Opinión

Asesoramiento en materia de carrera profesional para el siglo XXI


Como profesor universitario, oigo hablar mucho de preocupaciones por la carrera profesional. Cuando mis alumnos se preparan para iniciar una vida laboral que durará cincuenta años o más, prácticamente todos ellos intentan ser futurólogos al elegir las aptitudes en las que invertir. Si eligen una profesión que acabe decayendo en el próximo medio siglo, pueden lamentarlo profundamente. Saben que un cambio de carrera profesional a mitad de la vida resulta difícil, por lo que quieren hacer la mejor elección cuando aún son jóvenes.
Por lo que me dicen mis alumnos, hay un miedo generalizado a la “mercantilización” de los puestos de trabajo en la moderna economía mundial, impulsada por las tecnologías de la información. Les preocupa que en los próximos años, incluso personas muy competentes se vean contratadas y despedidas indiscriminadamente, compradas y vendidas como otras tantas toneladas de cobre o cajas de pavos congelados. Con ello, la satisfacción en el puesto de trabajo resultaría perjudicada. Al fin y al cabo, si el puesto de trabajo sólo requiere el conocimiento de la tecnología existente, puede desempeñarlo cualquiera --y en cualquier parte del mundo-- que haya aprendido dicha tecnología o --peor aún-- alguna computadora.
De hecho, aunque con frecuencia se cree que las computadoras sólo substituirán puestos de trabajo que requieran pocas aptitudes, mis alumnos me recuerdan que no es así. En algunos aspectos se están substituyendo los conocimientos médicos por sistemas computadorizados de diagnóstico (sistemas expertos) y gran parte del trabajo que en tiempos hacían los ingenieros ha sido sustituido por sistemas de diseño computadorizado. Preocupa a mis estudiantes que esas tendencias sigan reduciendo la seguridad en el empleo y los niveles de los salarios, e incluso eliminando del todo algunos puestos de trabajo.
Algunos estudiantes, por considerar que es mejor comprar y vender que ser comprado y vendido, sacan la conclusión de que deben formarse para carreras empresariales, financieras o posiblemente jurídicas. Quieren los conocimientos técnicos que les permitirán figurar en los niveles de dirección y no en los de los dirigidos, y algunos intuyen que habrá una mayor seguridad en el empleo y mejores perspectivas de carrera profesional en el nivel internacional de esas esferas. En cambio, mis alumnos consideran profesiones como las de médico o ingeniero --que requieren conocimientos técnicos muy especializados y que no los preparan para moverse en la economía internacional--, particularmente vulnerables a la mercantilización.
¿De verdad deben preocuparse los estudiantes por la mercantilización? Los economistas especializados en asuntos laborales han advertido algunas tendencias que pueden reforzar sus temores, pero no respaldan las conclusiones que suelen sacar los estudiantes.
En su reciente libro The New Divison of Labor: How Computers Are Creating the Next Job Market (“La nueva división del trabajo. La creación por las computadoras del futuro mercado laboral”), los economistas Frank Levy y Richard Murnane, mediante las descripciones de puestos de trabajo que se remontan al año de 1960, han clasificado minuciosamente los puestos de trabajo según los tipos de aptitudes cognoscitivas que requieren. Estaban interesados en particular en determinar los puestos de trabajo rutinarios, aun cuando fueran complejos y difíciles, que en principio pudieran ser substituidos por una computadora suficientemente bien programada. A continuación muestran, mediante documentación correspondiente a los Estados Unidos, que en los últimos decenios se han reducido en gran medida los puestos de trabajo que entrañan tareas manuales y cognoscitivas rutinarias y que dichos puestos de trabajo han solido ser substituidos, en efecto, por computadoras.
En un sentido importante, su investigación confirma que mis alumnos tienen razones para estar preocupados, pero esas tendencias suelen persistir dentro de las profesiones, las industrias y los niveles pedagógicos de conocimientos, con lo que sirven de poco para saber qué profesión elegir o qué cantidad de estudios seguir. Según Levy y Murnane, lo importante es que las carreras profesionales más prometedoras en el futuro serán las relacionadas con el pensamiento experto o las aptitudes para las comunicaciones complejas.
El pensamiento experto consiste en entender cómo abordar problemas nuevos y diferentes que no encajan en el molde de los problemas del pasado. Las aptitudes para las comunicaciones complejas entrañan la comprensión de las ideas, cómo evaluar su importancia social y cómo persuadir, tareas que no puede desempeñar ninguna computadora.
Mientras los jóvenes dirijan sus esfuerzos en ese sentido, pueden adquirir dichas aptitudes en cualquiera de los principales cursos universitarios. Además, los que prefieran dedicar sus años universitarios a la adquisición de aptitudes técnicas en un ámbito reducido que les guste se equivocarían, si sacaran la conclusión de que deben renunciar a su sueño. Especializarse en actividades empresariales y financieras o jurídicas no protege de verdad contra la mercantilización. Los profesionales de esas esferas son comprados y vendidos en última instancia por los directores de empresas tanto como los de las esferas técnicas. En el mundo de los negocios casi nadie llega hasta la cima.
El detalle más importante que los estudiantes deben tener presente es el de que deben estar motivados para lograr una comprensión profunda, y no el aprendizaje memorístico, de las materias que estudien para desempeñar la función de auténticos expertos en la esfera que acaben eligiendo. Al mismo tiempo, deben invertir en la adquisición de aptitudes de comunicación, que asimismo serán decisivas para una carrera lograda.
Lograr esa clase de instrucción probablemente signifique dedicarse a lo que cada cual considere interesante y atractivo de forma natural, ya sean estudios financieros o de fisiología. Los estudiantes deben dejar de preocuparse tanto, sumirse en la esfera que les guste y aprender a apreciar a las personas que forman parte de ella. Lo que puede parecerles un lujo inalcanzable es, en realidad, una necesidad que no pueden permitirse el lujo de rechazar.
Robert J. Schiller es profesor de Economía en la Universidad de Yale, economista jefe de Macro Markets LLC, empresa de la que fue cofundador (véase macromarkets.com) y autor de Irrational Exuberance (“Exuberancia irracional”) y The New Financial Order: Risk in the 21st Century (“El nuevo orden financiero. El riesgo en el siglo XXI”).

Copyright: Project Syndicate, 2006.

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