Opinión

El trasfondo político del debate migratorio


Con la campaña anti-inmigrante creada por el anteproyecto de ley HR-4437 del congresista James Sensenbrenner, deWisconsin, el Partido Republicano parece apostar a perder el voto hispano en Estados Unidos, para ganar el voto anglosajón. El comentarista político de CNN Lou Doubbs ha convertido el tema anti-inmigrante no sólo en la comidilla de la derecha estadounidense, conservadora, fanática y fundamentalista, sino en una verdadera histeria.
La ola anti-inmigrante con sus incesantes, repetitivas y despiadadas campañas, los debates por CNN en donde los que se atreven a defender el punto de vista pro-inmigrante sufren un virtual linchamiento verbal, como le sucedió a Alisa Valdes-Rodríguez, el vigilantismo de los Minuteman, las crueles redadas en fábricas, talleres, barrios y mercados, tienen todas un trasfondo político.
El draconiano anteproyecto de ley de Sensenbrenner no fue una equivocación. El prejuiciado disco rayado, del comentarista Lou Dobbs no es sólo la cruzada de un hombre. El grupo Minuteman y su sueño de erigir un muro de Berlín en Norteamérica, no es un esfuerzo aislado. Todo obedece a un plan bien pensado.
Aunque para la comunidad latina de Estados Unidos, en particular, y para las naciones latinoamericanas, en general, especialmente México y Centroamérica, la problemática inmigrante es un asunto de mayor importancia, en razón de los más de 25 mil millones de dólares en remesas que los latinos envían a esta región, en Washington es sólo un juego político de cara a las elecciones del Congreso de término medio de este año.
Crear una inmensa histeria anti-inmigrante, cual espesa cortina de humo, intoxicar las ondas “hertzianas” con una campaña xenofóbica, sembrar el miedo en el votante blanco norteamericano era una necesidad política para el Partido Republicano, que ve con pavor cómo el clima político no le es favorable para las elecciones del 7 de noviembre. ¿Y qué blanco más fácil que esos 12 millones de indocumentados, que no votan por carecer de papeles migratorios?
Al fijar el tema migratorio como eje central del debate político actual, los Republicanos han obtenido un rotundo éxito, y han logrado obscurecer y relegar otros asuntos de importancia crucial para la nación. Entre los temas sobre los cuales los Republicanos no desean que se hable, están:
Primero, que Estados Unidos ha perdido la Guerra en Irak. No quieren que se mencionen los abusos a los prisioneros en Guantánamo, Afganistán e Irak, ni mucho menos las mentiras sobre las inexistentes armas de exterminio masivo. No desean hablar sobre el espionaje electrónico de los teléfonos de millones de ciudadanos respetuosos de la ley y su comunicación de correos electrónicos dentro de Estados Unidos.
Segundo, muy poco se habla de los elevados precios de la gasolina y de cómo las corporaciones petroleras, muchas de ellas vinculadas al binomio Bush-Cheney, se están embolsando miles de millones de dólares; la estridencia sobre los 12 millones de indocumentados obscurece toda preocupación por la factura petrolera.
Tercero, no mencionan, ni desean que se hable, del superávit presupuestario de 236 mil millones de dólares durante la administración Clinton, el más grande de la historia de esta nación. Bajo el gobierno de Bush, tal mega-excedente, en menos de cinco años se ha convertido en un déficit de 521 mil millones de dólares, el más grande de la historia. Así como a las empresas de tarjetas de crédito les conviene que los cuenta habientes se endeuden hasta el límite, así también, a la gran banca corporativa le conviene que los contribuyentes nos endeudemos hasta el infinito.
Cuarto, como una combinación de todos los factores anteriores, no desean resaltar que la popularidad del presidente Bush ha caído en su punto más bajo, aún más que la de Clinton cuando su escándalo de faldas estaba en todo su furor. Algo semejante se puede decir del Congreso controlado por los Republicanos. El líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Tom Delay, de Texas, se vio obligado a renunciar en medio de graves acusaciones de violaciones a la ética. Otros escándalos de corrupción partidaria han salpicado al congresista de San Diego Duke Cunningham, al cabildero Jack Abrahmhoff, más las peticiones de renuncia contra el arquitecto de la Guerra, Ronald Rumsfeld, hechas por seis generales retirados.
En lo que quizás se equivocó James Sensenbrenner, es en haber subestimado la reacción del pueblo latino. Este pueblo, a pesar de las campañas de desprestigio, a pesar de las redadas inmisericordes, a pesar de los despidos, ya perdió el miedo, y aunque cierto liderazgo ha intentado dividirlo y mediatizar su lucha, ha demostrado tener dignidad y ha reafirmado la verdad histórica, según la cual, el pueblo unido jamás será vencido.