Opinión

Pobrecito presidente


Éste era un país donde sus habitantes sufrían, pues tenían hambre y el monarca escondía la comida, porque él y sus ministros comían mucha y la acaparaban para que no les faltara. Muy pronto dejarían de gobernar, pues otros deseaban ocupar su lugar para enriquecerse con los bienes del pueblo. Los habitantes protestaban ante sus líderes, pero éstos hacían alianzas con los gobernantes, compartían con ellos la comida y les explicaban a los habitantes que no había y que tenían que sacrificarse esperando mejores días, pues por el momento el imperio les orientaba que tuvieran con hambre a la población.
Había sí, muchos que no le creían y protestaban en las calles, lo que hacía que el gobernante y sus aliados enviaran a otros habitantes pobres a que los golpearan y éstos eran dirigidos por otros a los que los gobernantes les permitían que robaran para que les fueran fieles.
Un grupo que curaba a los enfermos inició una lucha larga pidiendo vivir mejor, no como los gobernantes, pues consideraban que eso era un insulto, pero sí con dignidad. El monarca y sus ministros no dudaron en echarle a los gendarmes y se burlaban.
Un grupo decidió no comer para demostrar que estaban dispuestos a conseguir sus peticiones a cualquier costo, y entonces sucedió lo que nadie esperaba, pues el monarca había prometido que él sería el mejor de la dinastía. Al ser interrogado sobre la muerte de ese grupo, dijo así, con una sonrisa en los labios: “Comida no hay, pues apenas hay para nosotros (en ese momento quedó viendo a todo su gabinete que lo acompañaba). Su lucha es infructuosa. ¡Pobrecitos, allá ellos si quieren morirse”.
Los que estaban en protesta alzaron aún más su frente y llenos de dignidad dijeron: ¡Pobrecito presidente, piensa que los pobres somos nosotros”, y continuaron su lucha con la frente en alto.

Médico en huelga de hambre