Opinión

De ollas y duendes


Una leyenda original de Irlanda relata que al final del arco iris se encuentra una gran olla llena de fulgurantes monedas de oro custodiada por duendes. Ése es el relato maravilloso que explica por qué al extremo del arco iris los colores son más intensos. La lectura de la extraordinaria investigación sobre el affaire de los Cenis, realizada por la admirada periodista Lic. Eloísa Ibarra y publicada por entregas en el END este semana, principalmente su informe justamente titulado como La olla podrida, me hizo escaparme de la podredumbre de las elites de poder nicaragüense y refugiarme en esa realidad maravillosa de la mitología irlandesa.
La verdad es que por un momento no hallé dónde poner los ojos. Los Cenis, la Procuraduría de Derechos Humanos, la Portuaria, etc.; todas ollas podridas rezumando el recalcitrante olor de la mierda más excrecencias deleznables, nauseabundas y fétidas. Pero afortunadamente llovió, e imaginé un arco iris y me fugué a las laberínticas calles de Dublín del brazo de Stephen Dedalus. Volví a mi cotidiana realidad nicaragüense recordando a los duendes irlandeses, antipáticos, chorejones, vestidos de chaquetitas rojas, pantalones y gorros verdes y cuidando su áurea olla.
Mas en el reportaje de la Lic. Ibarra me encontré a dos inocentes duendes cuidando la olla podrida de dólares del negociado genocida de los Cenis: Ricardo Terán y Eduardo Montealegre. Dos vivianes pretendiendo navegar con bandera de bobos, dos duendes que creen que el hambre a los nicas nos tiene tarúpidos y que vamos a creerles sus leyendas. ¡Ésas son las cosas que enojan al obispo! (Ustedes mis queridos lectores, sabrán reemplazar las palabras “bobos” y “enojan” por vocablos más vernáculos).
Para empezar vemos cómo muy sabiamente ninguno de los dos estaba en Nicaragua cuando se realizaban operaciones ilegales y fraudulentas que los beneficiarían redondamente a ellos. Estos duendes dundos supieron poner distancia entre el delito y el cuerpo. Uno como el representante en Nicaragua de la compañía subastadora, que en una oscura operación financiera aparentemente legal y transparente, vendió en 26 millones de dólares parte de los bienes de siete bancos calculados en 382.6 millones de dólares. Pero Ricardo Terán, su representante en ese momento, no se encontraba en Nicaragua para evitar presiones vía llamadas telefónicas. ¿Presiones de quiénes? ¿Qué tipo de presiones?
Pero lo más tierno de este “inocente” empresario, uno de los más destacados, capaces y poderosos del país, es que solamente a partir de las preguntas de la periodista alcanza a enterarse que los banqueros compraron los bienes, manejando de antemano suficiente y pertinente información. Vean esta perla de la inocencia financiera del duende Terán: “Nunca había pegado dos más dos, hasta ahora con sus preguntas”. Con razón los gringos nos viven dando vuelta con empresarios de efecto retardado como éste.
Por su lado el duende-ratón Eduardo Montealegre, ex banquero y candidato a la Presidencia por la Alianza Libero-Conservadora, en la entrevista que le hace la valiente Eloísa, da unas muestras lastimosas de ignorancia y amnesia, que lo hacen colocarse permanentemente a la defensiva: “Estás tratando de inmiscuirme... ¿Por qué tratás de decir que hice una ficción?” Y para rematar lean esta perla de la ignorancia de alguien que pretende ser electo presidente de Nicaragua para modernizar la política y el Estado nicaragüense: “No soy abogado y no termino de captar lo que tratás de decir”.
Quizás en el momento de votar debamos elegir a alguien que mañana o pasado no nos salga con el cuento de que no soy abogado, no sé, no me acuerdo. Señores, por favor, únicamente reclamamos una poca de elemental responsabilidad ciudadana. El Estado debe dejar de ser un botín, una guaca, una olla podrida. Pero aunque les moleste a moros y cristianos no alcanzo a divisar en el horizonte marino las velas de la honradez en ninguno de los candidatos, exceptuando a Edén Pastora Gómez.
Para mi asombro y para concluir, veo en la lista una homónima de la más ilustre y lúcida exponente de la ideología del Opus Dei, aparece una señora en el capítulo del Banpro, cuyo nombre es Élida Zelaya Solórzano. ¿Será la misma famosa articulista del diario La Prensa? Parece que de esa ollita podrida redestapada por la Lic. Eloísa Ibarra no se escapa nadie. Qué bueno encontrar a estos ingenuos duendes cuidando la olla y al Opus Dei rogando y con el mazo dando. Con Cenis, seguro que El Papa la recibe a la articulista de marras una hora. Discúlpeme, retiro lo dicho.
Doña Élida clavada, que me disculpe, con Cenis hasta el mismo Papa la puede recibir con una hora.