Opinión

Contra los ilustrados


Brokeback Mountain debió realizarse hace mucho tiempo, para mi gusto, con Paul Newman y Robert Redford, manteniendo sus personajes de Butch Cassidy and Sundance Kid y muriendo acurrucados, beneficiándose el uno al otro, en Bolivia. O con Dean Martin y Rock Hudson en su papel soñado (¡ay, para morderse las uñas, chicas!!!) en “Amigos hasta la muerte”. Pero, ya lo ven, cómo cambian los tiempos, los héroes son ahora dos chicos con nombres impronunciables (uno de ellos casi se apellida gilipollas) que, acabo de enterarme, ya están a la venta como muñecos colocables en múltiples posiciones.
Cielos, cada vez hay menos cosas de las que escandalizarse. Me pregunto, entonces, sino será aburrido polemizar con mis iguales (Artemio, Leonel y Orlando), unos ilustrados como yo, y no decido, mejor, callarme o responderles a todos ellos juntos, y de una vez, y estar claro que sería una forma de dispararme a mí mismo. En este juego, donde no me interesa ganar o perder, sólo divertirme, estoy dispuesto a beneficiarme del primero que pase. Total, carnaval es carnaval!!!
Porque es un juego entre nosotros. Por mucho que nos critiquemos, nos odiemos o nos insultemos, jamás sabremos qué piensan, como no sabremos quiénes son, los desilustrados, es decir, lo que no son “nosotros”, pero en nombre de los cuales hablamos, nos enemistamos y creemos saber cómo piensan, qué sienten y qué quieren.
Qué les hace creer, a mis amigos, que hay dos tipos de “pobres”. Los buenos que ellos se hacen en sus cabezas, como Orlando (ese ideólogo profesional) o Artemio (ese izquierdista romanticoide), o el Cantinflas (filósofo superior a todos nosotros juntos) que usa Leonel, el estudioso de las culturas subalternas, en unos casos para exaltarlo, y en otros, para rebajar, con la arrogancia de los ilustrados, a los usuarios de su forma de hablar. Y otro tipo de “pobre” que es el real, el empírico.
Cualquiera de nosotros puede morir el día de mañana a manos de ellos. Una noche en un barrio, por mano de un ex --militante revolucionario, desempleado y alcohólico; en un bar, por una viuda de un ex-- Contra, prostituida; en la carretera, alcanzado por el despecho de un marido trabajador y celoso; en los buses, por unos huérfanos criminales; en los viajes de campo, por un campesino machista que no pudo comprender el mensaje de género; en nuestra propia casa, a manos de un fans lumpen descorazonado que ya no cree en nosotros, etc.
Uno de mis amigos me definió como ultraderechista, demostrando su ignorancia, ya exhibida en una polémica inconclusa con Andrés Pérez Baltodano, al no saber distinguir a un anarquista de un radical de derecha, y con el cual no se puede polemizar, si no están claras en su cabeza esas diferencias. Consejo: quédese mejor, amigo Artemio, en Granada preparando el III Festival de poesía y podrá ser más útil preparando sopa de frijoles, tal vez ahí, la logra distinguir de la de caracol.
Otro más me acusa de etnocida, y cree que hay que viajar a los lugares para hablar in situ de ellos, con la verdad. Cree que estar es igual a saber, y de seguro también creerá que ver es igual a comprender y repetir a demostrar (la fórmula mágica de los medios de comunicación con la que nos han hecho creer que eso es conocimiento). Coincide, así, con Mario Roberto Morales, el objeto de su crítica, cuando dice lo mismo de su propio tutor (al parecer también del mismo Leonel) que John Beverley, jamás ha visitado Guatemala, desconociendo neciamente, todos ellos, el papel de las mediaciones, y parte de que Guatemala me preocupa, recomendándome conocer su contexto. Consejo: termine, amigo Leonel, de sacar su doctorado en la universidad extranjera de donde escribe y venga después a decir tonterías con títulos, tal vez impresione, al menos, a los cantinflitas de barro.
El último, que ahora está invitando a sembrar algodón de nuevo y a presentar a Sandino casi como un Bakunin en bandoleras, sigue llamando veneno a la crítica que no le gusta de los demás, e insultos a las cosas que no quiere oír, y sigue escribiendo pajas en defensa de los pobres (y, como el personaje central del “Le Diable et le bon Dieu” de Sartre, daña más a los justos defendiéndoles que atacándolos), cuando fue incapaz desde una revolución, de impulsar una reforma agraria sencilla, por lealtad a su amo espiritual (¿Brokeback Mountain?), dejando que un puñado de personas, entre las que me cuento, se partieran la vida por una reforma agraria individual. Consejo: espere, amigo Orlando, a que el FSLN gane otra vez, para que dirija, de nuevo, otro Centro Agrario y contráteme una vez más, para impedir que unos esfínteres tan pequeños destruyan todo un país.
Déjenme decirles, ahora, a todos, que yo soy más amigo de ustedes que de un género de discurso, régimen de verdad o de frases, y no voy a perder vuestra amistad, por mucho que ustedes luchen por ello o por mucho que yo los provoque, por unas ideas que el día de mañana las cambio sin asco (como Orlando), para decir un par de disparates (como Artemio) y terminar contradiciéndome a mí mismo (como Leonel). Por eso, desde aquí, mis queridos amigos, les digo, al revés de la vieja fórmula: Amicus veritas, sed magis amica Plato. Soy más amigo de Platón, es decir, de ustedes niñas!!!, que de la cochina y traicionera verdad.