Opinión

El fin del hombre o la sociedad posthumana

Desde Puebla, México, el crítico y poeta nicaragüense Roberto Corea Torres escribe sobre El fin del hombre (consecuencias de la revolución biotecnológica), el nuevo libro de Francis Fukuyama, editado en español por Ediciones Sinequanon y traducido por Paco Reina.

No se asuste, no es cosa del diablo, tampoco de ciencia ficción, es sólo la realidad nuestra de todos los días, de la cual tenemos pocos antecedentes por ser una temática abordada en círculos de especialistas y estudiosos de la ciencia de países altamente desarrollados. Pero también asunto nuestro, porque a fin de cuentas nos atañe: es el universo que se plantea después de los adelantos biotecnológicos.
Francis Fukuyama, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Harvard, ha sido uno de los pensadores preocupados por poner a discusión asuntos tan controvertidos como lo pueden ser los adelantos científicos relacionados con la prolongación de la vida, la ingeniería genética, los nuevos fármacos, los controles de las conductas humanas, la manipulación de los genes, la clonación humana, y otros derivados de la biotecnología.
Fukuyama es un influyente politólogo. De origen japonés, nacido en Chicago en 1952, se ha llegado a constituir en un ideólogo de la corriente denominada liberalismo democrático en los Estados Unidos, su desarrollo en la intelectualidad ha tenido, es cierto, virajes y tesis arriesgadas que ha defendido y cambiado cuando se ve enfrascado en nudos conceptuales, como aquella de firmar una carta al presidente Clinton, a favor de una segunda guerra contra Irak.
Ahora nos ocupa este ensayo de su autoría, titulado en español “El fin del hombre, consecuencias de la revolución biotecnológica” (“Posthuman Society”, en inglés) en donde desarrolla la visión del individuo después de tantos adelantos científicos relacionados con la biología. Lo configuró en tres secciones:
1.- Senderos hacia el futuro: expone las ciencias del cerebro, el descubrimiento y uso de los nuevos fármacos para inhibir o estimular la conducta --básicamente el Ritalin y el Prozac--, la prolongación de la vida, algunos conceptos de ingeniería genética --catalogada como el área más revolucionaria de los avances e íntimamente relacionada al Proyecto Genoma Humano, además, muestra lo que para él significa el premio definitivo de la tecnología genética moderna: los bebés de diseño, tema controversial y trascendente.
2.- El ser humano: Fukuyama ensaya opiniones alrededor de los derechos y la naturaleza humana, definiéndola como la suma de comportamientos y características típicas de la especie, y que se deben a factores genéticos más que a ambientales. Defiende este concepto por encima de aquel que considera al hombre sólo animal cultural, aplica ideas aristotelianas y platónicas: La razón no es simplemente un conjunto de capacidades cognitivas que recibimos al nacer. Representa, más bien, una lucha por llegar al conocimiento y la sabiduría, y habría que cultivarla mediante la educación en la juventud y la acumulación de experiencia en la madurez. La razón humana permitía, sin embargo, abordar una reflexión filosófica sobre la naturaleza de la justicia y el mejor modo de vivir, basándose tanto en su naturaleza inmutable como en su entorno inmutable.
También aborda el tópico de la dignidad humana, usando un aspecto fundamental de la psicología: el deseo de toda persona de obtener reconocimiento --sonsacado de “La república de Platón”, de Sócrates, donde se manifestaba: el alma se compone de tres partes: la concupiscente (el deseo), la razón, y el thimos, lado orgulloso de la personalidad que exige el reconocimiento de la valía o dignidad propias--.Teniendo en cuenta dichas concepciones, asegura que la técnica del perfeccionamiento genético conlleva riesgos, pero aun en el supuesto de que fuese barata y fácil, la gente pobre y carente de cultura no podría beneficiarse de ella. De ahí la necesidad de apuntalar la línea roja de la dignidad humana universal permitiendo que el Estado vele para que a nadie se excluya.
3.- Qué hacer: expone aquí Fukuyama ideas acerca de las políticas adecuadas ante el embate de las nuevas técnicas, atendiendo las vías por las cuales la biotecnología afecta la política: alteración de la naturaleza humana por uso de fármacos para moldear la personalidad. Regeneración por medio de células madres cualquier tejido del organismo. Sobrepasar el tiempo de esperanza de vida y su prolongación, y para terminar, el hecho de que los ricos seleccionarán los embriones antes de su implantación para optimizar la naturaleza de los hijos que van a tener.
“El fin del hombre…” es un libro polémico. Abona a su favor que el comienzo ofrece una expectativa excitante relacionada con dos libros torales en la visión futura de la humanidad: “1984”, de George Orwell, y “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley. En el mundo de Huxley se han abolido la enfermedad y el conflicto social, han desaparecido enfermedades tales como la depresión, la locura o el estrés emocional. El sexo es satisfactorio y se encuentra con relativa facilidad. La religión no se toma en serio, por si fuera poco la familia biológica ha desaparecido. Ya nadie lee las grandes obras de la literatura. Al final de su lectura, uno se pregunta: ¿cuál es la falla de este mundo idílico? La respuesta es sencilla: dejaron de ser humanos. Ahí justamente el vínculo que Fukuyama quiere explotar: Alelo, factor g, sinapsis, ectogénesis, amniocentesis, proteómica, telómeros, clonación, células madres, nanotecnología, eugenesia, neurociencia cognitiva, antropología transcultural, disgénico, farmacología cosmética, factor X y priones, entre otras palabras usadas aquí, será lenguaje de cuño corriente en una sociedad que ya están nombrando como posthumana.
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