Opinión

Construyamos un escenario electoral que sea educativo


Ph. D.
IDEUCA

El país ingresa a una de las etapas más importantes de su historia: realizar elecciones en un nuevo siglo en un ámbito global envolvente inevitablemente. El cruce de caminos es claro: apostar a la continuidad del mismo estado de cosas, o a un cambio de rumbo fundamental superando pactos, mentiras, corrupción y pobreza, en pos de un desarrollo de rostro humano. Los partidos, con mayor o menor tino, han escogido sus fórmulas electorales e incluso antes de definir y proclamar programas de gobierno, se aprestan más bien a una guerra sin cuartel de fuego cruzado en todo tiempo, lugar y medios de comunicación.
1. Un escenario lleno de conflictos:
Mientras tanto, niños, niñas, adolescentes y jóvenes reciben todos los días mensajes contradictorios. El centro educativo les orienta sobre el respeto a sus iguales y a los mayores, a las instituciones y a las leyes; no obstante, al informarse por cualquier medio de comunicación, los mensajes sobre el accionar y el discurso de los partidos y sus líderes, contradice lo aprendido en la escuela. En el ámbito educativo se ha estudiado mucho el efecto que tiene en los educandos un currículum oculto expresado en el discurso y la práctica del profesorado, en contraste con el currículum oficialmente escrito en los programas de estudio. Ha sido ampliamente comprobado y documentado que, el impacto educativo de estos contenidos no escritos en los programas de estudio, pero vivenciados a través de malos ejemplos, medias verdades y mentiras, es mucho mayor que el que tienen los contenidos de aprendizaje establecidos. De esta forma, aunque puedan memorizar y repetir en la evaluación los valores ciudadanos, lo realmente aprendido es el discurso y el ejemplo vivido en los centros educativos, lo que perdura en sus memorias y comportamientos serán los antivalores, malos ejemplos y mentiras de sus directores y maestros.
2. Apostando a un proceso electoral educativo:
Transfiriendo este fenómeno al campo social, el proceso de elecciones puede servir a dos propósitos contradictorios entre sí. Por una parte, es de desear se convierta en una gran oportunidad para educar a la población, especialmente a niños, adolescentes y jóvenes, convirtiendo esta contienda en una fiesta cívica, en un espacio de reflexión, encuentro, debate, argumentación, diálogo y concertación, y sobre todas las cosas, en una plataforma de modelización de los mejores valores de respeto a los derechos humanos, solidaridad, transparencia, justicia y participación activa en la dinámica política y social del país.
La opción más fácil, menos educativa y que más daña al país, a las personas, a las conciencias, a la confianza y fe en el futuro de niños, adolescentes, jóvenes y adultos, es precisamente convertir este escenario electoral en una guerra en la que, en vez de utilizar las armas más efectivas y constructivas, se ponen en acción las más dañinas y destructivas. Aunque la comparación sea muy dura, así como en la fallida Guerra de las Galaxias ya no bastaba con matar al enemigo sino que, con cañones de Rayos X era preciso penetrar y destruir, desde adentro, completamente cuerpo y alma, de forma similar pareciera emprenderse esta campaña electoral, y… si así es el desempeño en la campaña… ¿cómo será el de su Gobierno? Siendo así, el mensaje para los niños, adolescentes y jóvenes es que, lo importante es descalificar, pisotear, ofender y avanzar, sin tomar en cuenta a las personas a las que se violentan sus derechos; el mensaje subliminal que se les predica es que, más importante que utilizar la fuerza de la razón, es mejor usar la razón de la fuerza.
La opción más efectiva, a la vez que educativa, sería la de lanzarse a la lucha por el poder con los argumentos que aportan las propuestas legítimas, consistentes y responsables de gobierno, en el entendido que la mayor debilidad de un partido reside, precisamente, en que se vea obligado a utilizar la mentira, el irrespeto a los derechos de los demás candidatos, la doble moral, los insultos, acusaciones y descalificaciones, por no contar con verdaderos programas sociales y económicos como verdaderos argumentos y armas de lucha y convicción. Ningún partido puede ofrecer lo que no es, lo que no tiene; si en la campaña acumuló acusaciones, mentiras, irrespeto a los derechos, descalificaciones hacia los demás partidos, ¿quién podrá creer en sus sanas intenciones de gobernar con justicia, equidad, respeto y transparencia al país?, ¿podremos esperar que tal esquizofrenia sea productiva para el desarrollo de Nicaragua? En tanto la conciencia de la gente madure, seguramente que los votos aparentemente “ganados” cuando se gritan insultos, se convertirán en mayor repudio y rechazo en el silencio que acompañe a las urnas electorales.
3. Un cambio de rumbo necesario:
El país está urgido de propuestas de gobierno responsables y constructivas que nos ayuden a superar los compases de espera y el retraso que han generado las contiendas políticas recientes. Es hora de transitar:
- De la confrontación al debate: Es preciso pasar de la confrontación como medio para lograr los propósitos, al diálogo y el debate respetuoso, franco y consistente. La argumentación sana es la virtud más atractiva para ganar adeptos. El debate, para ser educativo, ha de ser con las ideas no con las personas. Cuando no hay argumentos, se asalta la integridad de las personas.
- De la superficialidad a la consistencia: El clima electoral debe superar actitudes y programas superficiales, engañosos, populistas, para abrazar soluciones consistentes, en las que la educación figure como eje motorizado para vencer la pobreza y acceder al desarrollo.
- De la dualidad a la rectitud: El ejemplo de vida de los candidatos ha de ser su mejor arma; su rectitud y compromiso ético los mejores ejes que sostengan el contenido de sus discursos y programas.
- De la doble moral a la transparencia: La transparencia requiere de una sola cara. Exige creer profundamente en el país, en su gente, en el futuro. Para pasar de la doble moral a la transparencia, es necesario no mentirle a la gente, formular un programa sólido, que responda a los graves problemas económicos, educativos y sociales de la gente.
- Del engaño a la verdad: El clamor de la gente es, siempre, que se cumpla lo que se promete. Lo contrario es mentirle, utilizarla, cosificarla. Ofrecerle más de lo mismo es traficar con sus sentimientos.
- Del poder al servicio: El país exige convertir al poder en oportunidad para servirle.
- Del atropello al respeto del derecho humano: Se exige a los partidos respetar el derecho de los demás, superar el insulto y las acusaciones, anticipar con el ejemplo y el respeto profundo, el estilo con el que gobernarían al país si ganaran las elecciones.
Nos encontramos ante la mejor oportunidad educativa del país, hagamos de ella el mejor ejemplo de desempeño de la nueva ciudadanía, de la nueva clase política que avizora Nicaragua.