Opinión

Las encuestas


Las encuestas siempre reflejan de forma velada e indirecta la opinión o resultado esperado de parte de quien las paga. Han sido en las últimas décadas métodos de dominación o encauzamiento ideológico de los masivos medios de comunicación de la derecha o de los intereses norteamericanos hacia las masas en todo el mundo. En América Latina, sin embargo, la desfachatez y descaro por beneficiar a determinados candidatos de la línea de Washington de las últimas encuestas han tocado fondo por parte de la “mano invisible”, tales han sido los últimos casos respecto de las elecciones de Costa Rica y Perú, en el primero donde se preveía una victoria arrasante de parte de Óscar Arias sobre Ottón Solís, y en Perú un sólido primer lugar de la derechista Lourdes Flores tanto sobre Ollanta Humala como sobre Alan García.
Ambas encuestas resultaron ser soberanos fracasos al sobredimensionar y sobreexplotar las potenciales variables de ventaja. En Costa Rica con una apretada y angustiosa victoria de Arias, con mínima ventaja sobre los altos porcentajes proyectados por las encuestas, y en el caso extremo de Perú, la derechista Lourdes Flores siendo desplazada hasta el tercer lugar según los últimos resultados sin posibilidad de participar en la justa de la segunda vuelta, cuando se le atribuía una sólida ventaja en el primer lugar, dejando la misma en manos de los dos candidatos adversos de Washington.

Esto entre muchas cosas demuestra:
a. La estrategia mediática de la derecha para condicionar y encauzar el voto del pueblo hacia los candidatos de su preferencia.
b. La pérdida de confiabilidad de las encuestadoras, al prestarse a jugar su prestigio ante variables mediáticas de mínima ventaja y alto nivel de mudanza en la opinión pública.
c. La toma de conciencia de parte del electorado latinoamericano, al desmitificar las encuestas y ejercer su derecho de voz y opinión con decisión a pesar del efecto y presión psicológica adversa que en definitiva tienen las mismas en el electorado.
De eso intuyo con absoluta confianza que la estrategia mencionada de la derecha criolla, siendo aplicada en Nicaragua, tendrá inevitablemente los resultados de las fracasadas experiencias anteriores.
Por eso no me asusto de ver que las encuestas de Nicaragua, que siempre aparecen en los mismos medios de comunicación escritos y televisivos, beneficien directamente y con abultados porcentajes al candidato de beneplácito de la derecha norteamericana y criolla, a pesar de que en el interior del país o en las zonas fuera de influencia del área metropolitana apenas lo conozcan. En Nicaragua ya se dio el primer ensayo de error y desenmascaramiento de las mencionadas encuestas en las pasadas elecciones de la Costa Atlántica, donde los nuevos candidatos simplemente no lograron las metas que esperaban y esto lo sabe bien la embajada norteamericana, de ahí su constante ahínco e insistencia en unificar las denominadas fuerzas “democráticas” ante el temor de un triunfo de la izquierda, que se sume a los casos similares sucedidos y por suceder en América Latina, zona rebelde que se está saliendo del control político del tío Sam ante el hastío de las fracasadas implementaciones de las políticas neoliberales, así como de la torpe política exterior norteamericana del Gobierno republicano del señor Bush.
Por tal razón, yo simplemente no creo de las encuestas ni sus abultados porcentajes de apoyo hacia determinados candidatos, ni de su elevado número de entrevistados, ni de su aplicación en todo el territorio nacional, ni de sus mínimos márgenes de errores.
Por eso amigo lector, cuando tal vez una vez en su vida le paren en la calle y entrevisten para una encuesta electoral, pregunte quién la está pagando para que se atenga a los resultados y amañadas interpretaciones que los bien pagados estadísticos se encargan de “descifrar” sobre nuestras difíciles opiniones que como siempre se reducen a un SÍ o a un NO, de preguntas encasilladas en un escaso abanico de respuestas condicionadas, todas al mejor y sutil interés del pagador de la encuesta.
Esta falta de seriedad y responsabilidad de las encuestas condicionadas nos obligan a sospechar de los resultados de las mismas y darnos cuenta que los verdaderos resultados sólo se sabrán el día mismo de las elecciones.

narbona1@yahoo.com.mx