Opinión

Señor de los tristes - CULTURA

Sergio Ramírez habla de su nuevo libro Señor de los tristes, que reúne textos iluminadores sobre escritores del mundo, y testimonia los lazos de amistad que lo unen a muchos de ellos

Erick Aguirre

Decía un escritor español que todo artículo ha de ser parte de un todo. Y si el autor está lo suficientemente claro de ese hecho sistemático inherente a su oficio, que implica al menos sopesar la calidad o el alcance de cada pieza que escribe, terminará por admitir que el destino final de su texto, o de algunos de sus textos, será dejarse articular en un libro, como eventualmente sucedía con los folletines decimonónicos que se publicaban por entregas en los periódicos.
El escritor Sergio Ramírez, muy familiarizado --como sabemos-- con esa tradición, está publicando ahora un libro que reúne textos relacionados con la escritura y los escritores, aunque buena parte de ellos también dedican atención al oficio político, que por mucho tiempo Ramírez asumió de forma paralela. Se trata de Señor de los tristes, un libro que, como bien apunta su editor, se inscribe en la tradición de los Prólogos de Rubén Darío o la Biblioteca personal de Jorge Luis Borges.
Hay allí ensayos literarios que a veces huelen a crónica, y no pocos textos quizás concebidos en su momento como conferencias, prólogos o artículos para el periódico. Lo que sí es común en todos ellos es la frecuente utilización de recursos provenientes de la invención poética o de la creatividad literaria en su factura, así como la recurrente alusión o evocación de libros, autores, o de la literatura en sí misma; en fin, una evidente “voluntad de estilo”, cuya estrategia está provista de la suficiente dosis de amenidad y claridad exigidas tanto por los lectores de periódicos como por los consumidores de lecturas “elevadas”.
De eso y de sus opiniones y filiaciones políticas actuales nos habla Ramírez en esta entrevista, concedida en exclusiva a EL NUEVO DIARIO justo antes de salir a España, donde inicia la gira de presentaciones de su nuevo libro de cuentos, El reino animal.
-¿Es para usted el periodismo otro oficio compartido?
“La verdad es que Señor de los tristes es un libro de ensayos sobre escritores y sobre escritura que la editorial dividió en dos partes: una tiene que ver con el oficio, y otra con la vida pública y la reflexión sobre la vida pública, sobre la política… Para mí, el periodismo enlaza dos cosas muy importantes, que son, por un lado, la información dirigida hacia cierto público, y por otro lado, las maneras de escribir, es decir, la excelencia de la escritura que para mí tiene mucho que ver con el periodismo; es algo que le da alas y le permite tomar un vuelo firme y sostenido a alguien que debe manejar la pluma de la manera más hábil posible, aunque sea para informar, o más bien: sobre todo porque es para informar…”
-Usted dijo en una entrevista que cualquiera de los oficios paralelos que suele sobrellevar el escritor en muchos casos, incluso el del periodismo (pese a su cercanía con la literatura), termina también siendo un lastre para el oficio literario…
“A pesar del poco tiempo que tiene para dedicarse a sacarle punta al estilo, creo que el periodista debe tener también la formación y la disposición mental como para escribir de una manera clara, concisa, elegante, sin basura, sin abusar de la retórica, e ir directamente donde el lector quiere ir, que es a los hechos, presentados de una manera clara y atractiva…”
-Artículos o ensayos literarios, literatura o periodismo, este tipo de textos está siempre en medio de una polémica respecto al género… ¿Considera al periodismo un género literario?
“Al ensayo literario sí. A mí me parece que el ensayo literario es parte de eso mismo que te decía antes: el estilo literario. Un ensayo que tiene estilo literario se vuelve atractivo y pasa a ser la reflexión de un escritor, en este caso sobre lo que uno lee, el atractivo que tienen para mí ciertos personajes, determinados autores, algunos temas, las formas de la escritura, la inteligencia de la escritura.. Es la vinculación entre el espacio público y el espacio literario, esto es objeto de lo que se llama el ensayo literario…”
-A propósito de sus oficios compartidos, literatura y política: un político como Trotsky, por ejemplo, llamó al periodismo “una musa plebeya”, y un poeta (que fue también periodista) como el mexicano Renato Leduc, lo consideraba “seudo literatura”… Usted alguna vez dijo que le hubiera gustado ser periodista… ¿Le parece también que el periodismo es algo que está al margen de lo literario?
