Opinión

Crónica de mercenarios


Lo que para muchos fue un emocionante desenlace del proceso de presentación de firmas de alianzas electorales el pasado jueves 11 de mayo, en realidad no constituye más que una grotesca exhibición de canibalismo e inmoralidad política. El hecho que los dirigentes del PLC, ALN-PC y APRE hayan logrado hasta el último minuto suscribir sus respectivas uniones entre sí, no se debe a su humildad, su desinterés personal y su entrega a sus principios ideológicos y al pueblo nicaragüense, sino a su colectiva naturaleza prebendaria y egocéntrica. Sin objeción, el único punto en común entre todos ellos, es que muy lejos de ser dignos servidores públicos, son mercenarios de la política.
Los febriles contubernios entre estos profesionales de la politiquería empezaron a definirse cuando la jauría del PLC, encabezada por José Rizo, se presentó a las 10 am a inscribir su alianza ante el CSE. Los “ex arnoldistas” de ALN-PC, comandados por Eduardo Montealegre, hicieron lo suyo a eso de las 5 pm. Lo más notable de dichas inscripciones fue que el micropartido APRE no figuraba en ninguna de ellas, ya que aún se encontraba inmerso en un agitado proceso de subasta electorera, del que finalmente saldría airoso el mejor postor. Y es por eso que, a las 7 pm, se conocería que esta agrupación política se desgranaba, ya que los sellos eran vendidos a ALN-PC, mientras que el capital electoral, discreto por cierto, era entregado al PLC por parte de José Antonio Alvarado.
Por el momento, se conoce que el precio que el PLC pagó por lo que le quedaba de dignidad a Alvarado y su corte, es la Vicepresidencia de la República, tres diputaciones para la Asamblea Nacional y dos para el Parlacen. Por otro lado, aún no se ha hecho pública la tarifa negociada entre ALN-PC y APRE, pero podemos asegurar que no es ni una cuarta parte de los irrisorios 18 escaños que un iluso Miguel López Baldizón exigía al PLC en representación de esta reducida organización, ya que su personería jurídica fue adquirida a precio de liquidación por Eduardo Montealegre, quizá para no perder la habilidad desarrollada durante el escandaloso fraude de los Cenis. Además, hay que dejar muy en claro que “las bases” de APRE no superan siquiera las 18 mil personas, según se evidenció en sus recién celebradas elecciones primarias; y es oportuno mencionar, que para estos próximos comicios nacionales se requerirán alrededor de 130 mil votos para obtener un diputado nacional o del Parlacen, y más de 30 mil para ganar uno por Managua; así que de presentarse sola a elecciones, esta agrupación no obtendría ni un curul.
También vale la pena destacar, que la alianza entre los partidos de Arnoldo Alemán y Eduardo Montealegre fue impedida no por los principios morales de este último, sino debido a que sus ambiciosas exigencias no fueron saciadas. Entre estas demandas se mencionaban la candidatura a la Presidencia de la República, o en su defecto la Vicepresidencia, pero acompañada de una carta de renuncia sin fecha del candidato a Presidente, y la mitad de las diputaciones para la Asamblea Nacional y el Parlacen.
Al menos con esta triste pero suntuosa demostración de voracidad electorera practicada por estos mercenarios de la política, el pueblo ahora puede diferenciar cuál de las cuatro bandas electorales es la que no se rige por el comportamiento del mercado prebendario nicaragüense, ni por los lineamientos de un caudillo populista y trasnochado, sino en base a principios ideológicos bien arraigados y al compromiso de lograr la justicia social en Nicaragua. Esperemos que todos los nicaragüenses tomemos nota de este vergonzoso episodio de la política nacional.

Ingeniero Industrial
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