevenir inundaciones, no limpiaron los cauces, los tragantes estaban repletos de desechos y lodo y los manjoles se desbordaron, también a falta de limpieza de las tuberías de aguas servidas. Un desastre total.
No sé por qué los medios de comunicación no reflejaron tanta destrucción, o es que quizás yo tengo el “síndrome del damnificado”, por así decirlo, y veo en cada aguacero un potencial desastre, sobre todo para los managuas.
Pero no es para menos. En las paradas de buses presencié la cantidad de personas, aglomeradas sobre las pocas bancas --si acaso existen-- y apiñadas algunas bajo precarias sombrillas o pedazos de plástico, rogando a Dios no ser arrastrados por las fuertes corrientes, que a falta de tragantes deben mantenerse en las calles y sobrepasan las cunetas.
Materiales más caros
Me contó mi mamá que al ir a las ferreterías, para comprar materiales para terminar un anexo a su casa, se enteró de que apenas empezó a llover automáticamente se encarecieron todos estos artículos.
Supongo que por la cantidad de personas que se vio en la obligación de cambiar alguna lámina del techo, o reparar la pared o los huecos en el piso y debió acudir a las ferreterías, elevaron la demanda.
Me pregunto hasta cuándo seremos confiados e irresponsables, lanzando basura o cualquier desperdicio a tragantes, tuberías y cauces. Hasta cuándo las autoridades permitirán que siga esa inconsciencia de ciudadanos cochinos y aplicarán multas.
Hasta cuándo habrá un alcalde que se decida a multar, aunque su partido pierda potenciales votantes, y cuándo veremos el día en que la lluvia no nos sorprenda y nos revele tal cual somos, desprovistos, como animales, a expensas de los cambios climáticos que en gran medida son nuestra responsabilidad.