Opinión

De alianzas y coimas electorales


Al finalizar uno de los plazos contenidos en el calendario electoral en relación con la inscripción de las alianzas, los diversos partidos políticos se apresuran a establecer con diferentes actores partidarios las llamadas alianzas electorales, sin embargo, el concepto de alianza se distorsiona de sobremanera en cuanto al aspecto político se refiere.
Los aspectos ideales estarían encaminados a converger sobre intereses comunes; reitero el aspecto ideal, ya que en esencia política pura estos intereses serían los del pueblo nicaragüense. El interés público es el que debería de estar como una base inquebrantable ante cualquier tipo de alianza electoral; los temas puestos sobre la mesa deben de ser las necesidades más fundamentales del pueblo, las coincidencias en la forma de resolver esas necesidades y las estrategias más inmediatas con las que actuarían en la práctica para lograr resultados concretos, y sin dejar atrás el imprescindible elemento de la motivación, dicho de otra forma lo que impulsa a que grupos ideológicamente diferentes, y hasta a veces irreconciliables, sean capaces de dejar todo atrás y unir esfuerzos para lograr objetivos casi idénticos en materia política de futuro gobierno.
Nuestro país sería un ejemplo mundial de los sistemas políticos y los líderes partidarios no tendrían espacio en sus agendas por las innumerables invitaciones para dar conferencias, simposios, mesas redondas en las más prestigiosas universidades y foros políticos mundiales: pero la realidad es otra: actualmente nuestros políticos son blanco de desvisados, críticas, exposición pública de sus ineptitudes, pleitos infantiles ante productores nacionales, y una serie de cosas cuestionables y de vergonzosos comportamientos dignos de no ser copiados por ningún ser racional e inteligente de este mundo.
Nuestros políticos actúan con base en el interés estrictamente particular, personal y lo más extenso a que llegan es a intereses de un grupo reducido, llámese éste círculo de hierro, argolla de correligionarios, hermanos de fe, etc., etc.
Una de las cosas que supuestamente toman en cuenta antes de establecer alianzas es la representación popular. Sobre este criterio doctrinario de la representación es que actúan los partidos políticos, sin embargo, todos sabemos que el único contacto directo con el electorado es a la hora de la votación, por ello, al hacer la mayoría de estrategias de pactos éstos se hacen de forma inconsulta frente a las bases partidarias.
Esto lo podemos comprobar si hacemos una encuesta de forma directa a las bases de los distintos partidos políticos. Preguntémosles simplemente en qué momento les preguntaron a ellos y, además, si les solicitaron su aprobación para aliarse con determinada fuerza política. Evidentemente que todos sabemos las respuestas de los consultados, pero los líderes partidarios se defenderían diciendo que para eso tienen los órganos de consultas llamados congresos, asambleas, convenciones, etc.
Si bien es cierto que éstos son mecanismos prácticos de participación política en determinados casos y siempre y cuando sean manejados de forma democrática, a la hora de tomas de decisiones trascendentales como la de establecer alianzas electorales, van a repercutir de forma directa en la forma de gobernar para aquellos que ganen las elecciones. Es necesario para legitimar estas decisiones consultar a la mayoría de las bases a como se hace cuando se consultan y llaman a votaciones en elecciones primarias para ser candidatos a todos los niveles de elección popular, e insisto, si todo marchara sobre el plano ideal y no distorsionado por los intereses mezquinos de unos pocos que a fin de cuentas son los organizadores y controladores de este tipo de consultas mal logradas.
Ahora bien, en el caso de nuestro país, las alianzas partidarias, además de inconsultas, se hacen con base estricta en cuotas de poder. El que busca ofrece y el que acepta regatea cuotas, como si de una vulgar coima se tratara; en otras palabras, yo te doy tanto para que vos me des otro tanto igual o mayor. Se ofrecen votos a cambio de poder, y lo más lamentable es que sólo se benefician unos cuantos de esas cuotas de votos del electorado. La repartición de poder es para unos pocos, los más vivos y alagartados negociadores son los verdaderos ganadores.
La característica de las coimas es ofrecer algo para obtener un beneficio extraposicional a un funcionario público; es la corrupción pura y dura, es precisamente de la misma forma en que se actúa en las alianzas electorales, y esto se manifiesta en todos los niveles organizativos. Si bajamos un poco más lo encontraremos en universidades, sindicatos y demás organizaciones que tengan una forma de elección.
Es evidente lo que sostengo cuando vemos ante los medios de comunicación lo que a todas luces es innegable: no se habla en ningún momento de proyectos de país, exclusivamente se justifica la determinada alianza porque le dieron determinadas coimas electorales, ya sea a través de cuotas de diputados u ofertas de ministerios y puestos claves en un futuro gobierno presidido por el candidato a presidente, que en este caso sería en oferente de la cuota de poder, los aliados simplemente aceptan porque se les da algo a cambio, acá prima el axioma que nadie trabaja de gratis.
Todo esto tiene una base estrictamente interesada en cargos. El problema surge cuando esa alianza gana el gobierno, los principales puestos son repartidos entre los partidarios oferentes y las migajas a los aliados se les reparten. Ya nuestra historia reciente nos ha demostrado las escisiones electoreras a medida que avanza el tiempo de un gobierno recién electo.
Tampoco puedo dejar de señalar que en este asqueroso mercado electorero llegan los peores candidatos. Casi siempre los aliados son políticos desfasados, corruptos, oportunistas e impopulares, no representan a nadie que no sea su nefasta personalidad. Un variopinto de personajes adornan las fotografías de películas de reality show, hay muchos ex… ministros, vicepresidentes, contralores, combatientes guerrilleros de mentiras, diputados, etc., etc., en resumen, puros vividores del presupuesto nacional, pero tienen la soberbia y el descaro de decir que de nuevo sacrificarán su precioso tiempo por Nicaragua, por no decir que seguirán explotando la humildad del noble pueblo nicaragüense.
Entonces, ¿de qué tipo de alianzas estamos hablando? Así como son capaces de deponer sus contradicciones históricas, estos señores serán capaces de deponer los puestos o el hueso ofrecido en un futuro gobierno, se conformarán con que el futuro mandatario meta en las oficinas públicas a toda su familia y parientes en la orgía más descarada del nepotismo administrativo, prueba fiel es lo que ha hecho este incapaz gobierno al llenar con toda su estirpe de niños y niñas cara bonita los mejores cargos que deberían ser ocupados por personas inteligentes y capaces.
Así están las cosas en mi querida Nicaragua, por eso nadie debe alegrarse con esos anuncios de alianzas que lo hacen con bombos y platillos. En el fondo lo que celebran es la coima recibida desde antes de ser funcionarios públicos; la mayor tajada se la repartirán cuando tengan en sus corruptas manos el cuchillo partidario con el que partirán el pastel de los bienes del Estado.