“No, yo creo que el periodismo es la mejor escuela para un escritor, la escuela privilegiada a la cual yo nunca entré, porque le permite a uno estar en contacto directo con la vida. Es como los príncipes, cuya formación comienza desde las posiciones más bajas, así el escritor-periodista tiene que pasar por los diversos escenarios del periodismo diario, que son las morgues, las estaciones de Policía, los hospitales. Por ese privilegio de entrar a la escritura por la base del periodismo pasó Rubén Darío, algo que poca gente recuerda. Darío fue cronista de la página roja. Fue eso lo que hizo cuando empezó a trabajar en un periódico de Santiago de Chile; cubría incendios, crímenes…”
-Se dice que el periodismo hispanoamericano modernista de finales del siglo diecinueve es el padre de la gran literatura posterior, incluso de buena parte de la narrativa hiper-realista norteamericana de comienzos del veinte… Éstos son paradigmas personalmente importantes para usted; incluso son fuentes constantes para su narrativa ¿se siente usted demasiado endeudado con esos dos siglos que nos anteceden?
“Me gustaría sentirme más endeudado con Darío como cronista y como prosista de lo que lo estoy, porque, por una deformación nacional, nosotros, desde adolescentes, leímos siempre a Darío --y lo seguimos haciendo-- como poeta, y nos perdimos ese gran patrimonio que es su prosa, no sólo su prosa de ficción, sino también su prosa periodística, sus crónicas…”
-Doce libros editados y publicados por él mismo…
“Sí, pero que son grandes. Darío es uno de los grandes periodistas de América Latina y nadie lo reconoce así; sus crónicas de viajes, las crónicas de acontecimientos, España contemporánea, por ejemplo, que es un libro extraordinariamente bien escrito y con una percepción bien profunda, no del poeta que la gente creía que era, el que “anda en las nubes”, sino un hombre que tiene la percepción periodística de calar ¿no? De calar en una sociedad en crisis como estaba España después de la derrota de Cuba… Luego está, por otro lado, el periodismo de garra de los Estados Unidos, el de Norman Mailer, que se recuerda menos que a Truman Capote; ese tipo de exposición de los hechos que arranca en los Estados Unidos con un periodista-escritor tan importante como (Theodore) Dreiser, que fue capaz de hacer esa enorme novela-reportaje, adelantándose a Capote, que es Una tragedia americana…
-Según su editor, Señor de los tristes es una biografía en libros, una crónica de su pasión por la literatura. ¿No siente usted que es como confiarle al lector los chismes y vivencias más agradables de su vida como escritor?
“Ah sí, yo creo que la literatura es gozo. A mí me gusta chismear o hablarle al oído al lector de lo que yo leo. A mí me gustaría tener una tertulia todos los días para ir hablando de lo que estoy leyendo, de lo que espero de lo que estoy leyendo, de los libros que me gustaría leer, de lo que me he perdido. A mí me parece que una de las conversaciones más gozosas que puede haber es sobre libros, sobre escritura…”
-De todos estos autores con los cuales convive o comparte en el libro ¿con cuál se siente mejor impresionado? Me da la impresión que con Saramago…
“A Saramago lo conozco personalmente y me gusta como persona, y, como es obvio, también como escritor. Pero tengo una gran devoción, por ejemplo, por Graham Green, que me parece que también es un escritor un tanto “ninguneado”. No sé quién ha establecido que Green es un escritor de segunda categoría… Estupidez ¿no? Porque es un escritor completo, yo lo admiro mucho y he aprendido muchísimo de la estructura narrativa de Green y también de sus percepciones literarias, de cómo penetra las situaciones, los escenarios, y como lo digo ahí en mi ensayo sobre El poder y la gloria, cómo es capaz de hacerse cargo de un ambiente y de una atmósfera, después de apenas una semana de haber estado ahí… Eso me parece envidiable”.
-Usted me habló en otra entrevista de las nuevas búsquedas narrativas latinoamericanas, me habló de Jorge Volpi, creo, de la generación del “Crack”, también me habló de nuevos ámbitos abordados literariamente, etcétera… ¿Se puede hablar de nuevas búsquedas en la narrativa centroamericana?
“Yo creo que sí. En primer lugar, hay una literatura que ya no es sospechosa de vernácula, y eso me parece un paso muy grande, no importa que estemos abriendo el siglo XXI; siempre lo vernáculo ha sido muy fuerte, y me parece que el realismo mágico viene a ser una manifestación de lo vernáculo, y a veces de lo folclórico. Yo siento una tendencia en la literatura centroamericana, en la novela, a ser muy contestataria, a usar la novela como un arma de contestación, como un arma incisiva, crítica, de inconformidad… Eso me parece un signo de salud en la literatura, y en ese sentido me parece que va muy bien, no sólo por los temas que toca, sino por la búsqueda de nuevos afanes, de nuevos estilos, porque también la literatura es una búsqueda permanente…”
-Usted tiene ya experiencias anteriores respecto a reunir y publicar este tipo de textos: Estás en Nicaragua, donde está Balcanes y volcanes (que aunque cargado hacia lo sociológico está formulado de una manera bastante literaria), Oficios compartidos, Mentiras verdaderas… ¿Cómo diferencia este libro de esas otras experiencias?
“Bueno, siempre que vuelvo a un ensayo como Balcanes y volcanes, que escribí en Alemania en 1973, me alegro mucho de que se sostenga ante mis ojos como algo que podría haber hecho hoy… Y es un trabajo de mis treinta y tantos años ¿no?, al cual dediqué mucho tiempo de investigación, para poder fijar esos criterios expuestos allí, y que sigo sosteniendo íntegramente… Lo que yo pensaba entonces sobre estos parámetros de la cultura centroamericana, el asunto de la identidad, etcétera, lo sigo pensando ahora. Eso me alegra mucho… Me parece que la reflexión sobre la escritura y sobre la cultura, siempre va a ir paralela a la escritura de imaginación; un escritor como yo no puede decir: “Bueno, me voy a dedicar sólo a la escritura de ficción”, porque la reflexión literaria, cultural, para mí sigue siendo necesaria. Primero porque siempre hay que volver sobre lo que uno lee, sobre lo que uno piensa de la literatura; pero también sobre los fenómenos culturales, que es una manera también de acercarse a los fenómenos sociales y políticos. Yo creo que sin eso me sentiría bastante perdido…
-A propósito ¿cómo ve usted este fenómeno de eclosión de la izquierda en América Latina?
“Me parece que es un fenómeno de agotamiento de esquemas políticos. No creo que el fenómeno Chávez se deba a la inquina de Estados Unidos. Se debe a que ahí se había agotado un sistema político que se había vuelto tradicional, formado por dos partidos que habían pactado, a comienzos de los años sesenta, y ese sistema, como todo sistema basado en pactos políticos y en exclusividades de manejos de poder, terminó por derrumbarse… ¿Cuál es la salida que se le presentó al pueblo venezolano frente a eso? Yo no diría que es lo mejor, en mi criterio personal. A mí me parece que el populismo de izquierda y el de derecha vienen siendo el mismo populismo, y por eso me parece que tampoco se puede hacer una identificación global de lo que se llama la izquierda en América Latina… Nada tiene que ver, para mí, Tabaré Vásquez, que es un médico oncólogo muy reposado, muy sensato, con Chávez por ejemplo, o con Lula, como hombre de estado muy ponderado, sindicalista, con posiciones de izquierda muy profundas, pero que sabe que está montado en un elefante, porque Brasil es la décima economía del mundo, y no puede jugar con eso ¿no? Sería muy fácil desbaratar el Brasil en dos días con ideas demagógicas…”
-¿Y Evo Morales?
“Yo siempre estoy cruzando los dedos para que le vaya bien a Evo Morales… Creo que él está haciendo un planteamiento muy honesto: bueno, recuperar las riquezas naturales para su país, algo que ahora pareciera obsoleto, como si eso hubiera pasado de moda para siempre, y es algo muy vinculado a la soberanía, y la soberanía hoy en día le vale un pito a todo mundo ¿no? Yo por eso cruzo los dedos para que le vaya bien, porque le puede ir mal, si se apresura o da un mal paso… pero yo creo que su reclamo desde el poder es correcto, y ésas son las cosas que ocurren cuando se dejan cuajar acríticamente, no en el caso de Bolivia, porque ahí hubo mucha crítica a la venta que se hizo de los recursos naturales al mejor postor… Aquí en Nicaragua, por ejemplo, hace un mes se firmó un contrato de exploración petrolera donde, desde ya, se dice que las compañías extranjeras le van a entregar a Nicaragua nada más el quince por ciento, y todo el mundo feliz… Aquí ni los grandes demagogos radicales de izquierda ni los grandes apóstoles de la derecha dijeron una sola palabra… Y ahí está: si acaso hay petróleo aquí, nos quedamos sólo con el quince por ciento, y eso es una cosa flagrante ¿no?
-Inevitable una pregunta sobre su viejo oficio político, que aunque usted quiera dejarlo atrás parece que él no lo abandona a usted… ¿Sigue siendo directivo del MRS?
“No, yo estoy absolutamente alejado de lo que es la política orgánica. No participo en directivas políticas, no milito en partidos políticos, no soy candidato, no soy nada que tenga que ver con la política orgánica… Yo lo que hago es opinar.
-¿A quién apoya políticamente? ¿A Herty Lewites?
“Personalmente apoyo a Herty Lewites y a Edmundo Jarquín. Me parece que al país le iría muy bien con esa fórmula”.